3.5.10

Diario de Riviera: Epílogo


Esta es la única entrada de los Diarios de Riviera que no escribí allí. Todo lo anterior son el resultado de las notas, sensaciones y recuerdos que grabé entonces. De los únicos momentos que no escribí nada y que por eso no he reflejado por ningún lado son los que corresponden al vuelo de vuelta y la llegada a la ciudad que me vió nacer.

El hecho de transcribir todas las experiencias que conservé precisamente para divulgarlas, desde mi punto de vista, han hecho que a medida que las pasaba a limpio, por decirlo de alguna forma, volviera a estar en Riviera Maya. Si alguno de los que fuisteis al viaje os perdéis por aquí y os distraéis leyendo los Diarios, estoy convencido que os sucederá lo mismo o algo parecido. No hicisteis ni vivisteis lo mismo que yo pero a través de muchos párrafos seguro que vosotros mismos os habéis transportado al lugar o circunstancias que yo describía y os véis reflejados disfrutando de ello, desde vuestra experiencia, recordando la felicidad en aquél lugar que todos coincidimos en llamar Paraíso.

El objetivo de los diarios era poder dejar un legado para el recuerdo, unas palabras que aunque en su mayoría están redactadas de forma poco afortunada y grácil, estaban cargadas de ilusión y buenas intenciones.

Pasarán los años y no dejará de amanecer, pero los recuerdos de un viaje así nunca se olvidarán. Todos tendremos en un rinconcito especial las mejores anécdotas y vivencias de algo tan especial como esta estancia en Riviera Maya. Lo que yo he escrito seguramente no es el viaje ideal ni perfecto, pero si hubiera podido imaginar antes de irme cómo quería que fuese, no hubiera querido que fuera menos de lo que he vivido. Ha superado mis expectativas y no quería volver. Supongo que la mayoría de vosotros pensáis igual. Se estaba demasiado bien apartado del mundo real.

En estos momentos te acuerdas de todo lo bueno, de la felicidad y alegría que nos invadía a todos y cómo habíamos podido conquistar en tan poco tiempo esa tierra tan lejana, todo el complejo turístico rendido a nuestros pies.

Si os acercáis aquí a leer esta especie de memorias os lo agradezco; es un placer compartir todo esto con vosotros. Y habrá merecido la pena por mi parte si al leerlas volvéis, con espíritu y cuerpo, a Riviera Maya. A la playa, a la piscina, a los cócteles, al Coco Bongo, a los Jeeps, al Cenote, a Chichén Itzá, a Cobá... pero sobretodo con toda la gente que nos hace a todos felices.

Todos ya tenemos a Riviera Maya en nuestros corazones y cuando pasen los años podremos contar orgullosos a nuestros hijos y nietos que pasamos unos días geniales en compañía de gente aún mejor allá por 2010 en un maravilloso rincón que bautizamos como Riviera Taja.

Dedicado a toda la gente que ha hecho posible este viaje tan feliz y espectacular y que se pueden imaginar quienes son: los que ya conocía y forman parte del grueso estos años en la Pompeu, a la gente que he tardado más en conocer pero que ha sido parte esencial en el viaje y a toda la gente que por casualidad acabe entrando aquí y aún no tenga el placer de conocer.

Simplemente gracias por ser como sóis.

Diario de Riviera: 14 de abril (2/2) + 15 de abril








Bajo a hacer algunas compras. El mal tiempo es la excusa que ha impedido comprar en condiciones; sobre todo pienso en mi madre. Me llevo un vaso de tequila (para chupitos me refiero), un monederito muy majo de colorines, dos postales (una prima me pidió expresamente una porque las colecciona) y velas. En el fondo tenía que gastarme los pesos, y aún así me sobró chatarra que vale menos que el carisma de Montilla. Me sabe mal no satisfacer los gustos de mi madre en cuanto a pendientes se trata. Al fin la lluvia cesa.

El clima es profundamente húmedo y envuelve al cuerpo en una amalgama de tiernas sensaciones. Olor a mojado. J ya está despierto. Dan los Hawks vs Cavs en la ESPN. Le han dado descanso a LeBron James en el último partido de temporada regular de la NBA. En total, el partido número 82 para cada uno. Que se dice pronto. Nosotros llevamos casi una semana, no son 82 jornadas, pero estamos cansados también, si bien no queremos volver por nada del mundo porque aquí el agotamiento es efímero y se evapora con más y más diversión. Pagaríamos por quedarnos más tiempo. Esta noche a tope...

Es tiempo de hacerse la maleta. Lo peor del viaje. Nostalgia, anhelo...rutina a la vista; suena muy desagradable y antipático. Ducha. Nos maqueamos. Hoy toca camisa blanca y pantalón oscuro para Coco Bongo de Playa del Carmen.

Ceno antes de nada nuevamente pasta (farfalle a la boloñesa) y pizza, pero es más bien discreta. Pruebo de postre el pastel sacher pero no está logrado para mi gusto. No está a la altura de las expectativas. Resultón pero no exquisito. Una copa apurada de ron-cola antes de partir a la discoteca. A fuegote...

El viaje se hace muy corto, nada que ver con el primer Coco Bongo que nos llevó hasta Cancún. Playa del Carmen está mucho más cerca de donde nos alojamos. A una media hora siendo generosos. Llegamos a la zona de aparcamiento. Ahí hemos de volver después de la fiesta. No llueve y eso nos alegra porque tenemos que andar algo, poquito, hasta alcanzar el Coco Bongo. La cola genera exhaustación e impaciencia. Las ganas y las ansias se reflejan en cada rostro, en cada mirada. Como ese boxeador que está deseando saltar al ring para derribar al adversario por KO, comiéndose la noche desde el primer segundo. Control de seguridad rutinario que ya nos resulta familiar y algún que otro requisito burocrático como tener que esperar al resto porque nos han asignado una zona en concreto. Ya con el brazalete de barra libre nos dirigimos a la primera tribuna.

Desde allí disfrutamos como chiquillos. Es tremendo. No tengo palabras. Y además, los camareros sirven de buen gusto todas nuestras peticiones. Tenemos ahí en mesas todo de botellas y vasos. Yo sigo a lo mío...al ron-cola claro. Me lo paso tan bien que deseo que no termine nunca tal placer. Estupendamente, muy a gusto, increíble. Ojalá lo hubiera al otro lado del Atlántico (un Coco Bongo). Es la última noche, y aunque el nombre presenta un eco que evoca la tristeza y la pena, es prácticamente la mejor de todas. Una marcha en el cuerpo, una alegría, unas risas...

A la vuelta charlando y bromeando mucho, con N y M, sobretodo. Ya en el hotel, las performance y la música son un recuerdo cercano que envuelve los sentidos. Se mire por donde se mire, me ha encantado mucho más el de Playa del Carmen que Cancún. Las actuaciones, aunque algunas repetidas, incluyen distintas y geniales como las de Austin Powers o Lenny Kravitz que pueda así recordar. Entre unas cosas y otras no niego que tengo alguna que otra laguna visual. Fue muy bueno el momento de La Máscara, que le metió tequila directamente a la garganta a nuestra amiga M. Recuerdo perfectamente esa escena desde el podio y cómo nos empezamos a partir y gritar por ella.

Junto a N y M nos quedamos largo rato hablando en el blanco trenecillo estacionado en el mismo lugar donde hacía casi una semana habíamos llegado todos con ganas de pasar un viaje inolvidable. Era como volver al sitio donde todo había empezado. M me parece una chica muy simpática y de trato sencillo pese a habernos visto solo allí. Confieso que nunca la he visto por la universidad o si lo he hecho no me he dado cuenta. A N también he tardado cuatro años en conocer aunque en ocasiones así podríamos decir que la espera merece la pena. La verdad es que cotilleamos mucho los tres e incluso pretendo disfrazarme de pitoniso, es un decir. Son momentos muy agradables y dulces.
Luego paseamos hasta el White Sand en busca de las rocosas y la piscina de agua salada. Reconozco que no había asomado el hocico por allí. Siempre existe una primera vez para todo y más vale tarde que nunca. Mientras tanto, amanece. Es un amanecer precioso y único. El mar poco fiero abraza humildemente a la fina arena y da los buenos días a todos aquellos que hemos ido a despertarla. Me despido de N y M y avanzo por la playa. Me recuerda a una escena de Lost, a elegir entra la inmesa variedad de momentos de playa que ha habido a lo largo de ya casi 6 temporadas íntegras. De los más recientes, al capítulo del faro o de la anterior temporada a algún instante entre Jacob y su antagonista junto a la estatua. Quizás mi mente deliraba entonces.
Me encuentro compañeros y amigos en mis mismas circunstancias. Inesperadamente, sentados en el snack 24h me alegro de ver a L, X, J, M y C. Como hot dog y patatas fritas; todo ello con mostaza y mayonesa. Entra mucho en el estómago a esas horas y en esos momentos. Luego tengo pesadez de estómago para cuando llega el momento de dormir. 3 horas y pico después despierto. Me doy cuenta que he dormido solo en la habitación. J y X han ido con L y M a sobar. Me ducho para quitarme las sábanas que había arrastrado con pesadez y cierro la maleta. Hora de ir a hacer el check-out. Poco antes realizo alguna foto de las vistas que tenemos desde la habitación. Instantáneas para el recuerdo. Los lagartos han salido tras la lluvia para despedirnos.

Vamos a la playa y la piscina para intentar aprovechar el Sol. No estoy nada moreno, repito en mi mente...como sino hubiera estado en Riviera. Me encuentro con N pero no podemos cumplir lo de jugar a paletes, aunque no por falta de ganas. Llega la hora de comer: penne a la boloñesa. Tremendamente ricos. De postre, banana. He vuelto a probar un postre que nada me ha convencido. Ya es hora de irse. Nos vamos con la lluvia de testigo.

No es un adiós cualquiera. Es un hasta luego disfrazado en un hasta siempre.

2.5.10

Diario de Riviera: 14 de abril (1/2)


Despierto sobresaltado y algo intranquilo alguna vez antes de levantarme definitivamente. Cuestión de expulsar el alcohol. Siento que tengo mucha sed. Cuando me asiento, al fin, escribo con sinceridad algo que me pide el corazón. Más allá de los sentimientos, si escribo es porque tengo cosas que contar y mostrar, porque efectivamente estoy viviendo y sacando partido de las cosas.

Me ducho y salimos a comer al chiringuito guarradas. Hipercalorías. Hamburguesa, nuggets, patatas, nachos... todo con buenas dosis de ketchup, mayonesa o mostaza, lo que se tercie. Después de hartarnos de comer jugamos al bingo para ganar. Para ganar una botella de tequila. Ha empezado a llover ligeramente y parece que va a más. Somos J, M, X, L, S y C además de un servidor y más allá de C que estaba algo distraída y empanada comunicándose con su padre por el chat de la Blackberry para saber cómo iba el Barça (ya había marcado Bojan), casi ganamos. Una lástima. El tequila tenía inscrito nuestro nombre. O eso pensábamos...
Acudimos al restaurante de la piscina donde algunas amigas están terminando el almuerzo. Vemos a D y me dice que están dando el Barça en el Sports Bar. Era gravíssim que me hubiera perdido la primera parte de un partido del Barça. El resto de partidos oficiales los he visto todos en directo. Pero hasta en RM se permitían este tipo de excedencias. La segunda parte transcurre tranquila, cómoda y sencilla. El golazo de Pedro es un escándalo, una brutalidad artística a la altura de las pinturas de Rafael. Dudamos sobre si ir a jugar a fútbol a las cinco y media. El problema es que diluvia de forma exultante ahí fuera. ¡Maldito carajo!

