3.5.10

Diario de Riviera: 14 de abril (2/2) + 15 de abril








Bajo a hacer algunas compras. El mal tiempo es la excusa que ha impedido comprar en condiciones; sobre todo pienso en mi madre. Me llevo un vaso de tequila (para chupitos me refiero), un monederito muy majo de colorines, dos postales (una prima me pidió expresamente una porque las colecciona) y velas. En el fondo tenía que gastarme los pesos, y aún así me sobró chatarra que vale menos que el carisma de Montilla. Me sabe mal no satisfacer los gustos de mi madre en cuanto a pendientes se trata. Al fin la lluvia cesa.

El clima es profundamente húmedo y envuelve al cuerpo en una amalgama de tiernas sensaciones. Olor a mojado. J ya está despierto. Dan los Hawks vs Cavs en la ESPN. Le han dado descanso a LeBron James en el último partido de temporada regular de la NBA. En total, el partido número 82 para cada uno. Que se dice pronto. Nosotros llevamos casi una semana, no son 82 jornadas, pero estamos cansados también, si bien no queremos volver por nada del mundo porque aquí el agotamiento es efímero y se evapora con más y más diversión. Pagaríamos por quedarnos más tiempo. Esta noche a tope...

Es tiempo de hacerse la maleta. Lo peor del viaje. Nostalgia, anhelo...rutina a la vista; suena muy desagradable y antipático. Ducha. Nos maqueamos. Hoy toca camisa blanca y pantalón oscuro para Coco Bongo de Playa del Carmen.

Ceno antes de nada nuevamente pasta (farfalle a la boloñesa) y pizza, pero es más bien discreta. Pruebo de postre el pastel sacher pero no está logrado para mi gusto. No está a la altura de las expectativas. Resultón pero no exquisito. Una copa apurada de ron-cola antes de partir a la discoteca. A fuegote...

El viaje se hace muy corto, nada que ver con el primer Coco Bongo que nos llevó hasta Cancún. Playa del Carmen está mucho más cerca de donde nos alojamos. A una media hora siendo generosos. Llegamos a la zona de aparcamiento. Ahí hemos de volver después de la fiesta. No llueve y eso nos alegra porque tenemos que andar algo, poquito, hasta alcanzar el Coco Bongo. La cola genera exhaustación e impaciencia. Las ganas y las ansias se reflejan en cada rostro, en cada mirada. Como ese boxeador que está deseando saltar al ring para derribar al adversario por KO, comiéndose la noche desde el primer segundo. Control de seguridad rutinario que ya nos resulta familiar y algún que otro requisito burocrático como tener que esperar al resto porque nos han asignado una zona en concreto. Ya con el brazalete de barra libre nos dirigimos a la primera tribuna.

Desde allí disfrutamos como chiquillos. Es tremendo. No tengo palabras. Y además, los camareros sirven de buen gusto todas nuestras peticiones. Tenemos ahí en mesas todo de botellas y vasos. Yo sigo a lo mío...al ron-cola claro. Me lo paso tan bien que deseo que no termine nunca tal placer. Estupendamente, muy a gusto, increíble. Ojalá lo hubiera al otro lado del Atlántico (un Coco Bongo). Es la última noche, y aunque el nombre presenta un eco que evoca la tristeza y la pena, es prácticamente la mejor de todas. Una marcha en el cuerpo, una alegría, unas risas...

A la vuelta charlando y bromeando mucho, con N y M, sobretodo. Ya en el hotel, las performance y la música son un recuerdo cercano que envuelve los sentidos. Se mire por donde se mire, me ha encantado mucho más el de Playa del Carmen que Cancún. Las actuaciones, aunque algunas repetidas, incluyen distintas y geniales como las de Austin Powers o Lenny Kravitz que pueda así recordar. Entre unas cosas y otras no niego que tengo alguna que otra laguna visual. Fue muy bueno el momento de La Máscara, que le metió tequila directamente a la garganta a nuestra amiga M. Recuerdo perfectamente esa escena desde el podio y cómo nos empezamos a partir y gritar por ella.

Junto a N y M nos quedamos largo rato hablando en el blanco trenecillo estacionado en el mismo lugar donde hacía casi una semana habíamos llegado todos con ganas de pasar un viaje inolvidable. Era como volver al sitio donde todo había empezado. M me parece una chica muy simpática y de trato sencillo pese a habernos visto solo allí. Confieso que nunca la he visto por la universidad o si lo he hecho no me he dado cuenta. A N también he tardado cuatro años en conocer aunque en ocasiones así podríamos decir que la espera merece la pena. La verdad es que cotilleamos mucho los tres e incluso pretendo disfrazarme de pitoniso, es un decir. Son momentos muy agradables y dulces.
Luego paseamos hasta el White Sand en busca de las rocosas y la piscina de agua salada. Reconozco que no había asomado el hocico por allí. Siempre existe una primera vez para todo y más vale tarde que nunca. Mientras tanto, amanece. Es un amanecer precioso y único. El mar poco fiero abraza humildemente a la fina arena y da los buenos días a todos aquellos que hemos ido a despertarla. Me despido de N y M y avanzo por la playa. Me recuerda a una escena de Lost, a elegir entra la inmesa variedad de momentos de playa que ha habido a lo largo de ya casi 6 temporadas íntegras. De los más recientes, al capítulo del faro o de la anterior temporada a algún instante entre Jacob y su antagonista junto a la estatua. Quizás mi mente deliraba entonces.
Me encuentro compañeros y amigos en mis mismas circunstancias. Inesperadamente, sentados en el snack 24h me alegro de ver a L, X, J, M y C. Como hot dog y patatas fritas; todo ello con mostaza y mayonesa. Entra mucho en el estómago a esas horas y en esos momentos. Luego tengo pesadez de estómago para cuando llega el momento de dormir. 3 horas y pico después despierto. Me doy cuenta que he dormido solo en la habitación. J y X han ido con L y M a sobar. Me ducho para quitarme las sábanas que había arrastrado con pesadez y cierro la maleta. Hora de ir a hacer el check-out. Poco antes realizo alguna foto de las vistas que tenemos desde la habitación. Instantáneas para el recuerdo. Los lagartos han salido tras la lluvia para despedirnos.

Vamos a la playa y la piscina para intentar aprovechar el Sol. No estoy nada moreno, repito en mi mente...como sino hubiera estado en Riviera. Me encuentro con N pero no podemos cumplir lo de jugar a paletes, aunque no por falta de ganas. Llega la hora de comer: penne a la boloñesa. Tremendamente ricos. De postre, banana. He vuelto a probar un postre que nada me ha convencido. Ya es hora de irse. Nos vamos con la lluvia de testigo.

No es un adiós cualquiera. Es un hasta luego disfrazado en un hasta siempre.

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