27.2.14

Presentación Temporada 2014


El próximo 5 de abril Raül Castán inaugurará una nueva etapa como piloto de rallyes. Después de 2 años compitiendo y aprendiendo en la Copa Recosap, un nuevo y más complicado reto ya asoma en el horizonte: el Volant Racc. Atrás quedará la Recosap, que empezó como la primera etapa en un sueño que no tiene límites y que precisa aventuras más exigentes pero necesarias para seguir creciendo y madurando como piloto.

El Volant Racc es una de las competiciones de rallyes más prestigiosas que se disputan en Catalunya. Comprende un total de 7 pruebas, 4 de asfalto y 3 de tierra, y coincide con las correspondientes al Campeonato de Catalunya. El Volant Racc supone un salto cualitativo y cuantitativo notable. Primero porque se disputan rallyes íntegramente en tierra, superficie en la que Raül deberá aprender a manejarse. Y segundo porque son pruebas que ya no se disputan en la modalidad de rallysprint sino que alcanzan los 90-100 km. Rallyes completos que suponen el doble de lo que el piloto barcelonés estaba acostumbrado a pilotar contra el crono. 

Sin embargo, el cambio de competición no será la única e inevitable novedad de cara a 2014. Y es que debido a los múltiples compromisos de Montse Contijoch, última copiloto de Raül, un nuevo compañero de ruta se sentará a su derecha. Se trata del joven Axel Coronado, que a sus 21 años ya ha participado en más de 30 rallyes. Pero aquí no termina todo. Además de todos estos cambios, uno muy importante. También en lo sentimental y simbólico. Del Peugeot 206, coche que había liderado durante las pruebas de la Copa Recosap, pasará a conducir un Peugeot 107. Eso sí, seguirá en el mismo equipo que hasta ahora: el Recosap Sport Technology -actual campeón del Volant Racc-.

La pretemporada, en palabras del propio Raül, se presentaba complicada ya que era consciente que “este año más que nunca tenemos un presupuesto muy ajustado” y “hemos decidido no subir el coche de carreras en toda la pretemporada”. Sobre números, apuntar que seguirán con él los mismos patrocinadores que hasta ahora y que cabe la posibilidad de que algún otro se sume. Todo sea por intentar hacer posible su sueño.

Un sueño que seguirá latiendo con más fuerza que nunca a partir del 5 de abril en el Rally d’El Pla d’Urgell. La tierra ya espera.

26.1.14

La pianista (VI)

Dos semanas después de su octavo cumpleaños, Alicia y su padre tuvieron la primera gran riña. Era un sábado en que habían terminado de comer y ella quería que la apuntara a clases de piano pero su padre se negaba. Decía que le quitaría mucho tiempo y que mejor que hiciera otras cosas además de ir al colegio. Actividades más deportivas como patinaje o baloncesto, que podría realizar ahí mismo al terminar las clases. Cogió un rebote de tamaño colosal y se encerró en su habitación, con la intención de no bajar en el resto del día ni para merendar ni cenar. Su padre, sin saber qué hacer dada la tozudez de la niña, entró en la habitación del piano y trató de buscar respuestas en su mujer. Pero no escuchó nada esta vez. Atemorizado y amargamente afligido, salió de allí sin darse cuenta que se había olvidado cerrar con llave. Y fue a intentar desconectar leyendo algo en el iPad. 

Pocas horas después, la luna en cuarto menguante empezó a asomar con timidez a través de las ventanas de la habitación de Alicia. Decidió claudicar no sin orgullo y buscó a su padre.

- Papa. Tengo hambre.

Su padre le hizo la cena y la acostó después de que se hubiera quedado dormida viendo la TV.

Al día siguiente, mientras arreglaba unas cosas en el PC y más tranquilo porque su hija había amanecido menos fiera y había sido hasta agradable con él, empezó a oír algo que parecía mezclarse con la música que estaba escuchando. Además de encontrarse en la otra punta de la casa, sonaba con cierta timidez y muy bajo. Como extremadamente lejano. No le dio importancia y siguió metido en asuntos técnicos con el ordenador. Con ese afán casi viril de arreglar cuanto antes las cosas. Hasta que un sonido esta vez más limpio e intenso le llamó definitivamente la atención. Era imposible que el grupo hipster que estaba escuchando sonase así, aunque era la primera vez que tomaba contacto con ellos. Decidió salir en busca de alguna respuesta y rápidamente preguntó:

- ¿Alicia? ¿Dónde estás Alicia?

A medida que avanzaba por la casa, el sonido parecía aclararse más y más. Era un sonido que le emocionaba y le traía unos recuerdos que le hicieron empapar sus mejillas rápidamente. “No es posible”, pensaba para sus adentros, mientras ya no podía ocultar su rostro desencajado. Y se encontró de repente a su hija tocando el piano que otrora había sido disfrutado aunque también odiado por su mujer. Enfrente de la pequeña, observó que había un libreto de partituras con notas a mano y un título: “Linkin Park – In The End (versión lenta)”. Se repetía la escena de años atrás, pero como si su entonces novia se hubiera reencarnado en la pequeña. Era casi imposible distinguirlas. Cuando terminó de tocar, la pequeña y alegre Alicia se giró y miró a su padre:

- ¿Qué te pasa papá?

La abrazó con todas sus fuerzas mientras lloraba desconsoladamente y decidió contarle todo lo que llevaba años ocultándole.

Un abrazo como el que le daría algunos años más tarde tras su primera aparición con la Orquesta Sinfónica de Barcelona.

- Alicia, cada vez te pareces más a tu madre. 

24.1.14

La pianista (V)

Recién sucedida la tragedia, el tiempo pasaba muy, muy lento en su vida. Los días parecían durar más de 24h y en medio de una pesadumbre insoportable que en algunos momentos hacía que no pudiera evitar llorar desconsoladamente. Sus padres y suegros le echaban una mano siempre que podían y pudo conciliar su actividad en el trabajo perfectamente. Sin descuidar ni desatender nunca a la niña, que creció sin una madre pero con un padre entregadísimo.