Decido al final ir a la habitación y me afeito el bigote. Odio lo rápido que crece el pelo del bigote y que me configura un aspecto de güey según mis amigos de toda la vida del cole. Dicen que parezco un mexicano en ocasiones. Me doy cuenta que apenas me puesto moreno. ¿Dónde quedó aquél gitanillo que de pequeño hacía las delicias de su madre con esos mofletes tan infladitos? J soba apaciblemente. Pongo la TV. La ESPN para ser precisos donde informan sobre deportes. Vuelvo a ver lo de la lesión de Iniesta y se me rompe el corazón en pedacitos. No tiene suerte Don Andrés con las lesiones y pienso que lo echaremos mucho de menos en la Champions. Su espíritu de la justicia y la humildad ya obró el milagro hace un año en el inolvidable 6 de mayo en Stamford Bridge. Ahora recuerdo que no le dije antes a mi padre cuando hablamos por móvil que había aprobado un par más. Solo faltaba saber comercial.

Meriendo krispies que aún tenía del excedente del día de Chichén Itzá y Pepsi. Lo admito; soy culpable; le he sido infiel a la Coca-Cola; aunque no estaba ella no debía haberlo hecho, lo sé; pero no he sido lo suficientemente fuerte y maduro.

Hora de escribir bastante.

El fin se acerca y el tiempo ha entristecido mucho. Justicia o no, queda un día y medio para aprovechar y disfrutar. Pagaría por no volver. No sé cuánto estaría dispuesto a desembolsar pero no apetece nada regresar. Esto es el lujo y el paraíso. Lejos de obligaciones y responsabilidades, de normas y monotonías. De todo, del mundo real. Estamos en una burbuja a punto de estallar, casi como la que petó en finanzas y que engendró la crisis más reciente y actual. Dicen que lo que pasa en RM se queda en RM. Veremos. Yo me permito hacer alguna excepción y explico desde mi experiencia aquello que creo que es interesante y se puede contar. "Tot està per fer i tot és possible". El reloj (por cierto, misión casi imposible la de saber hora y día en vacaciones), agudiza y chirría con vehemencia a medida que se acerca el fin. La tormenta tropical no cesa. Consulto los horarios de vuelta por última vez.

Pero antes de nada, esta noche, que será legendaria y por supuesto inolvidable. Para siempre RM lo será. Estoy contento porque he conocido a nuevas personas, muy majas y agradables. De ésas que se las ve buenas personas prácticamente a primera vista. Con la gente que ha formado el grueso principal la mayor parte del tiempo que llevo en la universidad he podido compartir y unir más lazos en un viaje así, como ya ocurriera en Túnez con el viaje de ecuador. He podido compartir, charlar mucho, reír y hacer cabrear a aquella que más deseaba, a quien más me apetecía ver y conocer mejor aquí. Siempre suelo bromear medio serio que si no hubiera tenido la suerte de conocerla antes me hubiera esperado, en base a mi timidez, a RM para hacerlo. Pero la vida ofrece en ocasiones giros inesperados y afortunados que te pueden cambiar, ya no digo tu existencia y la manera de afrontar el día a día, sino que sin saberlo, vas modificando tu propio sendero.

Ahora que se acerca el final todo suma y queda guardado en el baúl. Todo lo bueno compensa lo que fuera amargo. Hablan del Madrid de fútbol en ESPN. Vaya demostración de superioridad del Barça el sábado anterior. De lo más dulce del viaje junto con casi todo excepto Isla Mujeres. Lo mejor: la gente, como me cuidaron, cómo se han portado y todas esas personas que he tenido la suerte de conocer por primera vez o de conocer mejor. Porque son las personas quienes movemos el mundo. Nosotros que vamos avanzando con nuestros errores y aciertos. La vida puede ser maravillosa.

Parece que el Sol quiere volver. La Luna no he podido ver entre tanta frondosidad y espesura de vegetación, pero sí las estrellas, tan bellas como siempre, más si cabe en este tan especial rincón.

30.4.10

Diario de Riviera: 13 de abril (2/2)


Comemos no muy lejos de Chichén Itzá. La bebida no está incluida. Por fin, Coca-Cola de lata. La echaba de menos. ¡Cuántos recuerdos y cuántos momentos hemos compartido, la lata y yo, yo y la lata! Opto por arroz mexicano y quesillera (burritos) con cochinilla. Me parece muy rica la comida, me sabe de lujo. De postre una banana. Bien servido me siento tras terminar. Comienza, repentinamente, a llover. Una lluvia tropical espectacular, nunca vista por mis ojos hasta entonces. Ya parecía por la mañana que el cielo algo se guardaba entre ceja y ceja, pero podía haber esperado un poco más para llevar a cabo su maquiavélico plan. Entonces nos 'soprenden' con un baile tradicional como colofón (previamente Isis nos había advertido que tendríamos una pequeña sorpresa a la hora de la comida, además de asegurarnos que estaría buena la comida; palabra de Isis; Amén). Se colocan botellas llenas encima de la cabeza para hacer más meritoria la ejecución rítmica. Les ovacionamos al final con gran cortesía.

Pese al breve camino entre el lugar donde comemos y donde nos espera el autocar para partir, nos empapamos de lo lindo. Literal. Nunca me había mojado tanto en tan pocos segundos; quizás alguna vez entrenando cuando también inesperadamente había caído algún que otro chaparrón antipático y desagradable. Pero ni punto de comparación. Ahora comprendo mejor que cuando leí el libro de Geografía de 2º de Bachillerato qué es eso de una lluvia tropical. Subidos ya en el autocar democráticamente se vota por ir o no a Valladolid. Yo realmente no sé cómo el conductor es capaz de ver y orientarse con la que está cayendo ahí fuera. No tengo palabras. Al final decidimos parar en Valladolid, en un sal y entra de unos 10 minutos. En Valladolid tengo tiempo para disfrutar poco, no suficiente, de la preciosa plaza mayor frente a la Iglesia. En la plaza está la dama del pañuelo protegiendo y velando día tras días los asientos destinados a las parejas de enamorados, mirando cada uno a una dirección. Lo bonito de ello es que están orientados hacia puntos divergentes para que cuando las parejas de prometidos se sientan sus ojos converjan en una sola dirección y hacia una única meta: el amor eterno. La Iglesia, por su parte, no tiene nada especial. Es por decirlo claro demasiado austera, de una nave y con bóveda de cañón. Es que me deja demasiado frío y eso que no me esperaba nada en especial. Quizás esa cierta fragancia a evangelización forzada que se respiraba en el ambiente explicaba parcialmente mis sensaciones y emociones. De todas formas, no pasé más que un minuto ahí dentro, el suficiente para ver lo poco que se requería. Ya volvemos, definitivamente, para casa.

De regreso me pongo a escuchar música animada. Lo que sería house y dance, no muy reciente, pero de los últimos años. Comercial, lo que ha venido sonando en el pasado más cercano en Flaix sobretodo, sonido Pioneer, más algún que otro descubrimiento. Me motivo bastante y huele a noche grande, a esas típicas noches que no sabes por qué pero tienes ganas de tajarla, de 'liarla' en el buen sentido. En una expresión: a fuegote. Duermo un poco al ritmo de la música. Otra vez las famosas cabezadas al aire, que cuando te cercioras de que las estás cometiendo piensas en el ridículo que debes estar haciendo y cómo la gente de tu alrededor si te está viendo se parte la caja seguro.

Ya en el hotel, casa, de vuelta. Me tomo dos cubatas... volviendo para no abandonar, al ron-cola. Le dije adiós a los cócteles días ha. Está poco cargado, por eso otro no viene mal antes de ducharse. Esas escenas me retrotraen a Platja d'Aro (PDA para los amigos) y como nos llevábamos los cubatas a las duchas del camping cuando nos disponíamos a arreglarnos antes de salir a las tantas, a eso de las 12-12 y pico de la noche. PDA es un templo sagrado.

Volviendo a la realidad, nos espera la famosa y esperada White Party. Por fin ha llegado. Estamos radiantes y curiosos de blanco. Es de esas pocas veces que a alguno nos sienta bien el blanco. No será una constante en nuestras vidas, hablo al menos por mí. Yo suelo preferir tonos oscuros, sobretodo camisas negras y pantalones también oscuros, que de noche me encanta cómo visten, aunque existen colores y tonalidades para todos los gustos y épocas del año. Y cierto es que dicen que el negro te hace parecer más delgado. Sea como fuera, ahí me encontraba con las havaianas blancas pensadas en el momento de la compra para tal circunstancia (un 65%) además de ser bonitas (un 35%), unos pantalones mitad lino, mitad algodón, adquiridos específicamente para la ocasión (de esas prendas que tu padre o tu madre te dice que "a ver si te las pones más de una vez") y el polo tan majo que me trajo X de Hong Kong a finales del curso pasado. Ideal. Me veo bien en el espejo. J y X también están radiantes, lo están petando. Así que nos hacemos una foto en la habitación para el recuerdo.

Cena de blanco (que por cierto X se mancha a las primeras de cambio de forma poco afortunada mientras íbamos a pedir la pasta que queríamos). Me decido por Farfalle a la Boloñesa y manzana roja de postre. Irse a lavar los dientes es clave en una noche de fiesta, es un tópico pero es necesario, indispensable. Vamos a mover el esqueleto al Riviera, donde finalmente se ha emplazado la White Party debido a la incesante lluvia. No sé si soy yo, pero observo a la gente progresivamente como decae en 'tajas' bastante considerables; parece que no era el único en tener esa extraña sensación de la voy a tajar mucho. Estamos de blanco inmaculados el 90% de los asistentes. La fiesta es muy interesante, en términos de ambiente, compañía y música. La gente tiene ganas de fiesta, que rezaría el anuncio. Beber y bailar, qué gran placer. A la 1 vamos para playa del Carmen, en autocar, claro. Al Coco Maya. El nombre suena bien. Mejor suena que tengamos 3 copas incluidas. De hecho, para los que fuimos a Isla Mujeres, es una contrapestración en forma de teórica compensación por el timo (palabra usada por gente cercana a la agencia además de muchos de los que fuimos) y por el descontento general que irradió tal excursión contratada. En pocas palabras, compraron nuestro descontento por tres cubatas. Hay mucha gente 'pedo', casi por los suelos, pero lo importante es que mucha alegría y felicidad. Queda poco para terminar y volver a la vida real.

