24.4.11

Jordi


No sé si alguna vez he escrito tan de madrugada. Faltan 8 minutos para llegar a las tres. El frío silencio de la noche, entrecortado por una animada conversación entre latinos con lata de estrella en mano, se ha desvanecido ahora casi del todo con la música que acompaña mis tecleos. Es una forma de no sentirse tan solo. De evadirse. Por eso al fin y al cabo supongo que escribo.

Ha sido como el día más corto de mi vida. Mi santo. Inevitable resulta pues rememorar el origen de mi nombre.

Mis padres nacieron y se criaron fuera de Cataluña. Mi padre, de un pueblo a medio camino entre Segovia y Valladolid (Vallelado) y mi madre cordobesa (Peñarroya-Pueblonuevo). La nueva tierra que les acogió por circunstancias de la vida les enamoró desde un inicio. Allí sin saberlo levantarían las bases de su futuro. Lo curioso es que nacieron el mismo año con un día de diferencia. Llegaron a casarse en el año 1981. Caprichoso destino. En ese futuro compartido que querían desarrollar como pareja, lograron tener un hijo en 1988. Un 20 de junio. Mi madre había sufrido un aborto casi un año antes. Nació muerta la criatura. Luego no fue posible tener más hermanos. Siempre he pensado que tuve mucha suerte.

Ante el feliz acontecimiento, había que escoger un nombre. Se enteraron que sería niño y mi madre, Isabel, lo tenía claro. Quería un nombre catalán, corto y que no tuviera diminutivo. Para nada podría ella haber imaginado entonces que el paso de los años me acabaría reportando un mote que poco se parece a mi nombre. Desde el colegio, de bien pequeño, no son pocos los que me conocen o se refieren a mí como Chopi. En el equipo de fútbol casi todos teníamos un apodo. De ahí el nombre del blog, entre otras cosas. A mi madre 'Jordi' le encantaba. Es como un símbolo de integración, una bonita metáfora. El fruto de una pareja cultivado en una tierra donde empezaron a vivir de nuevo de alguna forma. Y, cierto es, les debo agradecer tener un santo tan y tan famoso...

Ese fruto creo que les ha dado demasiados quebraderos de cabeza en estos casi 23 años. No me los merezco del todo. Algún día me gustaría sentir que de verdad pueden estar orgullosos de mí. Les debo todo en esta vida y los quiero mucho. Esta tarde, después de comer, estando un ratito solo en casa he llorado como lo hice en sus bodas de plata. Tenía un regalo, muy especial que decía así:

"Esperamos y deseamos que puedas escribir y firmar un futuro muy positivo y cercano.

Un abrazo de quien te quiere"

Las lágrimas vuelven a hacerme compañía mientras intento terminar con mimo esta entrada. Ya va siendo hora de irles devolviendo todo lo que han hecho por mí. Es toda una fortuna tener a unos padres siempre que lo necesitas. Porque entre el silencio de la noche, pasadas las 3, soy consciente de que pase lo que pase, siempre estarán ahí. No puedo seguir escribiendo. Buenas noches.

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