
¿Cómo se siente uno preparando el partido casi más importante de la temporada? No hablo de la final de mañana de la Champions League. Como entrenador que trato de ser, tengo objetivos más modestos: acabar sextos en nuestro primer año de alevines. Aún quedará otro partido, igual o más complicado en casa, pero mañana es el partido más importante. El otro ya vendrá.
Hace un año, curiosamente, ya habíamos ganado la liga matemáticamente en benjamines. Acabamos con 87 puntos de 90 posibles en lo que fue una temporada mágica y majestuosa que ya nadie me podrá robar a mí ni a los grandes jugadores con los que contaba, el grueso de los cuales sigue siendo parte esencial este año.
Sabes que vas a un campo realmente complicado ante uno de los equipos menos goleado de la categoría. Además, te presentas con 11 jugadores justos debido a bajas en la plantilla...para jugar nada más y nada menos que a las 14h, con todo el calor que se espera por entonces.
Me gustan los retos y para crecer futbolísticamente se debe incrementar el nivel ante las dificultades, sean cuáles sean los obstáculos. Esta filosofía sería perfectamente aplicable a cualquier faceta de la vida. Crecerse y madurar ante los momentos más complicados. Mañana es un desafío bonito en el que tenemos mucho por ganar y algo, no engañaré, que perder. Mejor quedar sextos que dos o tres puestos más abajo.
Sé que voy a tener que hacer algunos cambios en la táctica respecto a lo habitual, lo que llamaríamos "inventos de los entrenadores" en circunstancias así, con lo que voy a ser valiente y me la voy a jugar desde el inicio con un 1-3-4-3. Alguna ausencia en defensa condiciona el esquema pero no es una excusa sino una oportunidad para demostranos a nosotros mismos que somos capaces de sacar adelante un partido dada la coyuntura.
Con respeto, pero sin miedos, fiel a los principios y con mucha confianza en mis pequeños grandes hombres. Las piedras para izar un gran monumento mañana al mediodía están empezándose a levantar. De muchos factores dependerá que al final del partido el edificio esté bien plantado sobre el césped, pero seguro que ilusión, ganas y espíritu de sacrificio no nos faltará. Con el esfuerzo siempre acaba existiendo recompensa. Si nos dejamos la piel, no habrá sido en vano.
En el calor de la noche, preparando un partido vital, el penúltimo oficial con el núcleo fundamental de jugadores, críos, con los que llevo trabajando tres años.
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