En el Coco Maya, la música es espectacular, apetecible y exquisita. Se trata de un garito al aire libre que da el pego. Es lo más alternativo y especial que hemos tenido, lo menos turístico. Mezclados en el ambiente de noche en Playa del Carmen, bajo la lluvia, las notas que sonaban del DJ que te embargaban el alma y te ensimismaban a cada segundo, los cubatas poco cargados pero al fin y al cabo tres más... En un momento de la noche se me acerca un joven para decirme que quiero. Pido los dos que me faltaban por gastar y luego me reclama propina. No le dí nada porque la verdad no tenía. Me supo mal, lo reconozco. Pero hasta ahora no había comentado nada de la propina, algo que me irritaba en parte porque siempre nos decían expresamente que dejáramos propina si queríamos, a conductores, servicio de hotel, restaurante, etc. No entiendo esa cultura de ir pidiendo propina, ya que a mi entender, ésta debe ser algo voluntario que surja sin necesidad de que te la reclamen de forma sistemática. De todas formas, es su cultura y su tradición, que aunque no la compartan, les compadezco...porque es algo que han heredado y llevado al extremo de los españoles que antaño fueron a conquistar con vehemencia gran parte del continente americano. Pese a todo, aquí no pedimos propina sino que es algo implícito. Y no dejamos mucha normalmente.

Como era de suponer, esa noche bebí bastante. La líe un poco, a mi manera. Hablando quizás demasiado a amigos y siendo demasiado sincero. Supongo que el alcohol te ayuda en casos así a desinhibirte más de la cuenta pero no puedes arrepentirte, más si te lo pedía el cuerpo como algo que llevabas dentro y que quería ver la luz. Luego, aunque parezca que no, te quedas más a gusto. Tampoco creo que fuera muy tomado. Me sentía muy sereno aunque sabía que había bebido bastante. Aún así, me lo pasé bien y era feliz, mejor dicho, feliciano, e iba disfrutando de cada instante como podía. La noche acabó cayendo por su propio peso y en el autocar parecía que había cucarachas, hecho fundamental que me impide dormir con tranquilidad y sin remordimientos. Se sienta al lado una desconocida que parece simpática y que tiene mucho pecho. Cuando digo mucho, es mucho. No menos llamativo era su escote. Imposible no mirar.

Llegada al Palladium. Dormir rápido sería algo escrito de forma injusta. Me duermo algo intranquilo, con la sensación de que la he líado un poco de forma involuntaria y sin mala fe ni nada por el estilo. Noches así las he tenido de vez en mucho y supongo que si alguien lee esto pude sentirse relativamente identificado. Intuía que al día siguiente no me levantaría muy tarde para escribir un poco y tratar de recuperar la paz y la tranquilidad interior. Faltaría solo un día en el Paraíso y no era plan de que la noche de blanco diera más de sí. Un capítulo, curioso, completo y hasta gracioso en muchos momentos, que había que cerrar y poner el punto y aparte en esta aventura. Y es que sólo quedaba un día. Bueno, un día y medio.

Diario de Riviera: 13 de abril (1/2)



Me levanto con la buena sensación de haberme recuperado del agotamiento previo. Pese a todo, nadie obvia que es un madrugón en toda regla. Así que manda un desayuno rápido en el que como cereales, pastas, zumito de naranja... pues lo de siempre. Chichén Itzá nos espera; en el autocar me subo con S, X y M. Siempre queremos ir todos juntos pero como lo dejamos para el final acabamos segregados en distintos vehículos.

Nos toca una guía muy habladora y simpática. Isis. Como una compañera de la universidad. Nunca hubiera imaginado conocer a dos personas con ese nombre que emula a una divinidad egipcia. Por un momento pienso en cómo sería si en el futuro tengo una hija con nombre de diosa. Isis explica y contextualiza la cultura maya y el lugar que vamos a visitar. Muchas cosas me suenan al guía de Cobá de quien sinceramente y sintiéndolo mucho, no recuerdo el nombre. Me suena Omar pero no estoy seguro. Recuerdo que se me hacía menos pesado, tampoco era tan pronto en comparación. Hombre, pájaro, serpiente. Chichén Itzá constituye la 5ª Maravilla del Mundo con todo merecimiento, lo cual es un orgullo para la civilización maya. Es la primera Maravilla que voy a visitar en mi vida.

Los mayas eran una sociedad relativamente avanzada y organizada, dejando de lado sus tremendas desigualdes sociales y el salvajismo. Como ejemplo sabían las fechas en que se producían los dos equinoccios anuales, 21 de marzo para la primavera, iniciando el período de la siembre agrícola, y el 22 de septiembre el de otoño, coincidiendo con la recolecta. Cierto es que el conocimiento en esta y otras facetas era un instrumento en manos de las élites sociales para controlar a las capas inferiores, de forma que se usaba como herramienta de opresión y sumisión, para infundir ante todo miedo y respeto. Pueden cambiar los tiempos y pasar los siglos, pero podríamos contextualizar esto mismo en cualquier país del mundo, o como no, tomando la religión como claro ejemplo, en especial en la Edad Media en Europa. Hablando de religión, precisamente los mayas tenían nada más y nada menos que 2200 dioses de los cuales tan sólo dos eran mujeres. Como muchas sociedades patriarcales, lamentablemente, la mujer ha estado, o está, sometida al hombre.

Como después de Chichén vamos al Cenote en Valladolid, nos explica que el vocablo procede en lengua maya de ts'ono'ot (pozo). Los centoes se forman a partir de un proceso de karstificación y genera esos espacios únicos y preciosos de la naturaleza de agua dulce en una especie como de cueva o gruta al aire libre o semidescubierta. Por otro lado, en la era mesozoica un meteorito impactó en la zona de la península de Yucatán; el arena de las playas era tan fina porque estaba formada por restos de moluscos; el pláncton de la zona configuraba ese color tan peculiar del mar. Me parece que cuenta cosas sin ningún orden ni rigor, pero es interesante y útil. El saber no ocupa lugar.

Entonces llega a la figura de Yuri Valentinovich Knorozov, Yuri para entendernos. Es un personaje clave en la cultura maya ya que es el descubridor y gran intérprete de la escritura maya, con toda su simbología. Como es fundamental su figura para comprender un poco más a los mayas, nos pone un vídeo sobre él en el contexto de la evolución de los intentos de interpretar la escritura maya, desde los ignorantes conquistadores españoles. Recuerdo, porque me estaba ya durmiendo un poco, que aparece la pieda de Rosetta y el francés Champollion, principal artífice del desciframiento de los jeroglíficos egipcios. Después de españoles, hubieron franceses que intentaron dar una explicación al legado maya. Pero hasta Yuri, nada tan relevante. Me duermo algo y voy dando cabezadas. Tengo sentado a A a mi lado.

Llegamos a Chichén y apenas tenemos que esperar para entrar. Me soprende que ya estemos allí, en el inmenso valle puesto que tenía en mente la idea prefabricada de que teníamos que andar hasta alcanzar el conjunto emblemático maya. Isis habla demasiado flojo para mi gusto aunque se expresa dulcemente. La primera impresión es la de un valle enorme, extenso, que cuesta delimitar con la vista. El Templo de Kukulcán es uno de los iconos, sino el principal, de todos los monumentos presentes allí. Lástima que para protegerlo del deterioramiento progresivo ya no se pueda subir hasta arriba. Fue levantado en honor del dios Kukulcán, literalmente Serpiente Emplumada, y por ello se aprecian multitud de elementos o motivos serpentinos en el Templo con forma de pirámide. Giramos a mano izquierda para conocer más sobre el juego de pelota famoso de los mayas. El capitán del equipo ganador, del equipo que lograba meter la pesada pelota por el agujero contrario, era sacrificado. Era todo un honor y un símbolo de paso a la otra vida. Los mayas no creían en la reencarnación pero sí en la idea de renacimiento. Era el mayor honor posible el hecho de salir victorioso de la gran batalla, del partido. Todos los potenciales jugadores eran entrenados para ello, para rendir tributo y poder disfrutar de una nueva vida una vez sacrificados, pero hasta poco antes del juego no sabían quienes serían los capitanes por bando. Todos soñaban con ello, con ser capitanes, aunque parezca contradictorio. Tenemos que entender el contexto y no denegar una cultura por el hecho de honrar el sacrificio en su máxima expresión. No quiero debatir sobre ello ni crear polémicas... pero la idea del sacrificio humano ha sido una constante a lo largo de la Historia de la Humanidad y como caso más reciente tenemos a los yihadistas que deciden inmolarse en virtud de Alá, Mahoma y el Islam. Ellos, como los mayas, y aún salvando las distancias, creen en esta especie de renacimiento del alma, eterna y que se purifica una vez dejan esta vida.

En total, en toda la llanura, debía haber unos 200 edificios izados, de los cuales apenas podíamos disfrutar en la actualidad de unos pocos. Al fondo, zona de entrenamiento de soldados. Termina la visita guiada. Nos dejan tiempo libre y me voy con S a dar un paseo y hacer alguna foto para el recuerdo. El resto no recuerdo dónde iban, como a un museo que había emplazado por ahí. Me gusta mucho al lado de la zona de soldados el conjunto de columnas, ideal para una cita romántica puesto que creaba una atmósfera especial digna de permanecer para siempre en la memoria. Vemos las distintas paradas de artesanía y bisutería local. Me gustan los jaguares pero no compro nada. No me convencen los pendientes, demasiado largos, con lo que a mi madre no le gustarían. En teoría tenía el encargo implícito de regalarle algunos pendientes, que le encantan. Cuando fui a Túnez le traje unos que se pone con orgullo, ya que cabe decir que nunca he destacado por ser demasiado detallista ni con ella ni con mi padre, de quien se necesita hacer un cursillo especial para averiguar qué regalos o qué cosas le gustarían. Muy especial.

Llega la hora de salir al Cenote de Valladolid. Con muchas ganas y animados en busca del chapuzón. Somos de los primeros del grupo en llegar y tenemos la suerte impagable de podernos tirar rápidamente un par de veces de arriba, del llamémosle trampolín. Eran unos 5-6 metros diría. La primera sensación es impresionante, única e indescriptible. Quieres repetir. Fugaz y emocionante, pues apenas son un par de segundos lo que te separa desde que te lanzas hasta que caes cuán palillo en el agua fresca, que para mí eso es fría en Barcelona y en China. Lo mejor es tirarse porque nadar sin fondo, sin tocar, cansa más y parece como que juegas a waterpolo para mantenerte flotando. Para volver a la superficie había una escalerita extraída de Piratas del Caribe, con la que se puede trabajar bíceps, que a mí falta me hace. No puedo saber cuál fue mejor, si la primera o la segunda vez, sólo sé que te quedas con ganas y ganas de más. Nos hacemos, tras la segunda, algunas fotos para la posteridad en ese espacio único de la Naturaleza. Salgo a secarme y contemplo como el Cenote se ha llenado rápidamente. Ajetreo, grupos de gente para aquí y para allá. La cola es increíble para subir a rozar tu cuerpo con el vacío. Es un frenesí que la gente ansía desesperadamente, al tiempo que intenta ganar tiempo riendo y haciendo broma, porque la marea de gente es notable, como una procesión de Semana Santa o como la cola antes de entrar en Coco Bongo o en Costa si no vas por lista o anticipada. Es la hora de dejar el Cenote. El estómago ruge con ímpetu y buenos modales. ¡A comer se ha dicho!

