8.4.11

Antes de nada: Educación


Algunos de los que os asomáis por este rincón plagado de buenas intenciones, quizás la mayoría, sabéis que tengo un pequeño gran hobby remunerado que consiste en entrenar a fútbol. Empecé allá por otoño de 2007. Y sigo en ello. Con prácticamente el mismo grupo pero en reducidas dimensiones que la primera vez. Sin duda que los resultados de esta temporada, hasta el momento, son prácticamente inmejorables. Quedan 6 partidos para el final y los críos acumulan casi 230 goles a favor y poco más de 20 en contra en 22 partidos disputados. Hemos ganado todos los partidos. Y si no hay un descalabro final, puedo asegurar que ganaremos la liga.

Pero...

Los resultados, la trayectoria deportiva es lo de menos. No es lo esencial cuando lo que se busca por encima de todo es educar y formar a futuras buenas personas antes que buenos futbolistas. Porque si falla la educación cuando se trata de niños de 11, 12 años estamos entonces creando más bien pequeños monstruos. Todas las instituciones implicadas en la formación integral de un niño, desde la familia a los padres, pasando por los entrenadores o monitores que apenas pasamos unas 6 horas a la semana con ellos, somos corresponsables de tal proceso. De su evolución. Algo falla cuando en menos de un mes, tengo que escuchar o atender tres conflictos internos. El vestuario -y esto los que han jugado a fútbol o juegan lo sabrán- es el lugar sagrado por antonomasia del futbolista, ya seas niño o mayor. Pero eso no significa que sea un sitio donde hacer el golfo ni el aprendiz a gamberro.

Los trapos sucios se lavan en casa. Con la puerta cerrada. Así debe ser. Pero valga el ejemplo de los alevines que entreno para demostrar que ante todo, la educación es lo prioritario. Si no formamos a  personas para que sean buenas -es el mayor reto-, el día de mañana no serán ciudadanos que valoren el respeto, la disciplina ni la ley como es debido. Pensarán y entenderán la libertad de sus vidas como un juego en el que todo vale. "Puedo hacer lo que quiera cuando quiera, donde quiera y como quiera". Y eso no puede ser así. Importa realmente un pimiento -con perdón- que tenga un grupo con mucho potencial competitivo si a la hora de demostrar su valía como personas no optan sino por reírse de los demás y creerse los reyes del mambo. Eso no vale. No debe ser así.

Todos, repito, todos los que participamos en el proceso de formación del niño seremos corresponsables de su destino. Quizás algo falla en el entorno y en el sistema propiamente dicho, pero precisamente, al tratarse de la más divina juventud y el futuro de nuestras sociedades, hemos de ser conscientes que con la educación nos jugamos algo muy importante. Nos jugamos todo. El porvenir de las naciones. Y no es poco. Tampoco fácil. Sin embargo, hemos de persistir para lograrlo. Buenas intenciones, buenas acciones y que la esperanza nos acompañe para siempre.

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