Todo el mundo habla y no voy a ser menos. O no. O sí. Barça - Madrid, Madrid - Barça. El clásico. El clásico de los clásicos. 4 enfrentamientos en menos de un mes. En Liga, en la Final de Copa, en las semifinales de la Champions. ¡Que dios nos coja confesados!
Hablando en serio, esto ya va a pasar por sí solo a la historia. No solo de fútbol vive el hombre aunque en España uno y otro club parece que dan mucho de comer, y cuanto menos, sus victorias parecen ocultar cualquier crisis económica o descrédito local y global. No es broma. En el centro peninsular y en la orilla mediterránea se atraen los focos mediáticos de la prensa más talibán. Unos y otros. Confirmando eso de que los extremos se atraen. Triste, porque los extremos nunca son buenos. Apenas y a cuentagotas se puede respirar algo de aire puro en la superficie de los océanos de tinta que inundan y rodean a los conocidos como dos grandes del fútbol español.
Es una realidad que Barcelona y Madrid son actualmente dos de los mejores clubs de Europa. Que son dos históricos cuya rivalidad es conocida de punta a punta del globo. Que en España desatan pasiones irreconciliables, mitos, leyendas. Como un odio mútuo. Pero no deja de ser fútbol, nada más. Quien acabe ganando, sean las circunstancias que sean, será porque así lo ha merecido. Ya es un gran éxito tener en un mismo país a dos gigantes de tan inverosímil tamaño. Más allá de los colores hay que disfrutar del momento histórico y entender la rivalidad y la competición como algo sano. No van a poder ganar los dos. Pero el triunfo de uno tampoco será el fracaso del otro. No hay que entender esto como una batalla en la que si uno gana todo provoca que el contrario pierda todo. Para nada. ¿Cuántos equipos no desearían en una temporada poder luchar por ganar en el momento decisivo las tres competiciones más importantes, tanto las dos locales como el mayor cetro continental? ¿Cuántos equipos han logrado tal hito?
Cuando el Barça ganó el triplete en 2009 se dieron muchas condiciones, entre ellas un legítimo merecimiento y la suerte como ingrediente adicional. Estar en el lugar adecuado en el momento oportuno (Iniesta, Stamford Brigde, por ejemplo). El destino. Pero ese tremendo éxito de los culés no se debe entender como un fracaso del Madrid, aunque sea su principal rival en el país. Solo puede ganar uno. Y ojalá que sea el Barça porque de las pocas cosas que estoy seguro en la vida es que soy culé. Los sentimientos no se cambian ni se negocian. Son unos colores que siempre llevo y llevaré con orgullo. Y es para disfrutarlo en momentos así.
Históricamente el Real Madrid ha sido el mejor club en España. A juzgar por los resultados y títulos. Guste a quien guste. No en vano fueron elegidos mejor club del siglo XX. En Barcelona, muchas veces se han conformado con vencer a su rival para salvar una temporada. No me invento nada. ¿Por qué no pensar en el presente, disfrutarlo y desear ser el mejor club del siglo XXI? Aunque sea un sueño. Seguir creciendo. Ahora, por coyuntura inversa, es como si en la capital del reino estuvieran obsesionados con vencer al Barcelona. Incluso por eso trajeron a Mourinho de entrenador, ya que había eliminado a los catalanes en las semifinales de la Champions con su Inter. Las obesiones no son buenas consejeras ni acompañantes. Ni para culés ni para merengues.
Que empiece a rodar el balón y que los verdaderos protagonistas busquen con honor la ansiada gloria. Nosotros queremos disfrutar del espectáculo. Pero no nos volvamos locos. No deja de ser fútbol.

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