22.5.10

De la primavera


Cuando menos te lo esperas te encuentras a ti mismo sonriendo, embobado y ensimismado. Tu cara refleja alegría y te preocupas por cada uno de los detalles que te envuelven. Mirarse al espejo un par de veces no suele ser suficiente; engalanarse, además, no es tarea digna de acometer en cinco minutos.

Cuando te ves a ti mismo pensando sin pensar, mirando al infinito, y al fin, de nuevo, sonriendo sin realmente saber por qué, es que alguna cosa se mueve en tu interior. Una energía recorre tu alma hasta llegar al corazón, animándole a seguir latiendo, con ganas y más fuerza que nunca. Te sientes muy vivo y realizado y deseas que nadie te robe tu momento.

Cuando ves que al cerrarse una puerta en tu vida se abre otra distinta en otro lugar es que algo está pasando. Es el ciclo natural de la vida, que sigue su curso. Gira y gira de forma que con el aleteo de una mariposa aquí se puede generar un huracán en las antípodas.

Cuando te levantas y no piensas en el sueño que tienes sino en lo bien invertidas que han resultado tus "x" horas de sueño es que algo está pasando. Si al poner el pie derecho sobre el suelo en busca de tu chancleta ya estás imaginado lo que te queda por vivir en ese día tan maravilloso que acaba de amanecer es porque merece la pena seguir respirando.

Si cuando levantas la vista al cielo y ves el sol derritiéndose en tu mirada no hay de qué preocuparse. Algo se está cociendo a tu alrededor.

Los insectos, mosquitos, en su mayoría, salen al encuentro y alardean de ociosidad. Se recrean y se van, buscando nuevas diversiones. Tú odias los mosquitos, las abejas, las avispas...los abejorros te parecen una criatura creada desde el rencor.
Si te da palo, literalmente, estudiar en esta época, es lógico, comprensible y coherente. No es la temporada idónea para pensar con la cabeza.

Si cuando sales por la noche tienes más sed de lo normal no se debe uno alarmar. Hacer caso al instinto y dejarse llevar suena demasiado bien como para negarse a ello. Si te sientes un vampiro con ganas de morder, no hay motivos para llamar a la policía. Si prefieres vivir de noche que de día, es normal. Las jornadas te resultan efímeras y no deseas sino salir como los gatos pardos en la oscuridad.

La música festiva, electrónica y de baile te seduce más de lo habitual en comparación con el resto del año. Tu cuerpo se mueve solo de forma que tus caderas hace tiempo que dejaron de estar pegadas a él. Incluso te inventas nuevas coreografías y no tienes ningún prejuicio a la hora de adoptar como himnos para las próximas semanas canciones que jamás pensaste que ibas a tararear, recitar y hasta evocar en muchos tramos de tu existencia.

Si todo lo anterior te sobreviene estos días y semanas en mayor o menor medida, no hay de qué preocuparse: la primavera está en su esplendor y preparando el camino para el verano, la estación siempre más deseada por todos.

Un año más, el verano, que parecía tan lejano como siempre, vuelve a asomar sonriente y alegre. Pero antes queda disfrutar de mucha primavera, que como bien dicen, la sangre altera. Así que no hay de qué preocuparse ni extrañarse.

Porque la vida es así.

No hay comentarios: