21.4.11

Final de Copa


Horas antes de la Final de Copa del Rey había escrito en facebook:

Esta noche dos de los equipos con mayor trascendencia europea se disputan la Copa. Barça o Madrid. Solo puede ganar uno. Dos estilos distintos, dos maneras de buscar un mismo objetivo: la Victoria. El rigor defensivo y la verticalidad blanca al contragolpe frente al virtuosismo preciosista de posesión azulgrana.

Efectivamente, el partido reflejó en esencia la idea anterior. Al margen de la prórroga, donde apenas quedaban fuerzas y se impuso la innegable superioridad física de algunos jugadores del Madrid, hubo una parte para cada equipo. Un auténtico partidazo, vibrante y de los que hacen afición.

En la primera fue superior el conjunto de la capital en intensidad, colocación y en plasmar todo lo que pretendía su entrenador. Una de las grandes virtudes de Mourinho es convencer a sus jugadores de lo que deben hacer sobre el verde tapiz. El máximo ejemplo ayer volvió a ser Pepe, liderando la presión blanca -perfecta en el primer tiempo- hasta la zona de Pinto prácticamente. Obligaron al Barça a jugar demasiado rápido, resultando en imprecisiones constantes y pérdidas en zonas peligrosas dada la verticalidad del ataque madridista. El conjunto de Mou mostró por qué es posiblemente uno de los mejores equipos sin el balón. Logra maximizar los errores del rival, aprovechándose de la iniciativa contraria para matar a la contra. Una estrategia legítima pero no demasiado estética, muy resultadista y que aunque no lo parezca, la lleva a cabo la plantilla más cara de Europa. Al fin y al cabo, al máximo nivel competitivo te exigen títulos, algo que Mou sabe mejor que nadie y ahí está su intachable currículum. Otra historia distinta es su actitud y educación fuera de lo estrictamente futbolístico. El portugués como estratega y psicólogo es un gran profesional.

Tras el descanso, el Barça dio un recital de fútbol ofensivo y recuperando el balón muy arriba. El Madrid casi ahogado cerca de la portería de un inconmensurable Casillas, de nuevo decisivo para su equipo. Sus intervenciones fueron clave para evitar que se adelantaran los azulgranas. Iker no ha encajado ningún gol en todas las finales que ha disputado. Un dato nada trivial que refleja por qué es uno de los mejores porteros del mundo en la actualidad. El otro es un tal Valdés... Iniesta y Xavi cogieron el timón, generaban peligro constantemente con sus conducciones hasta cerca del área, donde solían morir las jugadas. El de Fuentealbilla me recordó al del 11 de julio cuando agarraba la pelota. Qué clase y elegancia. El Barça pecó como en los últimos partidos de escasa finalización. Tuvo sus ocasiones, suficientes si no hubiera actuado Casillas con acierto, pero no fue el día. Los culés aún estamos celebrando el casi gol de Pedro, bien anulado por fuera de juego. El tridente de arriba, MVP, no está al nivel de meses anteriores. Por cansancio, físico o confianza. O todo junto. En ocasiones, el manierismo en las jugadas de ataque del equipo de Guardiola se convierte en su mayor enemigo. Intentan a mi juicio buscar de una forma excesiva a Messi y recrearse en la generación más que tratar de definir. De rematar. Condición imprescindible para marcar goles.

Así llegamos al final del partido. Empate a cero tras una primera parte merengue a base de fuerza, derroche físico, pundonor y en ocasiones agresividad desmesurada (Pepe, Arbeloa y protestas al árbitro en cada acción, órdenes estrictas de Mou que no benefician al del silbato ni al juego ni al espectáculo y que son cuanto menos reprobables) y tras una segunda parte en la que el Barça demostró por qué es el mejor equipo con el balón. Su nivel más elevado de juego es superior a la mejor versión del Madrid, hoy por hoy e independientemente del resultado final.

Porque en la prórroga el cansancio hace mucha mella. La profundidad de plantilla del Madrid es muy superior a la del Barcelona. Y los detalles acaban decidiendo finales tan igualadas y disputadas como la de ayer. Un sublime cabezado de Cristiano, al que se solía tachar de no aparecer en las grandes citas, rubricó el título dirección a la Cibeles. El Barça y Guardiola se vieron impotentes y no tuvieron tiempo ya para reaccionar.

Pudo haber ganado cualquiera y no es un tópico. Los dos hicieron méritos suficientes y no es injusto que haya ganado el Madrid. Es un título que se llevan a sus vitrinas. Aún quedan dos por disputar. La Liga parece que está encarrilada en favor de los catalanes -pero no está hecho- y la Champions aguarda con todo por jugar. Desde luego que algo habrá que cambiar porque no es buena señal que en 210 minutos de juego el Barça le haya metido solo un gol, y de penalty, a Casillas. Obviamente, también habla bien del rigor defensivo del equipo de Mourinho. Queda mucha tela por cortar y el Barcelona no ha dicho su última palabra. Nunca antes habían perdido una final con Guardiola pero de las derrotas se debe aprender y mucho. Con la humildad, respeto y educación como testigos deben tratar de recuperar la moral para afrontar los duelos siguientes. Murieron con las botas puestas, fieles a un estilo y sin plan b alguno. Hasta las últimas consecuencias. Con una plantilla corta y el banquillo repleto de canteranos. Eso es el Barça de hoy y el de mañana. Para lo bueno y para lo malo. Ayer se perdió pero con la cabeza muy alta. Es una suerte poder tener a tu equipo luchando en el momento crucial por ganar las tres competiciones más importantes. Y, por este mismo razonamiento, sería un éxito tremendo ganar Liga y Champions. Pase lo que pase, no creo en los fracasos cuando estás tan cerca de la victoria. Todo al final depende de multitud de detalles más allá de táctica y técnica. Veremos en las próximas semanas si puedo escribir desde la alegría del triunfo culé o desde la resignación y tristeza por la derrota.

No obstante, y para concluir, una cosa es clara: en el fútbol, como en la vida, no siempre se puede ganar. Pero la derrota no es el final de nada. Es solo una nueva oportunidad para corregir y tratar de hacerlo mejor la próxima vez. Para seguir aprendiendo.

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