Cuando la niña empezó a balbucear, aprendió rápidamente a vocalizar ‘mamá’ y ‘papá’. Le enseñaba entonces fotos de su madre y le indicaba para que repitiera: “Ma - má”. Alicia, muy obediente desde pequeña, parecía el eco de su padre: “Ma-má”. “Ma-Má”. Y “pa-pá”. “Pa-pá”. Su padre le explicaba que su madre era una persona llena de bondad; que era muy guapa; que se parecería seguro a ella porque veía en esos ojos el fiel rostro de su mujer. La pequeña no entendía casi nada pero le miraba con atención y dejaba ir muecas como si murmurase intentando decir más de lo que podía.

Al cumplir los 4 años y ya con la ilusión de los Reyes Magos, pidió que le regalaran un piano de juguete con las teclas de colorines. Era un piano en el que aparecían los personajes de unos dibujos animados que estaban muy de moda en ese momento. Y a Alicia le encantaban. No como a su padre que se veía obligado a verlos cada día y bajarle en el iPad todo tipo de aplicaciones relacionadas. Al final, su niña acababa utilizándolo más que él. Cosas de la vida. Aquel piano, sin embargo, no sería el primero ni el único que le regalarían. Luego vendrían más e incluso un teclado electrónico cuando cumplió los 8 años. Había despertado un interés por la música de forma muy natural ya que su padre nunca quiso contarle esa parte de su madre, faceta que la niña desconocía por completo. Él pensaba que era algo muy respetuoso que debía conservar en la memoria, al menos hasta más adelante, ya que su mujer había decidido no tocar más. Además, aquel piano era una de las maneras que tenía de reencontrarse con ella. De verla de nuevo ahí sentada tocando como aquella tarde en casa de sus padres. Un piano que seguía estando en el mismo sitio que cuando ella, la última persona que lo había tocado, se fue. En una habitación que estaba cerrada bajo llave y en la que Alicia nunca había podido entrar. Cuando preguntaba por lo que había dentro, su padre siempre despejaba la pelota fuera:

- No hay más que trastos sin usar en la habitación. Nada importante, Alicia. 

Su padre entraba y salía de esa habitación al menos una vez al día para reunirse con su mujer, a la que echaría siempre de menos. Y es que además del piano, había guardado allí el resto de recuerdos que habían compartido en forma de fotos y vídeos. Y la urna.

22.1.14

La pianista (IV)

“No puedes entrar todavía”. “No puedes entrar todavía”. Esas palabras  le quedaron marcadas en el alma cuán llamarada. Sintió que se le encogía el corazón. “¡Quiero ver a mi mujer y a mi niña!”, exclamaba con vehemencia. Pocos minutos después lo entendió todo.

 Lo siento mucho. No hemos podido hacer nada al final para salvarla.

El jefe médico sonaba distante y frío. Él no entendía nada.

- ¿Salvarla? ¿De qué me estás hablando? ¡Quiero ver a mi mujer y a mi hija!

El pasillo del hospital se inundó en un océano de silencio fúnebre y angustioso.

Minutos después, pudo entrar a la habitación. Su mujer yacía sin vida en aquella cama que había sido su hogar las últimas semanas. Al otro extremo, un bebé aparecía estirado en una incubadora. La niña había nacido sin problemas en un parto en el que su madre había perdido la vida. Una madre a la que nunca podría conocer. Hundido y apenado hasta la extenuación, el padre terminó desmayándose, incrédulo ante todo aquello.

Cuando recuperó la conciencia, su mujer ya no estaba en la sala. No pudo volver a verla hasta realizada la autopsia y en el velatorio. No había podido despedirse de ella en vida y eso sería algo que nunca podría olvidar. Tenían tanto por compartir y disfrutar, más con la pequeña que acababa de venir, que nada de lo ocurrido podía ser verdad. Quería despertar de una de aquellas pesadillas en las que el sueño parecía tan real que uno se levantaba tremendamente asustado y con miedo. Llegó entonces la hora de despedirse del que había sido el cuerpo de su mujer. Ella, de otra manera, iba a estar presente para siempre.

Nunca uno desea tener que enterrar a nadie y menos a su mujer. Casi un año de matrimonio y con una pequeña recién nacida. Su deseo sabido era ser incinerada ocurriese cuando ocurriese. Aunque se había siempre imaginado llegando a los 80 y largos, con algún nieto y al lado de su esposo. Parte de las cenizas las desprendieron en el mar que la había visto nacer, crecer y enamorarse. El resto, una pequeña parte, se quedó en la urna que su marido guardaría con mimo. Y a pesar de que le costó dios y ayuda volver a aquellas cuatro paredes en la que habían convivido de manera muy intensa los últimos meses, se armó de valor para seguir adelante con el recuerdo de su chica. Su mujer. Un recuerdo que vería a diario reflejándose en la mirada de su hija.

La última frase que le dijo a su mujer fue que la niña se llamaría igual que ella: Alicia.

20.1.14

La pianista (III)

El parto, decían, era inminente. Le pidieron a su marido que saliera de la sala y esperara. La mujer había sufrido un cuadro de fiebre elevado la noche anterior y estaba bajo atenta observación. Tanto ella como la niña que llevaba dentro. Detrás de los opacos cristales que no dejaban imaginar nada, recordó la última conversación que había tenido con ella. El primer beso, la primera noche juntos en el apartamento de sus padres. Y la historia del piano.

Desde bien pequeña había empezado a tocar el piano, medio obligada por su padre que era un gran amante de la música clásica. A pesar de que su esposa le aconsejara que no fuera tan vehemente con la educación de la niña en ese sentido, él quería que aprendiera a tocar el piano. Fueron años bastante duros y exigentes en los que aquella actividad le forjó parte de su carácter. Aprobó el último examen cuando ya había conocido a su futuro marido, tras unas semanas realmente agotadoras y difíciles. Una vez aprobó decidió que no tocaría nunca más el piano. Un piano que pese a ello trasladaron a su nuevo hogar cuando se fueron a vivir juntos. Como recuerdo de su infancia y adolescencia. Estaría en una habitación, solo, recubierto con un mantel de puntillo que había hilado su abuela. Casi nunca entraba a esa habitación y aunque él le insistía y animaba a tocar de nuevo, decía que no. Que no podría disfrutarlo.