Diario de Riviera: 12 de abril


No sé por qué no pensamos mejor la excursión de Isla Mujeres; era como si nadie hubiera reparado en que era al día siguiente de Coco Bongo. Llegué con mucho sueño a la habitación, dispuesto para dormir y sin ganas de tener que ir a la tal Isla. Vinieron S, A, M, L y C a perturbar cualquier intento de dormir y nos animaron para mantenernos desvelados. Yo estaba cabreado y de bastante mala leche, totalmente agrio y borde porque no quería más que dormir. Por dentro pensaba que ya empalmaba suficiente durante el año cuando salía de fiesta y tenía que ir a dirigir a los críos, aunque cada vez intentaba hacerlo menos, a diferencia sobre todo de hace dos temporadas.

Así las cosas, sin dormir ni nada parecido (unos diez minutos con los ojos cerrados), bajamos a desayunar y me llevo cereales de provisiones para la jornada. Estaba muy cansado por el sueño. Me subí en una Van que nos llevó hasta la zona marítima de Cancún. Parecía que la zona sufría una resaca tremenda, mayor que la acumulada entre nosotros. Era como si fuera otra ciudad de la noche a la mañana, totalmente cambiada y distinta. Dos mundos en uno, dos realidades.

Lo que fue una realidad de mal gusto fue Isla Mujeres. Yo me pensaba que sería una Isla a lo Lost, virgen, salvaje y no un espacio cutre, cursi y turístico con una pequeña entrada al mar para bañarse, una piscina de dudosa limpieza, un chiringuito en el que servían a destajo, muchas hamacas para freírse literalmente al sol, un restaurante por llamarlo de alguna forma con comida nada exquisita... Quizás me estoy excediendo con las críticas y la descripción, sesgada por los efectos de no dormir. Los que habían contratado los delfines, snorkel aparte, lo disfrutaron mucho más. Pero también era más caro.

Con todo, el barco estuvo bien. En la ida, cuando navegábamos rumbo a Isla Mujeres, estaba el ambiente tranquilo y poco animado. Los rostros de la gente reflejaban situaciones similares a las mías. Estábamos todos comentando casi lo mismo. Hacía mucha calor. La vuelta, lo más deseado de la excursión porque todos queríamos abandonar la Isla de Port Aventura, mejoró bastante y se convirtió en una especie de Boat Party, que pese a la lluvia que saludó a mitad de trayecto, no desincentivó el consumo de cerveza ni la fiesta. La Boat Party formaba parte de las actividades programadas para la excursión, y si bien uno siempre se imagina una fiesta en un barco en plan lujo y ocioso, lo pasamos realmente genial. El cansancio por momentos se desvaneció y aquello era un festival. Incluso el maya que servía las birras se subió a una especie de tribuna improvisada para marcarse unos bailoteos. La gente estaba flipando colores al tiempo que no dejaban de beber y beber.

Ya de nuevo en Cancún, nos espera la Van para llevarnos de regreso al Kantenah. Durante el camino me llama la atención una publicidad estática en la que aparecía algo así como Hero y un pollo. En el hotel presidía la noche, imperial, y tras la ducha cerimonial fuimos a cenar. Pasta para variar un poco... Era la última noche de L entre nosotros puesto que volvía al día siguiente para Boston a proseguir sus estudios en Bentley. Siempre que recuerdo a L en Boston me vienen a la mente en un santiamén las fotos de los dulces y pastas -más allá de los famosos muffins- que cuelga en face. Me hubiera gustado quedarme más tiempo e ir a la discoteca para despedirme como dios manda pero estaba tan agotado y los últimos días había hecho un esfuerzo adicional tras la fatídica segunda noche, que no podía sino desear coger cama para recuperar energías y prepararme para el Chichen Itza y compañía. Así que a las 12, como los abuelos, ya no pude más y la cama me abrazó profundamente y con cariño. Entonces la almohada me confesó al oído que me había echado de menos, mi fragancia, el tacto de mi pelo y esa manera peculiar de cogerla y hacerla bailar lentamente una balada mientras dormía.

26.4.10

Barça: una nueva cita con la Historia


Hago un parón en los Diarios de Riviera por un motivo especial y único. Hoy voy a apelar al sentimiento culé y a la pasión azulgrana por encima de cualquier tecnicismo táctico y análisis medianamente objetivo del partido de vuelta de semifinales de la Champions League entre Barça e Inter.
Este miércoles el Barça ha quedado de nuevo con la Historia. Si existe un equipo capaz de sobreponerse a las peores circunstancias, que puede tergiversar los cimientos de todo el fútbol europeo, ese es el equipo dirigido por Pep Guardiola. Un equipo que ha demostrado que se puede tocar el cielo con los dedos, que la gloria es posible en una temporada perfecta. Un equipo por encima de todo, que ha persistido y luchado por un ideario, una filosofía futbolística. No solo así se lograron 6 títulos en 2009. Así también, muriendo por la causa del buen fútbol, se eliminaron de la Copa del Rey este año en el Pizjuán, con la cabeza muy alta. Es precisamente ese verbo, el persistir, que el propio Pep enfatizó el día de su presentación, que desde la distancia se aprecia ya como lejano por todas las emociones vividas estos últimos meses.

El Barça ha sido capaz de disputar 4 semifinales de Champions en los últimos cinco años. Es algo increíble. Podemos incluso afirmar que estamos acostumbrados a grandes actuaciones los últimos años en la máxima competición por equipos en Europa y que parece mentira que hasta 1992 no se ganara la primera Copa de Europa, rompiendo definitivamente el maleficio. La Historia del Barça es más que centenaria pero el grueso importante de títulos empieza a estallar a partir de inicios de los 90 con Cruyff de entrenador, y hasta nuestros días.

Si existe un equipo sinónimo de universalidad, ése es el Barça. Con sus orígenes y raíces, ese ejército simbólico desarmado de Cataluña según Montalbán, acotado de forma exquisita y original, hasta el patrocinio de Unicef, confirman la tesis ampliamente extendida y demostrada que el Barça és més que un club. No se trata de un eslógan publicitario sino una marca registrada que recoge unos valores de vida que van más allá de lo únicamente futbolístico y deportivo; es una manera de afrontar la vida con fidelidad y pasión a unos colores, a lo blaugrana.

Esa sensación que uno siente al empezar a escuchar las notas del Himno cuando los jugadores saltan al césped del Camp Nou es algo que sólo se puede sentir cuando amas al club. Esas lágrimas que bajan por tu cara cuando ves de nuevo el golazo de Iniesta en Stamford Bridge, sólo son posibles si amas al club. Cuando se te pone la piel de gallina con los goles de Koeman en Wembley, los de Eto'o y Belletti en París o los del mismo Eto'o y Messi en el Olímpico de Roma, es que amas al club. Esa alegría sumamente emotiva al ver abrazados a los jugadores celebrando título tras título y manteando a Pep en la capital italiana, es porque amas al club. Cuando no puedes pensar en otra cosa que en el partido del Barça cinco días antes, es porque amas al club. Sucede con el Barça eso de amar y ser amado porque los éxitos son compartidos. Si el club gana, todos ganamos. Somos felices. Porque amamos el Barça, su historia desde 1899 hasta este 2010 post-sexteto. Vivimos cada partido de nuestro equipo como una final, deseando que llegue el momento que empiece a rodar el balón porque no concebimos la vida ni el fútbol sin el Barça.

Perquè estimem uns colors i ens sentim blaugranes. Som i serem culers per a tota la vida. Estimarem al Barça tota la eternitat i lluitarem i animarem el nostre equip fins la fi dels temps. Perquè ser culer és una responsabilitat i una obligació, un compromís adquirit amb una bandera i un escut, amb una forma particular d'entendre la vida i el futbol.

Pase lo que pase este miércoles estaremos orgullosos del equipo porque sabemos que lo van a dejar todo en el campo. Ahora sí, aprovechando el marketing, "Ens hi deixarem la pell". Empezando por los aficionados, desde los que podrán disfrutar de la ocasión en las butacas del estadio, a los que estaremos o en casa o en el bar, en cualquier sitio y punta no solo de Barcelona y toda Cataluña, sino España y el mundo, porque el Barça, repito, es sinónimo de universalidad.

Aunque tiemble Madrid, parte de España y parte de Europa si el Barça llega a la final del Bernabéu, y aún teniendo los intereses mediáticos de esas partes en contra de los intereses culés, si existe un equipo que es capaz de superar todo tipo de barreras y límites con el balón en los pies, ése es el Barça.

Sólo un equipo en la Historia ha logrado el hito de una temporada perfecta, pero para seguir escribiéndola desde el más elevado de los altares futbolísticos, cabe seguir ganando y desafiando a cada rival, partido tras partido. Este miércoles todo un sentimiento y una pasión estarán bajo un manto de emociones y un sueño: remontar para volver a una final de Champions. Será complicado, muy complicado en realidad, pero si existe un equipo que es capaz de dar lo mejor cuando se le exige, ése es el gran Barça.

¡Visca el Barça!

Diario de Riviera: 11 de abril (2/2)


Descanso merecido. Una parte inexplorable del Paraíso aguarda para esta noche. Ducha templada tirando más bien a caliente. Me encanta sentir el agua a temperatura ardiendo sobre mi cuerpo excepto en esas ocasiones en las que te levantas con mucha resaca o que apenas duermes porque vas a empalmar, ocasiones en las que el agua fría viene como anillo al dedo.

Nos engalanamos y adornamos lo mejor que podemos para estar a la altura. Decido como tenía ya planeado antes de subirme al avión que iría de oscuro esa noche. Me veo bien en el espejo. Mi madre hubiera dicho que era un presumido y que estaba muy guapo. "Has salido a mí", pude oír en la distancia y pese a la diferencia horaria. Axe Dark Temptation y CH 212 Sexy for Men combinados como en los últimos tiempos en las dosis habituales. La clave es contrarrestar no solo el eventual humo del tabaco que siempre es un engorro sino tratar de dejar una buena impresión a todo el mundo mediante un olor característico que te identifique, distinguiéndote del resto. Es muy agradable ver cómo al día siguiente tu ropa sigue oliendo al perfume.

Cenamos a la japonesa aunque en mi caso es un decir ya que aún no me atrevo a comer normal del todo. Mucho arroz tengo eso sí, lo cual ya me viene muy bien. Tampoco puedo beber alcohol en teoría así que no es problema si no como mucha cantidad. Es una regla de oro comer bien si la quieres tajar, así de claro y rotundo. Como algo del Yakitori con salsa agridulce, un poco; parece que está muy rico aunque mi estómago aún no da mucho más de sí. Termino de comer y voy rápido a la habitación para cepillarme los dientes, fundamental tratándose de una noche de fiesta.

