
Rondando el minuto 116 de partido. Casillas ha neutralizado de forma celestial un par de 1x1 a Robben. Los penalties parecen la única salida viable para decidir el nuevo Campeón del Mundo. Entonces el balón lo combinan Cesc y Torres, quien lo devuelve al de Arenys tras un rebote. Éste, ve habilitado a Iniesta por el carril del 8 y le ilumina con un pase. El de Fuentealbilla controla suavemente la pelota y se la acomoda para cruzarla sobre la red con todas sus fuerzas y las de millones de aficionados españoles. Stekelenburg llega a palpar la sombra de la pelota, pero el destino había dictaminado sentencia: España sería Campeona del Mundo. Además, en un ejercicio de profunda humanidad, le dedica el gol más importante de su vida y de las nuestras al gran Dani Jarque, que en paz descanse. La emotividad supera los decibelios de miles y miles de vuvuzelas.
El júbilo estalla por d
oquier, nos consumimos en un éxtasis colectivo difícil de explicar pero muy fácil de sentir. La realidad nunca antes se había parecido tanto a un sueño y estamos siendo partícipes de él. Miramos a nuestro alrededor tratando de grabar en nuestra retina los rostros y la felicidad de aquellos con los que hemos podido compartir un momento tan especial repleto de alegría colectiva. Nos fundimos en un abrazo que simboliza la eternidad. Una imagen, una instantánea...cualquier excusa en forma de recuerdo es más útil que mil palabras.
El júbilo estalla por d
oquier, nos consumimos en un éxtasis colectivo difícil de explicar pero muy fácil de sentir. La realidad nunca antes se había parecido tanto a un sueño y estamos siendo partícipes de él. Miramos a nuestro alrededor tratando de grabar en nuestra retina los rostros y la felicidad de aquellos con los que hemos podido compartir un momento tan especial repleto de alegría colectiva. Nos fundimos en un abrazo que simboliza la eternidad. Una imagen, una instantánea...cualquier excusa en forma de recuerdo es más útil que mil palabras.Transcurren los minutos de rigor antes del pitido final sabiendo que la gloria es nuestra. Y Howard Webb decide que la final ha acabado. Casillas levantará la Copa antes de desmostrarle al mundo, con la mejor de las espontaneidades que no sólo vencía el fútbol, derrochando pasión con ese beso inesperado cargado de romantici
smo a Sara Carbonero. Las lágrimas del capitán junto a las de sus compañeros embriagados por la emoción del momento, evocando a los que no estaban y a todas aquellas generaciones de futbolistas que habían luchado alguna vez por ese mismo cetro mundial. Honrando la memoria de tantas personas que en España habían soñado con poder ver teñido el firmamento mundial con sus colores, y que ahora no podían verlo sino con vistas privilegiadas desde allí arriba.
Triunfó un estilo, una marca registrada que se identifica con calidad, creatividad, esfuerzo, constancia, solidaridad y mucha humildad. Un ejemplo para todos y que nos hará olvidar durante cierto tiempo todos nuestros problemas y nuestras miserias como individuos y como colectivo. Porque siempre, pase lo que pase, podremos echar la vista atrás al 11 de julio de 2010 y recordar ese minuto 116 en que Iniesta metió un gol por todo el pueblo. Podremos volver a vivir y ver las caras de aquellos con los que pudimos compartir segundos de tanta euforia, con los que estábamos haciendo historia. Si Iniesta se acordó de Jarque tras el gol, Ramos hizo lo propio homenajeando a su paisano Puerta, que en paz descanse también. En detalles así se ejemplifica la calidad humana y sencillez de esta generación única e irrepetible de futbolistas.
Y...triunfó el pulpo más famoso, nuestro Paul.
Los futbolistas ganaron el partido más importante de su trayectoria como profesionales y nos ofrecieron esa victoria a una gente que sólo en sueños habíamos imaginado con sentir todo lo que pudimos experimentar ayer. El fútbol en ocasiones es sólo un negocio que desvirtúa el honor y las hazañas de tantos héroes que nacieron para ser grandes, pero en tantas otras como ayer, el fútbol se convierte en ese elemento inexplicable y único capaz de hacer olvidar todo aquello que nos impide ser felices por completo. Y esa fuerza, esa esencia vivida ayer será siempre un motivo más que agradable dignísimo de ser recordado para siempre.
smo a Sara Carbonero. Las lágrimas del capitán junto a las de sus compañeros embriagados por la emoción del momento, evocando a los que no estaban y a todas aquellas generaciones de futbolistas que habían luchado alguna vez por ese mismo cetro mundial. Honrando la memoria de tantas personas que en España habían soñado con poder ver teñido el firmamento mundial con sus colores, y que ahora no podían verlo sino con vistas privilegiadas desde allí arriba.Triunfó un estilo, una marca registrada que se identifica con calidad, creatividad, esfuerzo, constancia, solidaridad y mucha humildad. Un ejemplo para todos y que nos hará olvidar durante cierto tiempo todos nuestros problemas y nuestras miserias como individuos y como colectivo. Porque siempre, pase lo que pase, podremos echar la vista atrás al 11 de julio de 2010 y recordar ese minuto 116 en que Iniesta metió un gol por todo el pueblo. Podremos volver a vivir y ver las caras de aquellos con los que pudimos compartir segundos de tanta euforia, con los que estábamos haciendo historia. Si Iniesta se acordó de Jarque tras el gol, Ramos hizo lo propio homenajeando a su paisano Puerta, que en paz descanse también. En detalles así se ejemplifica la calidad humana y sencillez de esta generación única e irrepetible de futbolistas.
Y...triunfó el pulpo más famoso, nuestro Paul.
Los futbolistas ganaron el partido más importante de su trayectoria como profesionales y nos ofrecieron esa victoria a una gente que sólo en sueños habíamos imaginado con sentir todo lo que pudimos experimentar ayer. El fútbol en ocasiones es sólo un negocio que desvirtúa el honor y las hazañas de tantos héroes que nacieron para ser grandes, pero en tantas otras como ayer, el fútbol se convierte en ese elemento inexplicable y único capaz de hacer olvidar todo aquello que nos impide ser felices por completo. Y esa fuerza, esa esencia vivida ayer será siempre un motivo más que agradable dignísimo de ser recordado para siempre.
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