30.5.10

El final es sólo un nuevo principio


El partido termina. 6 a 2 de forma favorable ante los segundos. La liga ha terminado. Todo el mundo se saluda; felicito a los críos y formamos un corro todos juntos antes de gritar el famoso ¿Qué hemos hecho? ¡Ganar! ¿Qué hemos hecho? ¡Ganar! ¿Quién somos? ¡El Bosco! Pero hoy, como todos los partidos, dedico algunas palabras antes de gritar como espartanos. Suena a despedida. Un homenaje a un gran equipo y les aseguro que ha sido un orgullo estar todo este tiempo con ellos. Carlos, que lleva un año menos con ellos también, ha ratificado esta emotividad por su parte.

Entonces los jugadores se van al vestuario donde la multitud de padres les espera aplaudiendo, orgullosos como deben de todos ellos. Me dirijo al banquillo y me siento. Es curioso porque nunca me aposento en él durante los partidos. Me los he pasado todos estos últimos meses, jornada tras jornada, por la banda, yendo y viniendo como un poseído en ocasiones. La intensidad, las instrucciones y sobre todo la labor psicológica. El famoso "¡Va, va, va, va"! del que no soy consciente cuántas veces he repetido partido tras partido. Allí en el banquillo no he podido resistir y me he venido abajo. He llorado emocionado y Carlos y Éric, con el que entrené el primer año precisamente a los mismos niños, me han venido a consolar y abrazar. Decían que aún quedaba el torneo. He bromeado que no podría decir nada ese día si hoy ya estaba así... Luego he disimulado las lágrimas echándome agua de los botellines por la cara.

Realmente estoy satisfecho y muy orgulloso. La anécdota es que me han dedicado todos los goles los jugadores. Las 6 veces me han señalado con el dedo en mi dirección. Hoy yo más que nunca los he celebrado por dentro. Estaba tranquilo y confiado en la victoria. La victoria más importante, por encima de los 3 puntos que aseguraban la séptima plaza, era demostrarnos a nosotros mismos que bajo un sol de justicia un grupo de jugadores de primer año podían ganar a todo un segundo clasificado, equipo un año mayor y que ha hecho una excelente temporada. Para mí es un triunfo importante, simbólico.

Si algo ha sucedido en estos tres años es que el fútbol me ha ido devolviendo todo lo que yo hice por él como jugador. Fueron 12 años, desde segundo de primaria hasta primero de carrera en un mismo equipo, defendiendo unos colores. Una trayectoria que terminé tras finalizar el ciclo de juveniles en una nefasta temporada de malos resultados y lo peor que le puede pasar a un futbolista, lesión larga y molesta (tendón de Aquiles). Pero en el fondo de mi alma sabía que algún día se haría justicia y que me acabaría quitando el mal sabor de boca de mi último año como jugador. Y gracias a la suerte que he tenido entrenando a los famosos críos ha sido todo mucho más fácil.

92 goles a favor, 48 en contra. Hemos ganado a todos los equipos excepto a tres como mínimo una vez en el campeonato. En casa somos el segundo mejor conjunto después del campeonísimo Catalonia, con 12 triunfos, 2 derrotas y un empate. Si sumamos lo del año pasado en el que ganamos los 15 partidos como locales la verdad que es una proeza hacer de nuestro estadio un auténtico fortín. Es un síntoma de equipo especial, de equipo grande. Esto al fin y al cabo son datos, estadísticas y ahí queda para el recuerdo y la historia.

Lo que quedará para siempre será la sensación y la emoción de entrenar y dirigir, semana tras semana a tan buenos jugadores, a un grupo tan completo. No sé que pasará en realidad en el medio plazo pero si consigo entrar en Periodismo parece que será complicado seguir entrenando ya que los horarios son intensos mañana y tarde. En principio, y dejando de lado esto último, ya no iba a entrenar a los mismos críos aunque siguiera allí en el Bosco. Pero lo más importante, aunque me dé mucha pena, es ahora mirar adelante y pensar en mi futuro académico y profesional. Han sido tres años magníficos en los que me he reconciliado con el fútbol gracias a un grupo de niños de los que hace apenas cuatro años no sabía nada de nada.

Quedan dos semanas para disfrutar y saborear pero ya nadie me podrá quitar lo bailado. Confieso, para terminar, que hoy en la charla no les he dicho casi nada de asuntos tácticos ni nada puramente futbolístico. Poco más que la alineación, sus posiciones y sobre todo les he dicho que jugaran y pelearan con orgullo para terminar con la cabeza bien alta. Y les he pedido que si tenían una pizca de ilusión y raza, que ganaran por mí, porque iba a ser el último partido oficial que estaríamos juntos. Les había contado que había renunciado a muchas cosas todo este tiempo para estar con ellos; que me había perdido algunas cosas que solemos hacer más a menudo los que tenemos esta edad; y que estaba muy orgulloso de ellos. Que eran un auténtico equipazo pero que no bastaba con palabras. Que si ellos no querían nos meterían unos cuántos. Tengo la sensación, es verdad, que me he repetido más que el ajo estas temporadas. Pero estoy seguro que han aprendido algo. Eso es lo importante.

Hoy han ganado; hemos ganado todos. El fútbol ha ganado con honradez y dignidad. Han vuelto, ahora, a aparecer sutilmente lágrimas de tristeza y alegría, mezclándose en esta velada tan especial e irrepetible.

"¡Va, va, va, va!"

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