Estos días se lleva hablando del FIFA Balón de Oro casi como nunca antes se había hecho. Se daba una coyuntura propicia para la discusión futbolera puesto que había dos futbolistas nominados de nuestro país: Xavi e Iniesta. Y para más inri, el tercero en discordia y que acabaría llevándose el galardón a sus vitrinas -Leo Messi- juega en el mismo equipo que los dos anteriores: el FC Barcelona. ¿Sería entonces descabellado decir tanto por méritos individuales como colectivos en los últimos años que estamos ante uno de los mejores equipos de la Historia? Puede parecer precipitado anunciar algo así y en el fútbol, pese a que algunos piensen lo contrario, la lógica no siempre se impone. Solo el tiempo lo dirá aunque intuimos que sí; al menos no sería una locura. Lo que sí podemos aventurar a decir -el tiempo entre otros así lo ha manifestado- es que uno de los mejores directores de juego, de los mejores centrocampistas está en tan exitoso club: Xavi Hernández. Y no es casualidad que hablemos así de un deportista que muy cerquita de los 30 está en plena madurez de su trayectoria profesional.
En un deporte no individual como el fútbol el Barça le debe mucho al de Terrassa. Seguramente parte importante de la historia más reciente. Un jugador de la cantera -entra en La Masia en julio de 1991- que lleva toda la vida defendiendo los mismos colores. Es lo que en las Islas llamarían un 'one-club man'. Es difícil si no imposible imaginarse al Barça actual sin Xavi. Así como imaginar a Xavi defendiendo otro escudo. No podemos concebir los éxitos del equipo sin la figura del centrocampista egarense. Porque Xavi es la esencia del fútbol. Tiene una capacidad innata para leer el juego. Se anticipa a cada jugada sabiendo por dónde y cómo pasará el balón. Es el ingeniero y el arquitecto jefe que guarda en su mente todo lo necesario para hacer funcionar al resto de piezas del sistema.
Dicen que Xavi es de esos futbolistas que hace mejor a sus compañeros. Y no es algo baladí. Es el mejor socio, la figura ideal para montar un negocio sobre el césped y que al final acabe dando sus beneficios en la red contraria. Xavi primero se mueve para dar salida y ganar fluidez en la circulación y luego te devuelve el esférico al lugar correcto. Tanto si lo quieres al pie como al espacio. Y casi siempre por raso. Con ese toque exquisito de interior, de escuela. Cuando toca hacer un desplazamiento a banda contraria, profundo y algo elevado, también. Domina todos los registros del pase. A todos los niveles. Pero vuelvo a incidir en un aspecto que me parece primordial en el fútbol actual: la movilidad sin balón. Tan impresionante como su calidad técnica resulta la capacidad que tiene para generar espacios y facilitar la creación del juego. Cómo es capaz de crear de forma pasiva -sin la posesión del cuero- y de forma activa -cuando lo tiene en sus botas-.
Y aún no hemos anotado el dato quizás más trascendental por encima de todos los títulos que ha cosechado a lo largo de su carrera, que también son unos cuantos. Xavi se ha convertido recientemente en el jugador que más partidos ha disputado con la camiseta del Barça, superando a todo un mito como Migueli, a quién parecía casi imposible destronar. Fue el pasado 5 de enero en que alcanzó los 550 partidos como azulgrana. Desde luego que para los escépticos este hito ya debería convertirlos a la religión que profesa el centrocampista. No por casualidad uno puede estar temporada tras temporada en un club tan exigido y que maneja tanta presión -interna y sobre todo externa, de los medios-. Precisamente, recuerdo el año en que debutó en Primera. Entrenaba Van Gaal (1998-1999). Los culés andaban décimos en la tabla lejos del primer puesto y el técnico holandés estaba muy discutido. Comentaban que no se comería los turrones. Y no fue en su primer partido pero un gol suyo de cabeza en casa del Valladolid (triunfo por 0-1) marcó el inicio de una racha tremenda que acabaría inclinando esa liga en favor del Barcelona. Empezaba a escribir su propio destino en el club con letras doradas.

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