
Una de las tragedias más tristes del hombre del siglo XX fue la alienación plena que sufrió en aquellos regímenes totalitarios, y en cualquier caso, dictatoriales, de los cuales era una herramienta más de un engranaje que tras el amparo de un ideal nefasto y contrario a la libertad y los derechos humanos, reducía al hombre a la mínima expresión. Ahora, en la primera década del siglo XXI, esa tragedia es real y aún peor; la mayoría de ocasiones desconocemos que estamos siendo instrumentalizados por el sistema. Las democracias se han convertido en términos generales en mecanismos de control de las masas a través de sus poderes fundamentales, más allá de la división clásica (ejecutivo, legislativo, judicial) y de los contemporáneos (los medios de comunicación, sea cuáles sean). Todo, absolutamente todo, es susceptible de politizarse e instrumentalizarse. Imagino que yo mismo, cuando ejerzo mi libertad creativa ya estoy politizándolo todo. O no...
Lo cierto es que lo anterior venía al caso por la manifestación de este sábado convocada en Barcelona tras la sentencia del TC sobre l'Estatut. La polémica parece que es el lema que encabece la pancarta principal. De momento será la que planteó desde un inicio Òmnium Cultural: Som una nació, nosaltres decidim. Yo pensaba que iba a ser algo quizás no tan simbólico o finalista (en término de ideal, de meta), pero sí más pragmático y mayoritario. Algo en torno a la idea de Més autogovern, major poder de decisió per Catalunya. Quizás es que soy un iluso o una víctima más de todo, pero lo cierto es que aín con la incertidumbre que presidirá la manifestación del sábado, creo que si la propuesta de Òmnium es la que lidera la marcha, se habrá perdido, nuevamente, una oportunidad de lograr un consenso político en una cuestión nada trivial, porque al fin y al cabo, no se plantea un juego de guerra entre infantes sino la cuestión de cómo queremos ser dentro de España y qué papel queremos tener. No creo que la cuestión sea la solución independentista hoy por hoy. Tampoco pienso que el lema de una manifestación deba ser el eje de debate fundamental pero al fin y al cabo es su estandarte.
Simbolismos de lado, si la clase política no es capaz de ponerse de acuerdo en una cuestión vital, en última instancia tan crucial para los bolsillos de los catalanes -hablando en plata-, sería una prueba más de que no están a la altura de la sociedad civil catalana, una sociedad que en su mayoría optó por un mayor autogobierno a través del sí a l'Estatut, y que por tanto, tan sólo por coherencia, debería ser éste el lema principal y no utilizar la pésima sentencia del TC para avalar la indendependencia y el derecho a decidir como nación que somos (indiscutible que lo somos).
Por tanto, si el otro día escribí esencialmente que el ordenamiento jurídico no estaba a la altura de la naturaleza de su territorio y su población, hoy resalto que es la clase política la que no suele estar a la altura de la sociedad que representa. Y esto, como la alienación del hombre en los sistemas totalitarios del siglo XX, es también una tragedia, eso sí, de las pseudo-democracias.
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