La gente apura la llegada de los autocares para beber y ya tratar de ir algo puesto, contentillo que se diría. Nos subimos finalmente a uno y el ambiente ya desde el inicio parece gélido para lo que se presume sería la ocasión. Sabemos que hay un trecho hasta Cancún, que está relativamente en Mordor, pero intentamos alegrar la atmósfera con canciones y sobretodo cánticos. Algunos están sobando, literalmente. Lo que hay que ver... Nos distraen con música por las pantallas; las canciones se repiten un par de veces. Al fin llegamos a Cancún. Parece como Las Vegas en miniatura (aunque no he estado allí, lo comento por un estudio que hice de la ciudad y por referencias de amigos que han estado). Muchos hoteles, muchas luces llamativas, ambiente festivo y sensación de vicio y exceso por los cuatro costados. Un entorno irreal en el que todos los fantasmas se disfrazan en trajes de neón y mucha música. Coco Bongo nos recibe.

Tardamos bastante en entrar debido a la cola causada sobre todo por los controles de seguridad de la discoteca. La primera impresión es ambigua; me deja algo frío y contrariado. Es como si hubiera entrado en un circo más que en otro lado que hubiera imaginado como Coco Bongo. Bullicio, incapaces de apenas dar unos pasos por el ruedo, todo parece que va a ser como una estafa, sin exagerar mucho. Nos miramos extrañados y rajamos un poco de la organización. Pero rápidamente las primeras sensaciones se evaporan. Resulta Coco Bongo una combinación de espectáculo y música, un show completo e intenso que te conquista con facilidad desde la primera actuación a la última. Acabaría siendo una de las mejores noches de mi vida y de las que mejor recordaré para siempre, seguro.

El montaje precedido con la música de Gladiator definitivamente me pone a tono y me lleva a un noveno cielo, si a caso se puede subir tan alto. La Máscara, Piratas del Caribe... Recuerdo efusivamente el welcome to the jungle del imitador de Axel Rose, simplemente tremendo. Es indescriptible, por momentos, todo lo que llegué a sentir en esos instantes. Estaba encantado y embobado, sumido en un mundo ajeno a la realidad que se debería ir cociendo en la calle. El Michael Jackson, el Spiderman contra el Green Goblin... es que cada una de las actuaciones era icreíble. Luego la música era muy buena para mi gusto. Estallé ya de alegría con las tres canciones seguidas de Lady GaGa, que es una especie de fetiche en el mundo musical para mí por motivos que se desconocen y es algo que no se puede explicar de forma racional.

La música, los shows, creaban un ambiente apoteósico y único, pero la compañía aún era si cabe mejor que todo aquello y por eso la noche iba a ser fácil de retener en la memoria para la posteridad. Especialmente cuando sonó el New York, New York de Sinatra, el mundo de repente se paró bajo mis pies y simplemente volaba sobre una nube de sensaciones y sentimientos intangibles que solo se alcanzaban con el poder del corazón, con la felicidad máxima de esos instantes irrepetibles, quedados para siempre en el inconsciente para ser evocados y reflejados en momentos como éste. Fue solo un detalle de una noche genial que acabó mejor de lo que empezó. Fueron las vitaminas necesarias para recuperarme del todo e incluso como llegué a tener mucha sed decidí ir a beber un cacique cola (tenían ron).

Y terminó mejor de lo que esperaba porque la vuelta se hizo muy corta. Era como si al regresar el camino hubiera sido otro. Supongo que era de los pocos que volvía sin pegar ojo en el autocar. Observando a mi alrededor se intuían ronquidos y cansancio acumulado, síntomas de borrachera no exagerada en la mayoría de los casos y los efectos de una noche de feliz desgaste. Valía la pena acabar así tras una velada como aquella. Si hubiera pedido un deseo para terminar una de las noches en Riviera habría deseado algo parecido sino idéntico a la vuelta del Coco Bongo. Son de esos momentos que sabes que serán irrepetibles por sí mismos y que la magia precisamente de ser únicos les configura ese conjuro especial que rodea todo lo eterno que guardamos en nuestra memoria como buenos y bellos recuerdos. Podría decirlo todo y nada con palabras, tratar de explicar como me sentía, pero solo expresando que no hubiera cambiado todo aquello por nada del mundo creo que sería lo más justo, o lo menos injusto mejor dicho, para intentar mostrar con palabras cuán feliz me sentía al final de esa noche.

Quizás un 11 de abril como cualquier otro para mucha gente pero en mi caso ya decidí guardarlo en un rincón especial. Días, noches como ésta que todos hemos tenido y tendremos para conservar con cariño pase el tiempo que pase y suceda lo que suceda; puesto que esos momentos de felicidad que todos hemos podido disfrutar en un 11 de abril o cuando sea nadie nos los podrá ya robar ni quitar.

Diario de Riviera: 11 de abril (1/2)


Hoy toca Cobá. O tocaba. Como aún tenía las dos manzanas del día anterior por morder, decido desayunar una de ellas tras ducha. Sigo bebiendo el suero oral que D me prestó. Me encuentro algo mejor y sobre todo más animado. Hago mejor cara y me propongo ir. Siento que debo ir a la excursión más allá de que la hubiera contratado y el dinero.

Me cuelo en el mismo autocar que N y sus amigos, L, C, E, M, J... Me siento junto a C, la novia de J. J no está en ese autocar. Conmigo la botella rellena de suero, una botella de agua, la gorra de los Red Sox que G me trajo de Boston y las Aviator. Le cuento a la gente sentada cerca mío qué me había ocurrido realmente hace dos noches y toda la historia del hospital. Durante el trayecto, atravesamos pequeños poblados mayas. Curioso observar las canchas de baloncesto cuando los mayas son precisamente bajitos y aman al fútbol por encima de otros deportes. Lo del baloncesto es claro... la influencia de los Estados Unidos está patente en México. Hacemos una parada de rigor a mitad de camino más o menos. Lo hacen con la intención también de que consumamos y compremos algún recuerdo. No deja de ser turístico todo junto.

Llegamos finalmente a Cobá. Justo antes hay una tirolina para bañarse con cocodrilos. Nadie lo estima adecuado, de momento. La temperatura es extrema. Unos 40º comentan, realmente hace mucha, mucha calor. Tenemos que andar un poco hasta llegar a las ruinas, y nos ofrecen la posibilidad de ir en bicicleta. Pienso que se pierde el encanto si no vas andando. La magia no estaría presente. Con todo, el camino me lo imaginaba más espeso; la selva más frondosa. Estaba todo muy bien habilitado y abierto, sin que diera la sensación de estar realmente en la salvaje jungla.

Nos hacemos alguna foto en una primera zona de ruinas. No recuerdo mucho las explicaciones ya que no estaba muy al tanto, lo reconozco. Tomo nota en mi mente del juego de pelota maya y de tener que pasar la pelota por el aro para salir victorioso. El fútbol de la época muy cargado de emotividad y sobretodo, mucho simbolismo. Un poco más allá, tras caminar ya una media hora si no me equivoco en los cálculos, alcanzamos la especie de pirámide que resta en pie, debilitada pero accesible. Tanta calor hace que nos hidratemos mucho, es esencial. El camino en verdad se ha hecho breve porque iba conversando agradablemente con todos los conocidos con los que me topaba o estaba.

Escalar hasta arriba del todo es muy sencillo. Confieso que tengo vértigo y que prefiero no mirar hacia abajo. Las vistas son majestuosas, preciosas. El horizonte muestra su más sincera y pura belleza más allá de los límites de la física. El espacio y el tiempo se funden en una dimensión de felicidad y tranquilidad desde las alturas. Se respira un aire sincero ajeno a toda complicación. Me hago varias fotos allí arriba, alguna de las cuales quedará para la eternidad como marco inconfundible, como un recuerdo único e irrepetible. Grabo en la memoria esas vistas hacia el más allá, hacia ese destino que se dibujaba a lo lejos tras la densa arboleda.
Bajar me resulta extremadamente banal y hasta bonito. No es como el miedo escénido a bajar en bicicleta por culpa del accidente en el pueblo hace unos veranos. Volviendo al tema, la mayoría muestra precaución bajando. Lógico. Yo le cogí rápido el truco y es que además estoy acostumbrado a todo tipo de escaleras y a subir o bajarlas a oscuras, aunque se trate de escalones más ordinarios, nada que ver con piedras irregulares que esperan a la mínima para dejarte en evidencia, o ridículo. Al bajar veo a L y me cuenta que no ha subido porque tiene vértigo. Yo me he hecho el valiente y he superado la prueba, el desafío que me había planteado. Éxito. Conozco a M, una amiga de N, muy simpática. C me cuenta que el año que viene empieza Políticas en la Pompeu. Yo les digo a C y M que mi intención es acceder al segundo ciclo de Periodismo también allí.

Regresamos por la misma senda que la ida hasta el autocar. Hablo mucho con L y nos hacemos un par de fotos muy guays, como ella diría, hasta que llegamos al autocar. En el asiento, algo incómodo, estoy escribiendo las notas básicas para el diario. Luego, la memoria y el recuerdo añadido de esas notas que reflejan unos momentos y situaciones determinadas, hacen el resto, el resultado. Nos ponen además un capítulo de Yo soy Earl para distraernos y reírnos. Puro surrealismo. Antes, vídeos de caídas y graciosos de todo tipo para amenizar la vuelta.

Llegamos al Kantenah y me despido de la gente. Me noto algo mejor en comparación con el día anterior. Decido comer algo nuevo además de arroz suave con algún ingrediente más (arrox a la mexicana). Un poco de pollo a la plancha recién frito. Me apetece y me entra bien. Sobre todo sé que estoy animado. Ir a Cobá me ha reconfortado, además de ver y hablar con N, que siempre ayuda. Esta noche a morir si cal con la cabeza muy alta... porque CocoBongo es imprescindible, tengo que ir sí o sí porque seguro que será tremendo. Después de comer, me relajo en la playa un poco. El sol ha caído y el aire no es del todo cálido, aunque no molesta en exceso. La gente intenta apurar gramos, centímetros de ese sol apenas palpable entre la brisa marina y el horizonte.

Estas palabras son escritas entre amigas, algo apartado del núcleo. Cócteles a mi alrededor, vasos vacíos, todo lo que viene y va y lo que está por llegar. ¿No existe el sol ahora? Parece que quiere amagar con irse y volver. Siempre volverá. Siempre. Volveremos, a escribir.

