A veces necesitas toda una vida para darte cuenta de aquello que realmente te importa. Lo que merece la pena. Aquello que valoras más. Por encima del resto de cosas. Sin embargo, en esencia, toda tu vida puede cambiar en un segundo. Un mágico destello fruto de las casualidades más remotas y de todo eso que anunciamos como el destino. En un instante donde la fugacidad reina un vasto imperio, todo cambia. Y aunque tardes más o menos en darte cuenta, ya ha empezado a moverse el tren. No te bajes de ese tren. Sueña y desea que todo puede hacerse realidad y que si existe final de trayecto será en una parada cuyo nombre será 'felicidad'.
Disfruta y vive aprovechando el presente. La nostalgia y anhelo de los más bellos recuerdos del pasado te iluminarán el sendero siempre que valores lo que tengas. Aquello que puedes ver, escuchar, sentir y tocar así como todo aquello que únicamente puedes palpar con el corazón. Y piensa en el futuro lo suficiente como para no dejar de tener ilusiones y metas. Intentarlo siempre merece la pena y mientras, seguirás haciendo camino. Al andar.
Pasado, presente y futuro. A veces, una ecuación sin solución real. Donde es algo complicado alcanzar el equilibrio. Pero al fin y al cabo, eso es la vida. Un tren del que no debes bajarte nunca. Y donde todo es posible. Todo.

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