No importa cuándo fue. Ni cómo os conocisteis. Ni que la primera vez apenas reparárais en vuestras miradas. Quizás empezó sin saberlo. Ni siquiera eras consciente de que algo ya se había encendido entre vosotros. Nadie podía saberlo: era la magia que surgía entre dos personas desconocidas. Ya sea en un pub, el metro o en plena calle. La conexión empieza a tocar su melodía. Hasta que regresas a casa pensando que algo no ha ido como esperabas. Repentino, inesperado. Cualquier cosa que tenga reminiscencias a escenas de aventuras y cierto suspense con aroma romántico. Porque deseas volver a ver a esa persona. No te importa en realidad nada más. Aunque luego, pasadas las horas iniciales en que te embriagaba la emoción del momento, pienses que estás loco. Que como era posible. Pero una sonrisa entre tímida y llena de ardor dibuja todos los reflejos de tu pensamiento. Y eso, te delata.
Notas que algo está cambiando dentro de ti. Y eso se manifiesta por fuera. Es más fácil llegar a pensar en ser feliz. Y en querer aprovechar y disfrutar al máximo del presente, del momento puramente efímero imaginando un porvenir de ilusiones y alegrías. Hasta que llega un día en el que te miras al espejo y te dices a ti mismo que si esto no es estar enamorado, entonces nada lo es ni lo será nunca. Que si esto no es aquello que llaman amor, que nada lo es. Sensaciones indescriptibles; imágenes únicas proyectadas en tu mente; el corazón late distinto que de costumbre. Una mirada que te delata. Cuán cordero degollado.
Escrito para todos aquellos que al menos una vez en la vida se han topado con alguien que les ha atraído tanto que no ansíaban sino poder ver de nuevo a esa persona. Para aquellos que sin saber por qué pensaron que sus vidas ya iban a estar entrelazadas. Por cuánto tiempo, no importaba. Ya llegaría. Y que se atrevieron con todo. A ser valientes. A actuar bajo la duda y los interrogantes sin respuesta. ¿Y si...? Fuera condicionales. Para ellos no son relevantes. Para aquellos que sentían que tenían que seguir los dictados de sus emociones más que de la razón. Importaba solo la pasión. Porque sin pasión no había vida. No había nada. Un sueño que es capaz de juntar el placer a corto plazo y la satisfacción y estabilidad a largo plazo. Para todos aquellos que, pasado el tiempo, se preguntan si realmente valió la pena y cuya respuesta es obvia.
Acto seguido, los labios se funden en uno solo y hacen el amor apasionadamente. Se consuma la vida. Todo.

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