25.4.10

Diario de Riviera: 10 de abril


Nos levantamos muy tarde, ya a la hora de comer. Apenas tengo apetito. Bajamos para comer algo rápidamente antes del clásico entre los clásicos. El teatro del Colonial ya está listo para el evento multitudinario con las sillas dispuestas y las dos pantallas gigantes. Al llegar al teatro me encuentro con N y hablamos agradablemente. Le cuento qué me había sucedido la noche anterior y ella me dice qué por qué no le había avisado ni nada. Que me hubiera cuidado y acompañado de mucho gusto al hospital. Alego que no quería que se preocupara ni impedir que se lo pasara bien una noche en Riviera solo por estar cuidándome mientras yo andaba medio moribundo. Tampoco me hubiera gustado que ella me viese así en el fondo...
También comentamos la llamada de X a su habitación mientras yo empezaba a encontrarme realmente mal y sufrir los efectos del virus. Nos reímos mucho y le digo que seguro que le encantó. Además, cuando su amiga L se puso al teléfono y X le dijo que no le podía decir quién era, L no puso objeción alguna, como si allí fueran habituales este tipo de misterios. Realmente una de las pequeñas anécdotas graciosas de aquél día. Recuerdo ahora mejor esos momentos y cómo ya encontrándome mal sonreía y flipaba un poco con el descaro de X, en el buen sentido. N se indignaba por la falta de privacidad en lo que a número de habitación se refiere, y es que desde recepción hacían una buena labor para facilitarlos amablemente y sin coste alguno.
Voy a comer algo; pido que me hagan un arroz blanco. Tardan unos 20 minutos. Sé que me perderé algo de partido al inicio. Como muy poco arroz porque no tengo hambre; bebo algo de agua y me llevo dos manzanas para cuando rugiera el estómago, si es que eso iba a suceder. D me ha traído un sobre de suero oral, la principal causa de que me tuvieran que ingresar. Y es que si hubiera habido suero oral en el hotel o me lo hubiera prestado el médico no tendría que haber pasado por el hospital. El suero oral es la clave para continuar con la hidratación. La gente me dice que me ve la cara más huesuda y que parezco más delgado. ¡No me extraña!

Así que con dos manzanas voy a mi localidad en el teatro, ya con el partido comenzado. Como tengo a D al lado, compartimos e intercambiamos impresiones mientras avanza el partido. Comentamos la jugada que se diría coloquialmente. El partido en la primera parte se muestra evidentemente táctico y un juego mental en el que el respeto y el miedo a perder forman una unión indivisible. Hasta que el Barça impone algo más de ritmo y estilo e inclina el campo. Así tras un pase magistral de Xavi, Messi define con clase tras superar a Albiol en el 1x1 y por raso a Casillas. Descanso. Aprovecho para hablar más con N. Me dice que estaba matando moscas. Yo le contesto que son indicaciones de por dónde tenía que ir la jugada, el balón y movimientos tácticos. Pienso entonces que debo matar muchas moscas mientras entreno y dirijo a los pequeños en el Bosco. Envidio sanamente a N por estar bebiendo cerveza como la mayoría allí presente. Si hubiera estado bien de salud era de esos días que seguro que yo la liaba parda. Me encanta charlar con N y también su sonrisa. Se queja también, como muchas chicas, de la humedad allí y cómo afecta al cabello: efecto Mufasa. El descanso pasa más rápido que de costumbre y volvemos a la faena. Casualmente, resulta que tenía un amigo merengue de N detrás, C. El típico merengue fanfarrón de toda la vida, pero que parece majo, como realmente acaba siendo. Todos tenemos defectos, claro...

La segunda parte es un reflejo de superioridad del Barça en casi todos los niveles. Cierto es que Valdés para algunas ocasiones de mérito pero el Madrid se muestra inferior, incapaz de superar al Barça empezando por el plano psicológico, y ya no digamos tácticamente. Guardiola pasa por encima de Pellegrini en planteamiento con la variante de Alves y Maxwell como interiores en cada una de las partes, Keita por banda izquierda y dejando a Messi como referencia arriba, con mucha libertad. Así llegaría el segundo gol, obra de Don Pedro, que siempre aparece cuando se le ne necesita y que tiene el don, valga la redundancia, del gol. Siempre está en el lugar y en el momento adecuado. Termina el partido 0 a 2. Supongo que habré matado menos moscas que en la primera parte. El ambiente en el teatro es tremendo con el 95% azulgranas. C, el merengue, dice que la liga aún será blanca, que era para darle más emoción la derrota de hoy. Típico comentario de gente que lee el As o el Marca o de tertulias de Punto Pelota. Ojalá no se salgan con la suya. De momento, +4. Aunque todos tememos la visita a Cornellá porque los pericos son la filial del Madrid por antonomasia...

Me despido de N y el resto, estando ya todo el mundo en un estado febril y enloquecido, con los ojos ya de tajilla por las cervezas, daikiris y cualquier cosa medianamente bebible. Cualquier cosa hubiera servido para celebrar una victoria en Madrid del Barça. Y más estando tan lejos, en Riviera Maya. Me voy a descansar a la habitación aunque antes tengo que ver al doctor para los medicamentos. En total tres medicamentos a tomar en los próximos 3-5 días. Seguro que me pondré bien aunque no me tome esos antibióticos. El día para mí, desgraciadamente, no da mucho más de sí. Estoy muy contento por la victoria, porque ya no vomito, porque he podido ver y hablar con N y porque todo el mundo, incluso gente que no trato tanto con ellos, me ha preguntado qué tal estaba y cómo me encontraba. Que se habían enterado que algo me había pasado y mostraban su interés y preocupación.

Justo cuando pensaba en esto último, al llegar a la habitación, me emocionaba y me alentaba a recuperarme lo antes posible. Era bonito ver cómo la gente te preguntaba y te animaba para estar a tope pronto. Con esas buenas sensaciones y con la mente puesta en ir a Cobá el domingo así como a CocoBongo Cancún por la noche, me fui a dormir. Necesitaba dormir y descansar para que milagrosamente recuperara todo lo que había perdido las últimas horas. Invoqué al Espíritu Santo, es un decir, para ponerme bien. Mañana sería un nuevo día.

23.4.10

Diario de Riviera: 9 de abril (2/2)


Como no mejoraba sino casi todo lo contrario y estaba deshidratado totalmente, H y X hicieron todo lo posible para conseguir que viniera un médico. Tuvieron muchos trámites y problemas con las de la agencia, que inicialmente se pensaron que había agarrado un coma etílico y que sería desde luego trivial, no algo ciertamente serio y preocupante. Viene finalmente un médico, muy majo y simpático. Se muestra tranquilo y paciente para no alarmar. Recuerdo que me acaba pinchando en el culo con una aguja, algo vasto, me cuentan luego. Apenas noto nada. Por no sentir, no me noto ni a mí mismo. Mi conciencia está en otro lado y las pocas fuerzas que me quedan las intento concentrar en algunas imágenes y recuerdos vivos como la sonrisa de N. Me cuenta que me tienen que trasladar al hospital porque estoy deshidratado y que allí me inyectarán en vena lo que necesito. Recuerdo algunos masajes en la zona abdominal y que me tomó la temperatura. Había tenido seguramente fiebre en alguna fase. La ambulancia está en camino.

Llega por fin. Me subo a ella con X. H se queda a dormir en nuestra habitación y le dice a X que en cuanto sepa algo que le envíe un sms a mi móvil, que se queda con ella haciéndole compañía mientras se cargaba. Me sabe mal en esos momentos porque sé que algunos amigos y amigas no se han ido de fiesta por mi situación y porque estaban muy preocupados. Aunque creo que algo más ha debido ocurrir. Hubo momentos mientras aún no había llegado el doctor que me había derrumbado en la cama estirado, hasta el punto de llorar desconsoladamente. Me daba vergüenza llorar delante de ellos allí, pero estaba desalmado profundamente y sin fuerzas; me sentía tan débil que no podía ni frenar las lágrimas. Todos se portaron tan bien conmigo esa noche... y sé que los que me conocían que no sabían aún nada también hubieran hecho lo mismo.

En la ambulancia me estiran en la camilla y ya me prestan la primera dosis. La enfermera que está conmigo es muy maja la verdad, muy corpulenta, ya no digamos en comparación conmigo. Voy recuperando a pulgadas el color y el ánimo. Al llegar al hospital me encuentro algo mejor dentro del estado, por decir algo. Bromeo con que no tenía pensado ir de excursión al hospital, en lo que será reconocido en el ambiente como el Pack 4 de Excursiones, que incluye Hospiten. Sé que me hacen alguna prueba y me preguntan por mi situación, qué me había ocurrido y todo eso. Recuerdo básicamente que me iban a hacer una analítica para ver si se trataba de algo vírico o de algo no vírico. Si era vírico, podría regresar en unas 4 horas al hotel. Si no fuera vírico debería permanecer ingresado allí en observación casi todo el día siguiente. X y yo pensábamos en el Madrid-Barça y nos aseguramos de que hubiera televisión en caso que la visita al centro hospitalario se alargara inevitablemente. Al final, algo vírico. Mucho mejor. Solo me tuvieron que inyectar electrolitos en cantidades industriales, los cuales mi cuerpo no paraba de chupar y chupar, hasta que me pudieron dar el alta. Fueron unos 3 litros y medio o algo así que intravenosamente mi cuerpo admitió. Logré dormir algo aunque me sentía bastante incómodo en la camilla de un hospital. Con lo aprensivo e hipocondríaco que yo soy... ¡Quién me iba a decir que acabaría allí! X se quedó sobado en la habitación de al lado, profundamente. Estaba muy cansado y había hecho mucho por mí. Recuerdo entonces que había tenido la tensión muy baja, excesivamente baja para alguien relativamente sano y deportista como yo. Fue el único momento que me asusté porque combinaba arritmias con baja presión.

Finalmente llegó la hora, me dieron el alta. Últimos trámites; me dieron los informes con los resultados de los análisis; factura. La simpática enfermera cuyo nombre no recuerdo (el de la doctora era D), me colocó una tirita gigante para ocultar el punto en el que me pincharon para rehidratarme. Me sentía mucho mejor y más animado, aunque tremendamente exhausto. Ese día había durado demasiado y no había terminado como esperaba. El taxi aguardaba en la puerta para regresar al Kantenah. La ventana de delante estaba abierta y el aire salpicaba de lo lindo, aunque no me molestaba. Me sentía único y en mi mundo, como si hubiera estado levitando toda la noche, sin pegar ojo, más cerca de otro mundo que el que dicen de verdad.

Ya en el hotel, parecía que todo había acabado. Dormimos hasta bien tarde, ya entrado el mediodía y la hora de comer. Aguardaba en el horizonte más cercano el partido, no uno cualquiera, del Barça.

Diario de Riviera: 9 de abril (1/2)


Me levanto 'pronto'. Desayuno de buffet. Hay de todo y con muy buena pinta. La boca se hace agua por momentos. Croïssants, zumito de naranja. Algunas pastas con chocolate. Pasables, de esas que tienen mejor pinta que sabor. Ya suele ocurrir con muchos dulces. Me hago un sandwich de nutella. Qué buena está... aunque confieso que yo de pequeño siempre tomaba Nocilla. Al llegar a la uni y recordar cosas de pequeño me acusaron de infiel, es un decir, por no ser de Nutella. Hasta que un día varios de nosotros nos embarcamos en una aventura de crepes con nutella. ¡Qué escándalo! (de lo rico que estaba) También había crepes por cierto en el buffet. Tras el desayuno rico en bollería, a lo cual mis compañeros de habitación me miraban extrañado por desestimar manjares calientes tipo huevos o salsichas, cualquier cosa, nos fuimos a la charla de la agencia, de la cual no hace falta que haga publicidad, de momento.