Por eso no pudo evitar recordar la primera vez que había tocado algo para él. Fue en casa de sus padres; una tarde de lluvioso otoño y hojas secas en el jardín; con el perro ‘Mozart’, de raza Beagle.  Adivinen quién le bautizó. Él se había quedado embobado con los cuadros impresionistas que decoraban el pasillo que unía el comedor con el resto de salas. Tanto que había perdido de vista a su novia. Hasta que de repente empieza a escuchar algo a lo lejos. Eran los acordes de lo que parecía... "¡Estaba tocando In The End!" Se dejó llevar rápidamente por la música y apareció justo detrás de ella, que tocaba alegre y ágilmente el piano, con esos largos y finos dedos que eran capaces de hacer maravillas inimaginables. Captó su presencia pero hasta que no terminó, casi 4 minutos después, no se giró, tan envuelta en las notas como estaba. Esbozó una sonrisa:

- Te dije que algún día te tocaría In The End.

Él la abrazó emocionado hasta sentirla tan y tan cerca que cuando se dieron cuenta ya estaban desnudos haciendo el amor. Un ladrido de ‘Mozart’ les despertó de su particular encantamiento. El perro tenía hambre.

18.1.14

La pianista (II)

10 años después de aquel concierto recuerdan lo sucedido. Apenas llevan casados un año y ella está embarazada de casi 32 semanas. Está estirada en una cama de hospital, con aspecto pálido y dificultad para reír como antes. Aquella sonrisa del primer día ya hace unos cuantos días que no la exhibía. A su lado, él está sentado. Le aprieta la mano con fuerza y le asegura que todo saldrá bien. Ayer supieron las últimas novedades de la criatura que llevaba dentro. Todo estaba aparentemente bajo control. La futura niña parecía crecer dentro de su madre con muchas ganas por vivir. Ella se encuentra cansada y débil. También dicen que el parto puede ser cuestión de días e incluso horas. No llegaría a los 9 meses.

¿Te acuerdas cómo ibas vestida el día del concierto? –había empezado él.
- Cómo quieres que me acuerde, cariño. Qué preguntas siempre… Tan raras.

A ella le costaba terminar las frases. Se esforzaba y dejaba escapar un halo de suspiro y algo de frustración. Recordaron las miradas cruzadas en el vagón, la primera conversación y cuánto vibraron con cada uno de los temas de Linkin Park. Hasta llegar al momento de In The End, la canción favorita de ambos. Ese instante de éxtasis en el que ella le contaba en medio de un ambiente atronador anidado entre riffs de guitarra y sonidos electrónicos que tocaba el piano.

- ¡Algún día tocaré In The End para ti!
- ¿Cómo?
- ¡Qué tocaré In The End en piano para ti! ¡No lo olvides!

Entonces ella dejó escapar esta vez sí una leve mueca alegre, sin esfuerzo. Y centró su mirada en los oscuros e impenetrables ojos de su chico, que la observaba atentamente sobre su regazo. 

- Te quiero –trazaron sus labios.
- Yo también. Todo irá bien. Seguro… 
No lo sé, no lo sé…

La Luna se iba acercando sigilosamente al ventanal de la habitación. Él se asomó un rato, fijando la vista en el horizonte que se perdía más allá del mar. Cuando se giró de nuevo, su mujer se había dormido. Decidió rememorar en voz baja el resto de la historia de cómo se conocieron.

Terminó el concierto y nos sentíamos poseídos. Mi amigo estaba impresionado con la actuación y no se arrepentía de haberme acompañado a pesar de que sin pretenderlo, había terminado hablando más con una desconocida que con él, que siempre me había aguantado mis dudas, temores y hasta compartido mis sueños. Te miré y sonreí. Como la primera vez en el vagón. No sé por qué pero sentí que algo diferente había recorrido mi cuerpo por dentro. Más no me dejé llevar por el impulso primario y no te besé aquella noche. Aunque tuviera que hacerlo o me muriera de ganas. Luego dormiríamos en el tren de vuelta. Ese tren que estuvimos a punto de perder. ¿Te acuerdas? Mi amigo casi acaba conmigo porque si no volvíamos a Barcelona según lo previsto, su novia sería el que lo mataría… Sí, ella siempre ha tenido mucho carácter. Ya te acuerdas de su boda, ¿no?

Es en ese momento baja tanto el timbre de su voz que ya no puede disimularlo. Se seca las lágrimas con un clínex y vuelve a ponerse de pie. 

Luego sigo preciosa. ¿Ok?

Ella dormía profundamente y apenas se podía palpar la respiración. Colocó su mano con dulzura sobre su ya notoria barriga y acto seguido acomodó su oreja derecha sobre ella. Emanaba mucha vida desde allí dentro. Lágrimas bañadas en felicidad y tristeza caminaban sin prisa pero sin pausa en sus marcados rasgos rostro abajo. 

16.1.14

La pianista (I)

Se habían conocido en el primer concierto de Linkin Park en España. Al borde de cumplir los 18. Él iba guardando en una hucha parte del dinero que ganaba de sus trabajillos en verano. Como monitor en un camping que se abrazaba a la Costa Brava con entusiasmo y cierta sumisión. Parte de esos ahorros le sirvieron para viajar desde su ciudad a Madrid, donde su banda favorita se había dignado por fin a venir tras los problemas de su cantante Chester Bennington que impidieron que tocaran en Barcelona unos meses antes. Su ciudad. Recordaría siempre los nervios la mañana misma del concierto. Y lo que luego sucedería.

