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27.7.08
Del amarillo de Sastre

19.7.08
Brindemos

11.7.08
Densidad estival de noche

30.6.08
De la roja (II)...

28.6.08
De la roja (I)
21.6.08
Al llegar a los 20
14.6.08
Emotividad
8.6.08
Después de la tormenta

No estoy seguro si ha empezado ya una serie que tiene por título algo así como mira la que se avecina. Lo cierto es que los más pesimistas tienen esa frase de lema, seguro. Mañana empieza una huelga indefinida de transportistas como protesta ante la subida de los precios del gasóleo. Puede generar un efecto dominó tal que se resienta lógicamente la industria, necesitada de abastecimiento y de fuente de energía, los consumidores vía uso del transporte privado o vía escasez de alimentos en las tiendas o supermercados principalmente, etc. Es un síntoma más seguramente, un agravio añadido del ciclo económico que estamos atravesando. Técnicamente aún no estamos en crisis puesto que no encontramos crecimiento negativo del PIB durante dos trimestres consecutivos. Por otro lado se observan tendencias y posibles efectos nada halagüeños que pueden confirmar que el ciclo de contracción puede llegar a ser severo y notable. Pero dejemos la ortodoxia económica de lado, los técnicos puros y básicamente lo que nos encontramos es ante un clima de descontento generalizado por la situación económica, una sensación que captan los más sabios, el pueblo llano que madruga para levantarse a trabajar de lunes a viernes, digamos. Contracción del consumo (demanda) unido a subida de los precios de la gasolina hemos visto, aumento de los precios de la electricidad, caída de la construcción (estallido de la burbuja inmobiliaria), recortes empresariales (no se ha creado empleo en mayo por primera vez en bastante tiempo), aumento del paro, los tipos de interés por las nubes que contrae si cabe aún más la inversión (el Banco Central Europeo que preside un tal Trichet opta por estas medidas en pro de un ansiado control de la inflación)...
1.6.08
Más vidas
26.5.08
De una nueva despedida

18.5.08
Breve recuerdo de sábado

A nivel de salud, entre unas cosas y otras no he pasado por una buena racha. Lo último un mal de estómago que me ha tenido sin pisar las clases desde el miércoles y con bastantes dolores. Debe sr algo nervioso, intrínseco totalmente. Ahora ya me encuentro mejor y en ese sentido con ganas a todos los niveles de volver a hacer muchas cosas. Tengo ganas de volver a entrenar y jugar; esta semana que empezará retornaré a lo que siempre me acompañará: la pelota. Qué simples podemos llegar a ser los simios, digo los seres humanos...
He ganado alguna nueva afición como los crucigramas de El País, va a días, pero uno se entretiene algo mientras no atiende a las aburridas clases de Economía Internacional I y Teoría Económica IV. De todas formas hay que ser franco, y es que los hombres somos capaces de hacer varias cosas a la vez. Los tiempos cambian, a mejor.
Llego a un punto en el que me percato de que escribo más en primera persona, a veces en plan diario personal con ciertas anécdotas o asuntos principales de mi ser, de mi interior, que quiero contar. Escasean reflexiones políticas, económicas, digamos que mediáticas. Con todo nunca he dejado de hacer de mi vida una metáfora compatible con la vida de ahí fuera. A eso llamemósle extrapolar. Pero sé que amanecerán tales días en los que me lance a una piscina de sucesos actuales y plasme por escrito lo decepcionado que estoy con algunas cosas y gente, y lo que me horroriza el ver algunos fallos judiciales, escándalos corruptos (léase Coslada)... Impotencia la que siento cuando veo por TV esas catástrofes naturales que arrasan con todo, con miles y miles de inocentes. El poder de la naturaleza llega a ser muy devastador y siempre está ahí para demostrarlo.
Mañana será un nuevo día. Los caballos aguardan en las cuadras para al salir el sol echar a galopar por las verdes praderas. La lluvia de los últimos días ha traído un frescor merecido al ambiente, que se agradece. Por las praderas florecen amapolas esplendorosas y se extiende un olor a jazmín que recuerda a patio andaluz, a la Córdoba de mi madre.
Ayer (ya estamos a 18 considero) se cumplieron 10 años de mi primera comunión. Cómo pasa el tiempo, y cómo cambiamos. No sé si queda algo del niño de mofletes con pajarita roja y sonrisa maliciosa, pícara. Seguro que sí. Todos conservamos algo del demonio y del ángel ingenuo que llevábamos dentro así como la energía y ganas con las que nos íbamos de picos pardos aquellas míticas tardes que recordaba al inicio al volver del metro.
PD. Cuelgo el texto hoy domingo por la noche tras los problemas en la conexión de la madrugada de ayer.
11.5.08
Lluvia interior de madrugada

10.5.08
Breve relato felino

2.5.08
Del metro en plena temporalidad

25.4.08
De los colores

20.4.08
Aires de vuelta
6.4.08
Despedida en el sueño de un mediodía

28.3.08
Del destino

21.3.08
Noche de luna llena