Muy simpático y cachondo el animador, bastante abierto de mente, muy calenturiento. Habla abiertamente de algunos presuntos gays de la agencia, o llamados por él, "de culo alegre". Al final contratamos una nueva excursión, la de Isla Mujeres. Te lo pintan muy bien, como una isla virgen estilo Lost donde podrás disfrutar mucho además de gozar de una Boat Party (muy bien pronunciado este último vocablo anglosajón por los nativos, hace sonreír). De todas formas creo que los Jeeps es la excursión adicional estrella sin ninguna duda. Veremos si acertamos o no apostando por una y renunciando a la otra. La vida al fin y al cabo se basa en tomar decisiones y equivocarse es una posibilidad tan presente...

Vamos a la playa. Mucho sol. Pega que da gusto. Me he protegido la cara de buena mañana con superprotección, la cual me impedirá parecer moreno de cara. El cuerpo me lo protego menos en comparación. Pero todo tiene una explicación. Debido a los problemas de piel, desafortunadamente, pura genética, no puedo exponer la piel de la cara al libre albedrío al solano. Una lástima porque yo de pequeño era un poco gitanillo, y de siempre en verano a poco que me daba el gran astro ya me ponía hiper moreno. Cuestión de tener sangre materna andaluza en las venas. Mi madre también era muy morena de joven. Pero eso no significa que estemos sufriendo un proceso similar regresivo a lo Michael Jackson, que en paz descanse. Así que es normal si estoy siempre relativamente más moreno de cuerpo, brazos y piernas sobre todo, que en la cara.

Jugamos a voley. Primero con D y A, una chica desconocida y enigmática de la cual intuimos su nombre porque cuando nos lo dice realmente no lo entendemos. Luego el grupo se amplia y somos muchos. Al lado están N y su amplio grupo de amigos de los cuales solo conozco a O y P. No damos muchos toques seguidos y al sopapo en realidad nos aburrimos. Ha venido F con alguna amiga suya. Comentamos con X y J que es como si a F y sus amigas las viéramos a cada momento en cada rincón del complejo hotelero. Llega la hora de comer después de demostrar que había poca calidad jugando a voley, y no hablo por mí, que me defiendo bastante bien con cualquier deporte porque soy un emocionado de la vida y el deporte para mí es sinónimo de competición y de hambre por ganar. Como tallarines y lomo a la mostaza con patatas fritas. De postre una manzana. Me noto excesivamente lleno, digestión pesada.

Aprovecho un ratito para hablar con mis padres. Confundido, pienso que es jueves y les comento si estaban viendo Águila Roja. Quizás se piensan que ya iba ebrio. Me voy hacia la piscina y me encuentro a una de las dos mujeres de la agencia, la de las mechas, que me comenta los planes de la noche de ir al Blue Parrot en Playa del Carmen. Me propongo e intento movilizar al personal. Hablo con varios y voy de aquí para allá, picoteando cuán abeja en busca de néctar. Al final parece que da sus frutos y la gente está muy animada. Me baño; se está de lujo. Me pido un cóctel, sumado a alguno por la mañana que ya no me había gustado. Es como si no me entraran los cócteles. Echo demasiado de menos los cubatas. Los cacique cola. Tras el baño me voy a cambiar para jugar a fútbol un partido. Me empiezo a notar algo desorientado e ido. Como mareado y con náuseas. Aún así voy a jugar. Solo aguanto media hora, sin que se note que parecía un poco raro. Juego bien, me siento cómodo jugando y sorprendo positivamente a G. G y yo lo hemos petado el rato que hemos estado jugando juntos. Entonces decido volver para la habitación porque ya sí que no me encuentro nada bien. Me siento raro y apenas puedo mirar fijamente a nada sin sentirme mareado. Me encuentro con M, que me nota extraño. Nuestros camino se separan al llegar a mi zona, ella sigue rumbo hacia su habitación. Por cierto, había muchos mosquitos en el campo pero ya no me preocupaba demasiado dado mi estado.

Llego a la habitación; estaban J y X, que me miran y algo no les parece del todo correcto. Ven algo en mí que les asusta. No parezco yo... Me ducho para ver si se me pasa. Solo era el principio. La sensación de mareo y náuseas rápidamente se traduce en múltiples vómitos y deposiciones que me dejan en el dique seco, sí, totalmente deshidratado. Llega el momento que hasta el agua lo vomito acto seguido de beberla. No puedo recordar como me sentía porque soy incapaz. Es como si en aquellos momentos el tiempo se hubiera parado y no podía sentir dolor. No me dolía el estómago, solo las extremidades inferiores y me notaba muy cansado. Estaba más allí que aquí. Moribundo, se trataba de un blancazo en toda regla. H, J y X me cuidan de lujo desde el principio. Cuando van a cenar, G e I vienen porque se habían enterado que algo me pasaba y dado que G me había visto cómo me iba raro tras jugar a fútbol con él. G se porta muy bien conmigo pese a conocernos de apenas unos meses. Es una gran persona y agradezco todo lo que hizo por mí esa noche. Luego H y X vuelven con J, que al final se va para que no hubiera tanta gente en la habitación y poder estar yo más tranquilo. Así que H y X están conmigo todo el tiempo; se une un momento K, que la pobre va muy borracha y aunque lo hace con muy buena intención, me perjudica más que ayudar, pese a que agradezco sus ánimos y energías, que no su olor a alcohol que realmente me mareaba más aún.

21.4.10

Diario de Riviera: 8 de abril


Jueves 8 de abril. Me vienen a buscar a mi calle con puntualidad exquisitamente británica. 8,41h de la mañana. La Ronda Litoral está colapsada del todo pero llegamos sobrados de tiempo al Prat. Amigos fumadores que aprovechan el tiempo de espera. Fuera hace rasca.

Facturamos. La mujer es simpática y agradable. Tomamos un tentempié en Il Caffe di Roma, muy caro por cierto. Entonces pasamos por el duty free a mirar y regodearnos entre perfumes. Antes, L se percata que había olvidado el reloj tras el control de seguridad. Lo recupera sin problemas. Ya entonces estamos listos para embarcar.

Rapidez es lo que destaca en el vuelo hacia la capital. Madrid, la Meseta, paisaje rural, pura y dura llanura desde las alturas. Campos, pocas construcciones en los aledaños de Madrid. La sierra de fondo nevada. Recuerdo a las víctimas del atentado de la T-4. Llegamos y directos a la terminal de salida. Larga pero animada. "Que no es lo creéis, que es un 2 a 6", grito al llegar para calentar el partido del sábado en territorio hostil. Algún comentario jocoso más sobre el Madrid-Barça y rajada de los políticos con J.

Reencuentros esperados y deseados. Caras de sueño y cansancio entre los que llevan horas ya allí. Madrugaron mucho para coger su vuelo en Barcelona. Muchas ansias y ganas. Las caras reflejan la alegría, el fin de la espera. Ya había llegado el día más esperado por todos. La hora de embarcar también. Tengo suerte y entro de los primeros, a la cola del avión con G y J. De la 32 a la 44 somos los afortunados en pisar primero el aparato. Todo el avión para nosotros. Además podemos tirar el asiento para atrás sin molestar a nadie. Tanteo del terreno. Vista por aquí, por allá... Es en realidad mi primer vuelo transoceánico. Suena muy bien. Nervios.

Un poco de música. Me doy cuenta que los cascos están casi en las últimas. Tengo que hacer equilibrios y ponerme de unas formas determinadas para poder escuchar la música sin problemas. Manipulo el cable de los cascos, lo cojo por este trozo, por este otro y más o menos parece que va tirando, funciona. Nos traen comida por fin. ¿Comida? Nada del otro mundo pero tenemos mucha hambre. Ensalada por decir algo, pasta a la napolitana con pollo y pastelito. ¿Mantequilla para el pan, para comer? A mí eso me gusta más para desayunar si eso. Coca-Cola por supuesto para acompañar el manjar, siendo generosos.

Para poder bajar lo que había comido me pongo con Resacón en Las Vegas (The Hangover, mola más el título en versión original). Tremenda y muy graciosa. Reconozco que la tendría que haber visto hace mucho tiempo pero siempre voy dejando las películas para no acabar viéndolas casi nunca. Se me conoce por no ser excesivamente cinéfilo, aunque luego las que veo las gozo mucho. Ejecuto un simulacro de dormir. Algo consigo conciliar el sueño. De hecho la noche anterior no había logrado conseguir pegar mucho ojo entre unas cosas y otras. Pongamos que unas 4 horas a lo máximo, y con el ritmo cortado por fenómenos paranormales, sueños raros y ruidos extraños en la habitación.

Me despierto y hacemos un paseíto con S y J por el pasillo. Mucha gente de pie, demasiada, que piensa..."¡¿6 horas de vuelo aún?! Ahora mientras escribo todo esto quedan unas 4 horitas.

La merienda con agua; almendras saladas y bocadillito de atún. Porque tengo hambre que sino seguramente no me lo comería en mi vida. Cuestión de ser finolis. Mal acostumbrado. O como me dicen habitualmente, demasiado delicado para pobre. Es por obra y gracia de mi paladar. Un poco más de música. Lady GaGa suena bien desde las alturas. Me canso rápido de la música. Compramos con J un Toblerone gigante. Relax, sensación de tranquilidad. Desasosiego.

Momento de escribir. Quizás sería oportuno buscar el sueño. Más que quizás. ¿Será verdad el jet lag o sólo un mito infundado? Dormir.

Tras despertarme decido ver Matrix. La primera parte, seguramente la mejor; aunque la segunda es increíble. Me gusta toda la saga pero la última me dejó algo más frío si no me juega una mala pasada la memoria. Calculo que al acabar de ver la película ya estaremos descendiendo hacia Cancún. Así es. Llegamos por fin al aeropuerto; aterrizaje raro.

La primera sensación al salir al exterior es la de una humedad extrema. Ganas de sudar como pollos a l'ast. Contrasto las diferencias entre la humedad de Barcelona y la de allí. Ni punto de comparación. Es tremendo. Nos trasladamos en bús hacia el hotel; 1h45' aproximadamente creo. Primera toma de contacto. Zumito de bienvenida, sin alcohol que yo sepa. Muy rico. Está una periodista y un cámara de Arena Mix, de A3. Nadie parece querer hablar así que salgo yo a la palestra. Muy simpática la periodista y esperando que contestara que veníamos de fiesta a desfasarnos y con la maleta llena de cajas de profilácticos. No satisfago del todo sus expectativas ya que además de venir a pasárnoslo bien y a salir de fiesta en plan puramente ocioso le digo que hemos venido para ver algunas cosas del patrimonio cultural maya. Algo así.