La estación de Sants dibujaba un frenesí de pasajeros arriba y abajo, en todas las direcciones. Regionales, alta velocidad, destinos dentro y fuera del país… Se mezclaban los colores y las formas. Se respiraba estrés. Acompañado de uno de sus amigos de toda la vida, no tan fan del grupo californiano, se subió al tren. Ya sentados, mientras su colega le contaba algo a lo que sinceramente no estaba prestando atención alguna, su mirada se detuvo unos metros más adelante. Una chica morena con un discreto piercing en el lóbulo izquierdo esbozaba una sonrisa delicada y de textura aterciopelada. Se pasarían gran parte del trayecto devolviéndose miradas y gestos, como el de levantar las cejas y difuminar los ojos. Alguna que otra vez ambos mostraban timidez a la par que ligera picardía. La otra parte del viaje la pasarían durmiendo. Mientras tanto,  su amigo que le trataba de convencer de algo, sin recordar bien el qué. Hasta que llegaron a Madrid. La capital. Rememoraba perfectamente la vez que había ido con sus padres y lo grande que le había parecido. ¡No es como Barcelona! Entonces tenía 12 años y aún no había escuchado nada del Hybrid Theory, el álbum que le trastocaría la existencia. En ese momento en que su mente había decidido regresar al pasado, algo inesperado ocurrió. Justo cuando puso el pie derecho en el andén, una voz femenina le sorprendió:

¡Hola! ¿Vais a Linkin?

Esa pregunta cambiaría el resto del día. Y sus vidas. Era la chica morena que dibujaba sonrisas aterciopeladas en el tren.

16.11.13

Tres minutos

¿Qué harías si te quedaran solo tres minutos para hacer algo? Lo que quisieras. ¿Crees que 3' dan para mucho? Yo pensaba hasta ayer que no era demasiado tiempo. ¿Necesitas pensarlo mucho antes de tomar una decisión? No pienses, actúa. Sí, Barney Stinson dixit. Si lo piensas demasiado ya habrán pasado los minutos. Déjate llevar. Que suena demasiado bien. Y espera lo inesperado. ¿Por qué no? El azar como ingrediente esencial en nuestras vidas. 

Porque a veces tres minutos significan algo más que 180 segundos. Son el reflejo de una ilusión que ha ido cultivándose durante todos los días de la semana. Las ganas por querer ver y hacer. A veces tres minutos son todo lo que necesitas para darte cuenta que hay cosas que te hacen sonreír y sentir de manera especial. Unos minutos como no ha habido otros en toda la semana. 

Ojalá poder congelar el tiempo en esos momentos.  

6.11.13

Distancias

Hay distancias que no dependen de límites geográficos, políticos ni administrativos. La distancia la marcan y condicionan las personas. Pudiendo llegar a sentir muy cerca aquello que está lejos y al revés. Sintiendo tremendamente alejado de ti aquello que tienes al lado.

Si dos personas quieren pueden acortar cualquier frontera y barrera. Haciendo que puedan florecer momentos únicos y especiales. Diferentes. Momentos compartidos en una distancia que claro que nos desagrada y no satisface. Es apática. Pero que se presenta como un reto y oportunidad para armarse de paciencia y desear que ya llegue ese día. Siempre puedes pensar que queda menos para volver a ver a esa persona que está lejos y echas de menos. Un amigo, tu pareja, un familiar muy cercano... Ese día en que podrás sentir y tocar bien de cerca aquello que deseas, sueñas y anhelas. Lo que te hace sonreír y sentir distinto con una simple mueca, palabra o mirada.

Si dos personas quieren no hay fronteras que valgan. Pero ahí reside el poder de la voluntad. Querer es poder.  Por eso, aún en la distancia, aprovecha y saborea al máximo esos momentos que te hacen sentir especial levantándote una sonrisa. Porque ya no queda tanto para que puedas mostrarle esa sonrisa en persona. Para que puedas vivir y disfrutar esos momentos cara a cara.

4.11.13

3 libros

3 libros. Podrían ser más. O menos. Pero son los últimos que he leído. Another way of winning, de Guillem Balagué sobre la figura de Pep; El sueño de mi desvelo de Antoni Daimiel; El Cisne Negro de Taleb. 

3.11.13

Bling Bling remixes

En el epicentro de la noche barcelonesa que nace, respira, se reproduce y eterniza por encima de la Diagonal, esto es, en carrer Tusset, la discoteca que reina y legisla sobre el resto en estos momentos es, en efecto: Bling Bling. Ahí acude parte de la alta alcurnia de la ciudad, las nuevas élites nobles del futuro y neoburgueses adictos al mundo 2.0. También van hijos de obreros que desde la periferia encuentran un rincón más que probar, de mirar de igual a igual. ¿No decían en la Biblia que todos somos iguales ante los ojos de Dios? 

28.10.13

27 razones para seguir la NBA


Son 27 razones para seguir la NBA esta temporada. Una por cada letra del abecedario. Pero podrían ser muchas más. Un simple aperitivo para prestar atención a una de las competiciones más bonitas y espectaculares que se disputan al otro lado del Atlántico.

25.10.13

Detalles

Los mejores momentos del día son aquellos especiales y distintos. Los que te sorprenden porque no esperas. En una vida en la que intentamos tener todo bajo control, cualquier encuentro con el azar es una nueva oportunidad para convencernos a nosotros mismos que es imposible atarlo todo de antemano. Y mejor así. Lo inesperado cambia nuestras vidas y nunca sabes qué te puede deparar el futuro.

Navegamos toda la vida por ríos de distinto cauce, profundidad y longitud. Algunos mueren en el mar, allí donde todo desemboca para volver a empezar. Otras veces simplemente recorremos esos ríos durante mucho tiempo. Quién sabe si para siempre. Hasta comprender que lo importante, que la felicidad reside en el camino recorrido y no tanto en la meta. Que una cosa lleva a la otra. Pero que siempre vale la pena recorrer el sendero porque al otro lado, ya sea en la apacible orilla o en aquella laguna a la que se accede tras arriesgarlo todo en plena y efervescente cascada, aguarda la mayor de las sorpresas. Sorpresas que pueden dibujarse en forma de sonrisa, palabra cariñosa, mueca afectiva, fotografía... Cualquier detalle. Cualquier detalle que nos haga sentir únicos, especiales y distintos. Algo que nos haga sonreír. 

