
Una imagen, una sensación, un recuerdo, una emoción, un sentimiento... España está contando las horas para lo que será el partido más importante de su historia. Generaciones enteras han visto a lo largo de los años como los sueños caían en saco roto, desvaneciéndose las ilusiones colectivas no sólo en lo futbolístico a nivel de selección sino ya como país. Años atrás nunca hubiéramos podido imaginar que alcanzaríamos una final de un Mundial. Parecía ello destinado a grandes del fútbol, a los de siempre como Brasil, Alemania, Italia... Pero España parecía que nunca iba a pasar de cuartos de final y que la furia roja era una realidad demasiado impotente e insuficiente.
Un país cuya definición como tal ha estado siempre bajo sospecha; que aún no se ha recuperado del todo de los tristes recuerdos de la dictadura y de una controvertida transición hacia la democracia; una realidad diversa y plurinacional donde conviven distintos pueblos. Estos pueblos, estas personas, estos españoles, hoy más que nunca están unidos bajo una misma bandera, un mismo sueño. La selección, como pocos elementos en España, ha logrado unir a catalanes, vascos, andaluces, gallegos, madrileños, baleares, castellanos, asturianos, cántabros, murcianos, canarios, riojanos, navarros, extremeños, aragoneses, valencianos, ceutíes y melillenses en una misma ilusión. Una meta colectiva compartida por la inmensa mayoría de españoles con independencia de origen y lugar de residencia. El gran triunfo de la Roja ha sido poder reunir un sentimiento común entre tanta diversidad y esto nos debería llevar a alegrarnos como país, como medida de que es posible trabajar y convivir aceptando la pluralidad porque siempre existieron, existen y existirán elementos, que cargados de simbolismo nos unirán y con los cuales podremos sentirnos identificados y muy arraigados.
Sin el triunfo y éxito hasta ahora de la selección nada de lo anterior seguramente sería posible. Se está haciendo historia. Aunque no seamos conscientes de ello, se están escribiendo algunos de los capítulos más brillantes de la historia de nuestro deporte. Se hablará pasadas las décadas de esta generación única e irrepetible de futbolistas. De Casillas, Puyol, Villa, Xavi, Iniesta...y todo el largo etcétera que podemos recitar de memoria. Además, esta selección tiene como gran virtud que ha creado una escuela, una marca indiscutible, única y propia. El Made in Spain en fútbol es sinónimo de elegancia, toque, clase y trabajo solidario en equipo. La idiosincracia de la Roja es tal que su estilo será recordado para siempre como ejemplo de creatividad y belleza.
Y en todo el camino recorrido este Mundial hasta la gran final ante los Países Bajos, la Holanda de toda la vida, está el sufrimiento y la agonía colectiva que hemos tenido que padecer, generación tras generación en lo civil y lo deportivo.
La España de Zamora; Zarra; Di Stéfano que nunca pudo disputar un Mundial con España; el cuarto puesto en Brasil 1950; el "gol" de Cardeñosa en 1978; la decepción en nuestro Mundial en 1982; el error de Eloy en la tanda de penalties en el 86; el codazo de Tassotti a Luis Enrique en EEUU 1994; el fracaso estrepitoso cuatro años después en Francia; el favoritismo coreano en 2002 en aquellos infaustos cuartos de final; la caída en los octavos ante los vecinos franceses en Alemania. Todo lleva hasta este 11 de julio de 2010, al Soccer City de Johannesburgo en Sudáfrica. Todo un país pendiente de un equipo especial, todo un país falto de triunfos futbolísticos a nivel de selección a lo largo de los años que está disfrutando como si ya se hubiera ganado el mismo Mundial. Porque se está haciendo HISTORIA.
La vida a veces ofrece ocasiones únicas, que no se han de dejar escapar. Hoy toda la selección y toda España son conscientes de que el sueño está cerca y que se puede hacer realidad todo aquello que parecía otrora impensable, inimaginable. Pase lo que pase, se habrá escrito con letras de oro uno de los capítulos más bellos de nuestras vidas. En un país que tantas veces ha sufrido y adolecido por falta de unión y por la ausencia de elementos ejemplares con los que sentirnos identificados hemos encontrado, sin lugar a duda en la selección, un motivo de alegría e ilusión colectiva.
No queremos despertar del sueño y lucharemos para perpetuarlo. La eternidad está cerca para los héroes y su pueblo. El Olimpo aguarda a los más dignos y valientes jugadores capaces de levantar la moral de todo un país hasta cotas insospechadas. El partido más importante de sus carreras futbolísticas es también el partido más importante de nuestras vidas.
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