El fracaso no existe. Es solo una representación mental. Miedo. Cuando intentas algo y observas el resultado o las consecuencias, nunca se pierde. O bien se gana, o bien se aprende. Ganarás aprendiendo y aprenderás ganando. Pero cuando se cierra una puerta no debes bajar la vista. Impedirás que tus ojos vislumbren nuevas oportunidades más allá de tus límites. Se abren nuevos horizontes a cada paso que hacemos.
La sensación de perder. De que no te salen las cosas como habías deseado o esperado. Realmente es odioso. Puedes pensar que está todo acabado y que no mereció la pena. Más nos equivocamos si actuamos así. Los sueños lo seguirán siendo para siempre. Están ahí. Cada día nacen nuevos. A cada amanecer nuevas ilusiones ansían con ver la luz. Su presencia reconforta al más desanimado y es como la llave que puede abrir la cerradura de un futuro casi siempre incierto.
Es posible que a lo largo de la vida hayas intentado varias cosas. Pocas o muchas. Y que en alguna de esas veces el destino no fuera el que habrías imaginado. Simplemente no llegas a aquello que te habías propuesto. Pero has de aprender a convivir con ello. Se cierra algo, pero inmediatamente has de convencerte a ti mismo que ya se ha abierto algo distinto en otra dirección. O, por qué no, es posible que pasado el tiempo los desvíos inevitables que te ofrece la vida te acaben conduciendo allí donde una vez no pudiste entrar. Y estés más preparado aunque no lo percibas. En el lugar adecuado y en el momento correcto. Esta vez sí.
Suelo pensar que casi nada en la vida pasa por casualidad. Que muchas cosas ocurren por alguna mágica y extraña razón. Guiamos inconscientemente nuestros pasos por diferentes escenarios e inevitablemente en muchos de ellos te sientes perdido. Te preguntas quién eres realmente y qué quieres de verdad. Es algo tan natural como tentador. Momentos de duda y temores que parecen querer ensombrecer cualquier atisbo de esperanza y alegría. Sin embargo, nunca será tarde para encontrarse ni para pretender renacer cuán ave fénix de las cenizas. No existe el fin. No convivimos con el final de nada. Solo con nuevos inicios que se van renovando a medida que dejamos nuestras huellas por el sendero de la vida.
Para todos aquellos que a lo largo de su existencia han intentado algo y no siempre con éxito. Para que tarde o temprano lleguen allí dónde siempre habían soñado y sigan creyendo que en esto de la vida siempre se puede ganar o aprender. Pero nunca perder. Si en silencio os fijáis bien y escucháis en vuestro interior, quizás ya están fluyendo nuevas emociones y objetivos desde el corazón a la cabeza. Nuevos sueños.

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