Se necesitan más sonrisas en el mundo. Y más valientes para navegar contra viento y marea. Todavía son muchos los ríos a explorar y conocer. Y es que en lo desconocido reside el encanto de la novedad. Lo interesante. De aquello que te puede sorprender. 

16.10.13

De lo que no empieza

Hay historias que terminan sin ni siquiera haber llegado a empezar. Como aquellas que nacen, bajo tierra y entre vagones, a una velocidad superior a la humana. Cuántas veces la coincidencia de dos miradas no supuso más que el efímero pero bello recuerdo de una mañana cualquiera en una semana cualquiera de un año cualquiera. Porque apenas dura unos segundos. Suficiente para recordarlo unos minutos después pero insuficiente para poder hacer de ese recuerdo una búsqueda perenne. Como aquellos romances de verano que duraban todas las tardes al abrigo de un sol de justicia y humedecidos por un agua bañada en cloro hasta la saciedad. Cuántas veces uno fue incapaz de articular una frase con sentido. Por timidez o falta de valentía. Luego ella se marchitaría rumbo a un destino que era mejor no imaginar. Como la primavera. Su estampa la sentiría tu corazón durante unos días hasta que la normalidad intentase hacer el resto. Y ahí estabas tú. Solo. Con la sensación de que se había terminado algo que jamás había comenzado. Como aquellas risas que nunca compartisteis. Los besos que nunca os disteis. Las plantas que no regasteis. Las veces que no llegasteis a hacer el amor. 

Hasta que vuelvas a ilusionarte. Porque con sueños e ilusiones, nuestra condición humana tiene alimento garantizado para sobrevivir y seguir sintiendo. Si no sentimos, no hay pasión alguna. Y sin pasión, no hay vida.

14.10.13

Decisiones

Nocilla. Nutella. Barça. Madrid. Lakers. Celtics. Cola-Cao. Nesquik. Coca-Cola. Pepsi. McDonald's. Burger King. Ron. Ginebra. En la vida estamos constantemente tomando decisiones. Y no solo en términos de lo que consumimos. Cualquier elección tiene asociada un coste de oportunidad. Aquello que dejamos de hacer o ganar (utilitariamente hablando) por haber tomado cierta decisión. Es la segunda mejor alternativa que teníamos a nuestro alcance. En mi caso, el coste de oportunidad de estar escribiendo todo esto ahora mismo sería continuar durmiendo en la cama. 

12.10.13

Grey en el metro

Se subió en la misma parada de siempre a la misma hora de casi siempre. Y apoyó la espalda en una de las barras verticales del vagón. Pero en seguida se dio cuenta de que había algo distinto en el metro esa mañana. A escasos metros enfrente suyo una chica de pose coqueta y mirada traviesa leía un libro con suma atención. Pudo ver las palabras "sombras" y "Grey". La joven, que apenas llevaría una treintena de páginas recorridas, captó su presencia y le devolvió el guiño con sus ojos de avellana. Llevaba unos pantalones ajustados a medio camino entre lo azul, lo verde y lo etéreo. Unos botines que acababan en punta. Y una camiseta rosa chicle escotada que hacía juego con el color de sus labios. Tenía un 'look' de teenager atrevida y desafiante. Que le recordó no sabe por qué a la película de las vírgenes suicidas.

7.10.13

Smartphone way of life



Cuentan que los niños ya no nacen con un pan bajo el brazo sino con un iPad. Vas a ver a los neófitos al hospital y te los encuentras ejercitando los dedos con suma agilidad e intuición. Nacen, literalmente, sabiendo. De hecho, uno va con toda la ilusión del mundo y emoción a verlos por primera vez, cogerlos entre tus brazos pero, no tienes opción alguna. El iPad y la tablet de turno ya forman parte de su cuerpo. Y no hay manera de desengancharlos. Lo dominan con más facilidad que sus progenitores. Que no haya dudas de ello. De hecho, se comenta que en las salas de maternidad organizan campeonatos para saber qué niños y niñas son los más avispados con este tipo de aparatos que marcan tendencia superada la primera década del siglo XXI. Eligen aplicaciones (apps para los modernos y amantes del lenguaje anglosajón -queda más cool, no lo vamos a negar-), en las que competir en pruebas de lógica, matemáticas... Esta especie de JJ.OO. para los más pequeños está siendo objeto de debate y discusión en las principales Facultades del planeta. Se rumorea, por cierto, que Mediapro va a hacerse con los derechos para las próximas ediciones.

Sin embargo, valga la anterior hipérbole para comprobar el contraste entre lo rápido que aprenden los críos y lo que les cuesta a los más mayores. Porque contra más tardas en entrar en la dinámica de lo táctil, más te cuesta. Aunque como todo en la vida, es cuestión de práctica. Y si no que le pregunten a mi madre, todavía en edad de iniciación con su smartphone. Tiene a un hijo que podría ser un profesor más atento y aplicado. Todo hay que decirlo. Aunque por ejemplo con el WhatsApp, poco a poco, le va pillando el truco. Aún tiene algo de miedo a dejarse llevar pero todo llegará. Quién sabe si acabará con perfil en Facebook y Twitter. "Mi madre me sigue en twitter". Tweet de @mamachopi: "@chopi_8 ya está la cena, Jordi!" 