En recepción nos dan la tarjeta de la habitación. Muy grande y espaciosa. Dos camas para tres hombres. Nos tomamos una birra de bienvenida en el balcón. Se está de lujo. La humedad se va notando cada vez menos, nos vamos adaptando aunque tenemos una calor insoportable. Primera ducha. Los buffets ya cerrados porque son más de las 22,30h. Vamos al Snack 24h a comer y ponernos como cerdos. Literal. Antes me tomo una margarita por recomendación previa. Amarga pero refrescante, a lo sorbete. Cenando más y más cervezas. Parece que empezaremos con buen ritmo el primer día, como debiera ser.

Vamos en busca de más ambiente y aparecemos en lo que sería el Colonial. Suena música en directo muy tranquila y agradable. Bebo una cerveza más. Después me encuentro con más gente y vamos a la discoteca del hotel tras preguntar por todos lados donde poder mover el esqueleto y seguir bebiendo. Sobretodo lo segundo, creo. Cogemos el trenecito de la alegría, es un decir, y vamos a la disco. Hasta las 2, que es cuando cierra. Nos bebemos algunos chupitos de tequila, sobre todo promovidos por la insaciable S. Luego ya voy a dormir. Mañana sería un nuevo día.

5.4.10

Destino al destino


Recuerdo septiembre de 2006. La primera salida a un país extranjero coincidiendo con la Diada de Catalunya. Roma fue una ciudad que me encantó. Fueron pocos días pero me prometí a mi mismo, o dicho de otra forma, supe que algún día volvería. A la vuelta me propuse escribir una especie de crónica del viaje con todo lo visto y sobretodo las sensaciones y emociones despertadas a cada paso por la Ciudad Eterna, que reúne siglos y siglos de historia en cada uno de sus preciados rincones. Al final sólo le dediqué una entrada en este blog. El primer año de universidad y otras cosas de la rutina y la vida me mantuvieron apartado de poder plasmar la inicial idea de transformar en palabras todo lo que había experimentado.

Dos meses antes, aproximadamente, mientras descansaba por la Vall de Boí, sí que se me ocurrió escribir algo sobre ello, una mezcla de sentimientos surgidos por esos bellos páramos y de todo lo que mis sentidos eran capaces de observar, oler y tocar. Entonces ya sabía que me habían otorgado la primera opción en cuanto a carrera universitaria. De hecho, estaba originalmente tan confiado en mis posibilidades que tan sólo rellené con ADE-UPF y en segundo lugar, Economía-UPF. Sabía que podría hacer ADE allí. Ahora ya han pasado casi cuatro años desde entonces... casi toda una vida se podría decir.

Precisamente, en el ecuador de la misma, Túnez fue el destino para alguno de nosotros. Por mi parte fuimos una quincena a pasar una semana a uno de los países árabes con mayor grado de occidentalización y apertura al resto del mundo. En plan turístico sí, pero muy divertido y lleno de todo tipo de anécdotas y experiencias que aún despiertan risas y todo tipo de comentarios jocosos. Días de vino y rosas que te hacen apartar de todo. Entonces me prestó una amiga una libretita y sobre la marcha redacté una crónica del viaje, bastante seria, rigurosa y más cultural que otra cosa con un toque personal algo leve.

Luego vendría tercero, el año de los intercambios. De los primeros Erasmus. Una gran camada de mis amigos optó por los Países Bajos como destino. Una amiga en concreto lo pasó realmente mal la pobre. Su novio en Amsterdam, ella aquí. Fue hacia la capital holandesa en más de dos ocasiones, y en una de ellas yo la acompañé junto a dos amigas más. Amsterdam y Maastricht me resultaron dos ciudades totalmente distintas. Escribí algo aquí mismo, por supuesto, hará poco más de un año al volver de esas tierras. Si Amsterdam me pareció una ciudad cosmopolita y rica en conceptos, formas y parques, Maastricht parece una localidad puramente estudiantil. Su universidad, además, es muy prestigiosa, y según informaciones cercanas...apretan de lo lindo.

Ahora mismo, me encuentro, nos encontramos en cuarto. A las puertas si dios quiere de finalizar estos estudios. Y a las puertas de algo único, que esperemos sea inolvidable e irrepetible. Son cosas que pasan una vez en la vida habitualmente: el viaje de final de estudios. Riviera Maya nos espera. El Paraíso, Riviera Taja... podemos pensar en cualquier calificativo por lo que nos han explicado de años anteriores, por lo que hemos soñado y por lo que queremos vivir y experimentar allí. Pero todo se quedaría corto en vísperas. Porque suelo pensar que lo mejor está por llegar. Hasta, caprichos del destino, el Madrid-Barça lo viviremos allí el sábado.

No queda casi nada pero al mismo tiempo queda mucho por disfrutar, vivir y soñar.

De las grandes ocasiones


Los primeros 20 minutos contra el Arsenal fueron sublimes. La primera parte, pura poesía. El Barça de esos momentos es un ejemplo magnífico de belleza artística, de expresar y crear emociones de alta alcurnia a través del balón (y sin él, ejecutando de forma maestra la presión sobre el rival). Algo tan de masas como el fútbol sugiere en ocasiones así las más bonitas reacciones y los más preciosos sentimientos por parte del espectador, neutral o no.

El Arsenal salió vivo pero mañana tendrá que mejorar si quiere derrotar al actual campeón. Tengo sólamente dudas por parte del Barça por la ausencia de los dos teóricos centrales titulares . Nunca existen dos partidos iguales y como reconoció el propio Guardiola, mantener la intensidad de esos 45-60 minutos contra el Arsenal no es posible a lo largo de la temporada. La clave es por tanto llegar a alcanzar esas cotas elevadas de efectividad y preciosismo en los días decisivos.

Días como el de mañana en que presumimos una noche de gala, de Champions, cuando esperamos ver de nuevo al Barça de las grandes ocasiones. Ese Barça que nos ha hecho soñar despiertos todos estos últimos meses de nuestras vidas.

3.4.10

Sobre la distancia


Dicen que la distancia es el olvido. El olvido para el alma, tu corazón, tus sentimientos. La distancia en cuanto a lejanía como la que experimentaba en la infancia y lozana juventud: al terminar el colegio en junio, al volver del camping, al regresar del pueblo más adelante, de un viaje o unas vacaciones inolvidables, al terminar el año universitario...

La distancia es relativa. Muchas ocasiones eres incapaz de apreciar lo que tienes a tu lado, lo afortunado que eres. Y solo cuando pierdes aquello que tomabas por garantizado, realmente te das cuenta de cuánto valía todo ello. La distancia como lejanía, va acompañada de echar de menos, ese sentimiento implacable e inevitable en que tus pensamientos se funden en el alma de otra persona. Incluso a veces dos personas tienen el poder humano para echarse de menos en un mismo instante pese a estar separados por las barreras de la física. La mente tiene una capacidad asombrosa para empatizar y socializar. En el fondo echar de menos es buena señal. Es algo ineluctable producido porque las experiencias con la otra u otras personas han sido realmente satisfactorias. Al final el tiempo acaba poniendo las cosas en su lugar y te dará la oportunidad de reunir en un círculo muy cercano a aquellas personas más importantes para ti.

Sí que en algunas circunstancias existen distancias irrecuperables en la práctica del día a día: pensemos en un cambio de residencia hacia el otro lado del globo por motivos laborales, por ejemplo. Sería muy complicado ver cómo tu amigo, tu pareja, familiar muy directo... se embarca en algo así. Aún con todo y bajo un supuesto algo extremo como el anterior, la vida ofrecería nuevas vías y caminos para sobrellevarlo lo mejor posible. Si hay aprecio, estima y sobretodo, amor, todo en la vida es posible. Si fuera el final de una película romántica tendríamos en mente a ese hombre y a esa mujer que tras muchos años sin verse cualesquiera que fueran los motivos tras terminar sus estudios en la misma universidad, se reencuentran de nuevo para que de las cenizas donde hubo otrora fuego, resurja cuán ave fénix el amor. Y el happy ending al final de todo, valga la redundancia...

La vida, empujada por la inercia del tiempo, sigue y sigue para siempre. O hasta que decida parar. Si a caso no existe la inmortalidad del universo. Yo mismo como cualquiera de los que estéis al otro lado, a veces he dejado pasar el tiempo de tal forma que cuando decidí recuperarlo... ya era demasiado tarde. La dejadez es implacable en cuanto a su sino. Es algo irremediable que cuánto más se alarga más complicado es intentar volver atrás.

En mi caso afortunadamente mantengo alguna que otra relación de tiempos pasados, personas que fueron parte esencial de veranos o de años enteros, y que el paso de la vida nos ha ido colocando en lugares y caminos distintos, que aún de vez en cuando, menos de las que deberíamos (la mayoría de veces por eso, por dejadez individual), se cruzan para compartir como antaño. En cambio, otras personas con quienes las vivencias fueron más efímeras pero igual de intensas no hace tantos años, el destino volvió a separarnos. Como si de alguna forma todo aquello hubiera sido un espejismo, algo que tenía que ocurrir en casi un abrir y cerrar de ojos. Pero que no podía durar. Que llegaba la hora de volver y el mundo parecía que se acababa. Entonces, de nuevo aquí, en la distancia, al inicio intentas seguir más o menos igual, disimulando que existen como 800 km de separación. Y pasa el tiempo y anhelas menos pero aún sigues recordando. La susodicha dejadez se convierte en indolencia, y la vida sigue girando.

Quizás si las personas, por todas las partes involucradas, merecen realmente la pena (para lo que también se debe luchar, no llega por sí solo), no hay distancia ni impedimento que valga. Si la amistad y el amor, el cariño y la honestidad, son sinceros y bondadosos, alejados de la codicia del egoísmo y tu crudo solipsismo.

La distancia es inevitable, ineludible. Pero no debe ser un reflejo del olvido del alma, el corazón y los sentimientos. Debería ser una oportunidad, una ventana abierta a la esperanza de seguir cruzando destinos mútuos a cualquier precio, compartiendo experiencias y vivencias únicas y fantásticas, las cuales precisamente serían el mayor acicate para que cuando la distancia vuelva por sus fueros, se contrarrestre de la mejor forma posible. Dicho de otra forma, cuánto más intenso, vital y real es todo, más ganas se tienen de hacer frente a las dificultades que la vida nos plantea. Porque el ser humano es, al fin y al cabo, un auténtico maestro a la hora de superar como nadie las altas y sólidas barreras de la divina Naturaleza.

Esta entrada va dedicada en especial a todos aquellos que seguís, sea con la frecuencia que sea, este blog. Porque aunque precisamente estemos separados por una distancia física inevitable, cada vez que al otro lado alguno de vosotros decide emplear parte de vuestro tiempo en este espacio, la distancia es inexistente. Mis palabras llegan a vosotros y todas las partes compartimos sensaciones, sentimientos, puntos de vista... Porque es de agradecer saber que al otro lado gente como vosotros mismos dedica parte de sus preciados minutos a leer todo esto. Gracias de verdad.