En cualquier caso, ahora que mi madre va experimentando el placer de tener a su alcance en un pequeño aparato miles de posibilidades, entiende que mi ya envejecido SII forme parte de mi vida. Realmente tengo móvil-dependencia. Es duro asumirlo pero es así. A veces pienso que me gustaría probar varios días sin móvil. A ver qué pasaría. Si mi vida podría seguir igual sin consultar ni archivar los mails (soy un poco maniático del orden y odio tener llena la bandeja de entrada; siempre vacía y todo clasificado por etiquetas). Si respiraría de la misma forma si estuviera varias jornadas sin 'twittear'. Sin poner un 'like' en Instagram o una publicación con su hashtag adecuado o, en su defecto, molón. Sin entrar a cotillear en Facebook. ¡Sin 'whatsappear'! Es tremendo pero... Inevitablemente y sin darme cuenta, consultar un montón de cosas en el móvil  se ha convertido en el pan de cada día. Por no hablar de esas apps que ahora son un must -soy víctima del sistema, lo siento-, ya que puedes consultar los resultados de cualquier liga y deporte del mundo. Increíble. Yo soy el típico freak que mientras ve un partido entra a ojear cómo van los otros. Que cuando se levanta por las mañanas va a consultar si han ganado los Raiders, Athletics o Lakers. Soy consciente que, seguramente, hago en ocasiones un uso excesivo de ello. Que soy uno de aquellos ciudadanos a los que les vendría bien que facilitasen un carril para usuarios de smartphone. ¿Os imagináis? Además del carril-bici, el 'carril-smartphone'.

Mi vida se ha adaptado a estos teléfonos inteligentes y viceversa. No concebiría ahora mismo dejar de hacer un montón de cosas que ahora forman parte de una especie de rutina, no monótona sino atractiva y diferente. Pero, ¿son necesarias todas las cosas que hago con el SII? La respuesta es obvia. Hay algo de banal en todo ello pero los tiempos cambian, creamos nuevas necesidades, dependencias y nos adaptamos al contexto. Somos camaleónicos por naturaleza. Al fin y al cabo, si vemos todo esto como una oportunidad de estar conectados y como una forma de comunicación rápida y efectiva al tiempo que una herramienta de información inmediata, no es malo per se. Todo lo contrario. La clave es encontrar el equilibrio entre lo realmente necesario y lo trivial. Lo que puede esperar.

Porque gracias a este mundo de las redes sociales al que he accedido con un móvil como mi viejo querido SII he podido conocer a gente fantástica y que merece la pena así como participar e involucrarme en proyectos interesantes como Rondo Blaugrana. Sin ir más lejos, una mañana, tras haber salido de picos pardos, decidí coger el móvil y 'twittear'. El día anterior había ganado el Bayern la Supercopa de Europa. Pep. Desde entonces, algo ha cambiado. Hay nuevos ingredientes e ilusiones a mi alrededor. Porque, al fin y al cabo, no hemos de olvidar que todo en la vida fluye. Nada permanece. Así en la tecnología como entre las personas.

29.9.13

Sobre HIMYM



Aviso para navegantes: El siguiente texto incluye algunos spoilers (intrascendentes) sobre How I Met Your Mother. Si no llevas la serie al día o muy avanzada, es recomendable abstenerse de leerlo.

El pasado lunes se estrenó en EEUU la novena y última temporada de How I Met Your Mother (HIMYM para los fieles de la serie y amantes de las siglas). Y no dudé, aprovechando que al día siguiente era fiesta en Barcelona, en ver el estreno que incluía doble ración. Seguir esta serie ha sido una constante desde que mi amigo Will nos la recomendara a varios de nosotros hace ya bastantes veranos. De hecho, Will nos ha recomendado muchas series a lo largo de estos años si bien yo confieso que al final he acabado siguiendo menos de las que me sugiere. La excusa o el motivo más o menos razonable: falta de tiempo. Esto es, un eufemismo para no decir que inviertes el tiempo en otros menesteres. Pero HIMYM siempre ha estado ahí. En una vida llena de etapas, cambios de ciclos, nuevos desafíos y retos, repleta de inquietudes y sueños, la ilusión por llegar a conocer a la madre de los hijos de Ted estaba ahí. Temporada tras temporada. Hasta que la conoces al final de la octava temporada. Y te quedas algo frío. Quizás no es lo que esperabas. 

¿Soy de verdad tan superficial? ¿O es que las expectativas que apuntaba la serie iban en una dirección que parece no seguir ahora? Sea como fuere, me consta que no soy el único que se quedó algo contrariado al conocer a la madre. Pero -yo el primero- voy a darle una oportunidad más que merecida. 

Es cierto que la serie entra en su recta final y que quizás se ha rizado el rizo más de lo deseado para algunos, aprovechando ciertos gags para rellenar capítulos y que se ha alargado algo más de la cuenta. Pero soy consciente que llegado el final me dará pena y con el paso del tiempo sentiré hasta nostalgia. Al fin y al cabo, HIMYM me ha acompañado en algunos de los años más decisivos y bonitos de mi vida. Entre capítulo y capítulo no solo Ted se acercaba a conocer a su chica definitiva sino que yo trataba de ir haciendo camino al andar. De ir cumpliendo sueños de infancia y juventud. Cómo no tener un cariño especial a esos fragmentos de 20' que tanto me he encargado de recomendar a mi entorno (no hablo del mismo tipo de entorno que el del Barça). Cómo no mirar con ojos distintos a un show que has compartido con alguna persona en particular que te dibujaba una sonrisa diferente y despertaba el fuego más intenso en tus ojos. Cómo olvidar algunos episodios que relacionas con alguno de los capítulos de tu propia vida. 

Te acuerdas de aquél en el que Ted y Marshall creen haber pasado una de las mejores noches de su vida y luego resulta que era todo lo contrario... 

O de cómo conoce Ted a Victoria, mi favorita desde un inicio de la serie. Como en la realidad, tengo un ojo clínico para las chicas...

Y de cómo Barney se va enamorando de Robin... Una de las parejas que mejor encajan en la ficción.

De comprobar que un amor post-adolescente y precoz como el de Marshall y Lily se convierte en paradigma de una relación estable y feliz aunque llena de momentos difíciles. De cómo llegan a ser padres de Marvin.

O de los sentimientos de Ted hacia Robin... Algo que aún dará que hablar esta última temporada. Ojo al arquitecto Mosby.

Lo poco creíble que resultaba aquello de Stella y lo inesperado que fue que le dejara en el altar. 

Y es tras este recuerdo que me detengo. Porque sirve como ejemplo de algunas de las cargas que arrastramos con nosotros y que tarde o temprano, debemos dejar atrás para seguir adelante. Cualquier experiencia negativa nos condiciona y modela. Alguien me dijo últimamente que cuántas más experiencias negativas has tenido, más rápido maduras. Haber sufrido, por los motivos que sea, no es sinónimo de tener que arrastrar esa carga hasta el fin de los tiempos. No olvidar no es malo. Sería peor no aprender de los errores o de las duras experiencias que te marcan. En una vida que fluye sin intención de permanencia no podemos quedarnos parados. Es siempre alentador intentar llegar a la orilla, cueste lo que cueste nadar hasta alcanzarla. Valdrá la pena seguir escribiendo hasta llegar a completar las páginas más bellas de tu novela.

Como de alguna manera le está ocurriendo a Ted. Que ya sabemos quién será la persona con la que va a ser muy feliz. Aunque él aún lo desconoce. Y es que... ¿Cuántas cosas no sabemos en estos momentos que nos levantarán muchas veces el ánimo y centenar de sonrisas? Lo inesperado cambia nuestras vidas. Hay pequeños detalles que al unirse unos con otros, van ilustrando aquello que llamamos felicidad. En un puzzle tan singular como la vida cuyas piezas a veces parecen difíciles de encajar.

HIMYM, como todo en la vida, terminará. Por eso vamos a intentar disfrutarla. Y, mientras, seguir haciendo camino al andar. 

22.9.13

(No tan) microrrelato de final de verano

Dicen que hoy termina el verano. Y siempre que esto sucede, hay algo de psicológico en ello. Que va más allá del hecho de que entremos en una nueva estación como el otoño. Igualmente bonita y con sus encantos. Pero distinta. ¿Qué sería de la vida si todo resultara ser un guión plano, monótono y previsible? Nada interesante. El azar condiciona nuestras vidas. Y cualquier día, un detalle puede cambiar nuestras vidas para siempre. 

Seguramente no sea el único que ha vivido una especie de segunda adolescencia este verano que justo empezaba cuando llegaba a la simbólica cifra del cuarto de siglo. Que dicho así parecen más que 25. Todo empezó en el Palau o incluso antes, no se puede saber con exactitud. Noches improvisadas que terminan siendo especiales. Por diferentes y divertidas pero sobre todo por inesperadas. Es así. Lo inesperado cambia nuestras vidas. 

El verano ha corrido a la misma velocidad que Usain Bolt. Y eso es buena señal. Vivir con intensidad e intentar aprovechar cada día no es algo tan sencillo como podría parecer. Pero la actitud es lo primero y la mente muy poderosa. No importa que haya tenido 'solo' 9 días de vacaciones. Siento que he vivido mucho y en buena compañía. 

En julio pude disfrutar de una experiencia laboral maravillosa al estar conviviendo 9 días con el Athletic en el stage de Austria-Alemania. Si hace 3, 4 años o más me dicen que algún día podría vivir algo similar desde luego que no me lo hubiera creído. Al fin y al cabo, cuando estaba terminando ADE decidí que quería acceder a 2º ciclo de Periodismo. También en la Pompeu. Pero me quedé a 8 notas de entrar, penalizándome sobremanera la parte de la redacción. En aquel examen me dieron el número 14. 14 es la planta del Edificio Imagina-Mediapro en el que trabajo actualmente. El mismo edificio desde el que se ve el Campus del Poblenou que hubiera sido mi hogar 2 años si me hubiera llegado la nota. Puertas que se cierran. Otras que se abren en diferentes direcciones. Curiosidades de la vida. Aunque entonces poco podía imaginar que mis pasos me acabarían llevando cada mañana justo al lado de donde pretendía seguir estudiando.

Por otro lado, estrictamente en términos de ocio, Berlín nos abrazó con mucho cariño a mediados de agosto. Atenta. Aunque no quiero ni imaginar el frío que hace en invierno... Me pareció una ciudad tremendamente vital y joven. Desprende un aire moderno y heterogéneo desde el punto de vista social que la hace muy especial. Diferente. No creo que sea estéticamente una ciudad bonita. Al fin y al cabo, el peso y magnitud de la reconstrucción y unificación están presentes en muchos de sus edificios y partes. Pero sí tiene ese gran valor intangible y más allá de lo simbólico de haber sido eje fundamental de la historia contemporánea. Es la capital europea que más tarde superó la mayoría de edad así que Berlín es sinónimo de mucho futuro. El crecimiento le espera.

Me quedan bastantes días de vacaciones pero aún no tengo planes definidos. Cada trabajo tiene sus pros y cons. El mío es algo peculiar. De hecho me suele costar a veces responder a la pregunta de qué trabajo y qué hago. No estamos en el mejor momento en cuanto al proyecto y las perspectivas a corto y medio plazo no parecen muy alentadoras pero hay que seguir sumando sin descartar ninguna opción. Al fin y al cabo no creo que este vaya a ser mi último trabajo ni mucho menos. He conocido compañeros fantásticos, estoy bastante a gusto y he tenido la suerte de participar en experiencias que ya forman parte de mi CV particular de recuerdos inolvidables. Hay que estar preparado para cualquier cambio y aunque al principio siempre cueste gestionarlo, saber que lo que hoy es un valor seguro, mañana puede dejar de serlo. Lidiar con la incertidumbre no es sencillo pero ella reina tranquilamente a lo largo y ancho del planeta. Sé que el futuro no me va a llegar solo y que soy yo quien tiene que seguir escribiendo los capítulos de mi novela. Haciendo que todo suceda.

Y puede que ahora venga el otoño, las hojas caídas, que anochezca antes, que haga más frío, que haya que coger la chaqueta fina, guardar los pantalones cortos... Pero hay que seguir viviendo. Como si fuera el verano. Si nosotros queremos, hay detalles que pueden durar para siempre. Cuestión de mentalidad y actitud.

En una vida en la que cualquier elección es una renuncia a otras cosas y en la que reina la incertidumbre, tener algunas cosas claras siempre ayuda. Empecemos por tener ganas de vivir y sentir. Como si todo el año fuera verano. Empecemos con una sonrisa cada mañana y un guiño de ojo pícaro. Empecemos cada día como si fuera el último pero más bonito de nuestras vidas.

La vida puede ser maravillosa. Persigue tus sueños.

17.9.13

Rally d'Avià: de nuevo una piedra en el camino



A veces en la vida, sin saber bien las razones, parece que algo se nos atraganta. La competición no queda exenta de esta tesitura y como se trata de algo con un componente psicológico sumamente vital, no es casualidad que a veces se tropiecen varias veces en la misma piedra. Y, por cada uno de esos tropiezos, aunque no quieras pensarlo al principio y necesites algo de tiempo para interiorizarlo, dosis tremendas de aprendizaje. Al fin y al cabo, la experiencia y el tiempo te acaban modelando como persona y deportista. La competición es un aprendizaje continuo. 

El Rally d'Avià volvería a ser una piedra en el camino para Raül -literal y simbólicamente hablando como veremos-, a pesar de que las sensaciones tras la prueba d'Osona eran magníficas y que en verano había revalidado el título en las 12 horas de karting en su también fetiche Circuit d'Osona con el equipo Cracksracing 1. Además, a finales del mes de agosto había participado en unas jornadas de formación para pilotos y copilotos de rally, organizadas por RallyStar

Con la moral muy alta e ilusiones renovadas de cara a las dos últimas pruebas de la temporada, el habitual madrugón de la mañana de carrera siempre sabía mejor. Si bien al llegar a Avià para las verificaciones del recorrido se encontraron con una "sorpresa" del todo inesperada: había en el primer tramo de la prueba una 'chicane' que no aparecía en las notas de Raül y Montse. Comprobaron con el resto de participantes dónde se la encontrarían pero hasta que no pasasen no sabrían bien bien cómo sería y, por tanto, cómo tendría que encararse. Dificultad añadida para un rally que no le traía demasiados buenos recuerdos y que tenía un total de 8 tramos: 3 por Puig-reig y Graugés y 2 por El Gall.   

En el primer paso por Puig-reig, de apenas 4 km, buen asfalto y rápido, el piloto de Barcelona pierde 6" respecto al mejor crono. No solo ha perdido algo de tiempo por prudencia en la inesperada 'chicane' sino que no empieza demasiado a gusto al volante. Con Graugés como escenario para recuperar sensaciones y mejorar, en lo que es un recorrido 3 veces más largo que el anterior, también rápido pero más estrecho y deslizante, los resultados no terminan de salir. Pierde otros 15". Ya en El Gall, tercer tramo de la jornada de 4,2 km, la inercia negativa a los mandos sigue y se deja 10" respecto a los mejores. Finalizada esta primera parte de la competición, está a 22" del podio, muy alejado y bastante descontento consigo mismo por el rendimiento ofrecido hasta ahora. Así confiesa Raül, al terminar el día, cómo se sentía en esos momentos: "Decepcionado y cabreado conmigo mismo, en la asistencia no quiero hablar con nadie y trato de concentrarme y pensar en qué he fallado".

Dicho y hecho. En el segundo paso por Puig-reig mejora en 3" su primer tiempo pero aún siguen lejos de los primeros puestos. En Graugés la mejora es todavía más sustancial si cabe -13 segundos- y se sitúan cuartos en la general de la Copa Recosap. Algo más animado y cómodo con el coche pero no en los cronos deseados ni esperados antes de empezar. En el sexto tramo -El Gall- termina dejándose 9" respecto a los de cabeza. Así llega a la segunda asistencia en la que los mecánicos tienen que solucionarle un problema en el ventilador. El piloto lo relataba de la siguiente manera, restando importancia a la anécdota: "Una piedra, que nos encontramos justo en medio de la trazada en Graugés, nos dobló el protector del tubo de escape y se soltó una chapa que iba golpeando el ventilador. Algo que los mecánicos solventaron sin más". Avià... Una piedra en el camino.

Ya únicamente quedaban 2 tramos. Con todo el tiempo perdido acumulado las opciones de podio eran francamente improbables así que no quedaba otra que intentar mejorar tiempos y finalizar con mejores sensaciones que las de inicio. El rápido y corto Puig-reig aguardaba por última vez. Raül logra mejorar 1" el crono pero no queda demasiado satisfecho. Pone toda la carne en el asador para afrontar el largo y estrecho Graugés, donde destila clase pilotando, incluyendo alguna cruzada en la parte más rápida y deslizante. Sin embargo, con todo el ritmo alto que llevaba, sufrió un pequeño incidente en la penúltima curza del rally, al quedarse con el Peugeot cruzado con la rueda delantera en la cuneta. Ahí perdió algo de tiempo al maniobrar y al final se quedaron a 10 segundos del mejor tiempo. "Saliendo de una curva de izquierdas en bajada en 4ª y con el coche en apoyo, empecé a frenar cuando el coche todavía no estaba recto del todo" -detallaba las razones de aquel pequeño susto, sin más.   

Apagados los motores, la clasificación de Raül lucía el número 4 en la Copa Recopsap y el Open Catalunya. Tenía la nítida sensación de haber rodado mejor al final pero bastante lejos de las expectativas iniciales. En noviembre espera el Rally 2000 Viratges en Manresa y, aunque ya sin opciones de título en la Recosap, nuestro piloto es consciente que tiene ante sí la oportunidad de seguir sumando kilómetros y seguir luchando contra el crono. Hasta entonces, semanas para seguir trabajando en intentar mejorar y olvidar lo ocurrido en Avià.

Avià... De nuevo una piedra en el camino. ¡Y qué piedra!