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21.6.08
Al llegar a los 20
14.6.08
Emotividad
8.6.08
Después de la tormenta

No estoy seguro si ha empezado ya una serie que tiene por título algo así como mira la que se avecina. Lo cierto es que los más pesimistas tienen esa frase de lema, seguro. Mañana empieza una huelga indefinida de transportistas como protesta ante la subida de los precios del gasóleo. Puede generar un efecto dominó tal que se resienta lógicamente la industria, necesitada de abastecimiento y de fuente de energía, los consumidores vía uso del transporte privado o vía escasez de alimentos en las tiendas o supermercados principalmente, etc. Es un síntoma más seguramente, un agravio añadido del ciclo económico que estamos atravesando. Técnicamente aún no estamos en crisis puesto que no encontramos crecimiento negativo del PIB durante dos trimestres consecutivos. Por otro lado se observan tendencias y posibles efectos nada halagüeños que pueden confirmar que el ciclo de contracción puede llegar a ser severo y notable. Pero dejemos la ortodoxia económica de lado, los técnicos puros y básicamente lo que nos encontramos es ante un clima de descontento generalizado por la situación económica, una sensación que captan los más sabios, el pueblo llano que madruga para levantarse a trabajar de lunes a viernes, digamos. Contracción del consumo (demanda) unido a subida de los precios de la gasolina hemos visto, aumento de los precios de la electricidad, caída de la construcción (estallido de la burbuja inmobiliaria), recortes empresariales (no se ha creado empleo en mayo por primera vez en bastante tiempo), aumento del paro, los tipos de interés por las nubes que contrae si cabe aún más la inversión (el Banco Central Europeo que preside un tal Trichet opta por estas medidas en pro de un ansiado control de la inflación)...
1.6.08
Más vidas
26.5.08
De una nueva despedida

18.5.08
Breve recuerdo de sábado

A nivel de salud, entre unas cosas y otras no he pasado por una buena racha. Lo último un mal de estómago que me ha tenido sin pisar las clases desde el miércoles y con bastantes dolores. Debe sr algo nervioso, intrínseco totalmente. Ahora ya me encuentro mejor y en ese sentido con ganas a todos los niveles de volver a hacer muchas cosas. Tengo ganas de volver a entrenar y jugar; esta semana que empezará retornaré a lo que siempre me acompañará: la pelota. Qué simples podemos llegar a ser los simios, digo los seres humanos...
He ganado alguna nueva afición como los crucigramas de El País, va a días, pero uno se entretiene algo mientras no atiende a las aburridas clases de Economía Internacional I y Teoría Económica IV. De todas formas hay que ser franco, y es que los hombres somos capaces de hacer varias cosas a la vez. Los tiempos cambian, a mejor.
Llego a un punto en el que me percato de que escribo más en primera persona, a veces en plan diario personal con ciertas anécdotas o asuntos principales de mi ser, de mi interior, que quiero contar. Escasean reflexiones políticas, económicas, digamos que mediáticas. Con todo nunca he dejado de hacer de mi vida una metáfora compatible con la vida de ahí fuera. A eso llamemósle extrapolar. Pero sé que amanecerán tales días en los que me lance a una piscina de sucesos actuales y plasme por escrito lo decepcionado que estoy con algunas cosas y gente, y lo que me horroriza el ver algunos fallos judiciales, escándalos corruptos (léase Coslada)... Impotencia la que siento cuando veo por TV esas catástrofes naturales que arrasan con todo, con miles y miles de inocentes. El poder de la naturaleza llega a ser muy devastador y siempre está ahí para demostrarlo.
Mañana será un nuevo día. Los caballos aguardan en las cuadras para al salir el sol echar a galopar por las verdes praderas. La lluvia de los últimos días ha traído un frescor merecido al ambiente, que se agradece. Por las praderas florecen amapolas esplendorosas y se extiende un olor a jazmín que recuerda a patio andaluz, a la Córdoba de mi madre.
Ayer (ya estamos a 18 considero) se cumplieron 10 años de mi primera comunión. Cómo pasa el tiempo, y cómo cambiamos. No sé si queda algo del niño de mofletes con pajarita roja y sonrisa maliciosa, pícara. Seguro que sí. Todos conservamos algo del demonio y del ángel ingenuo que llevábamos dentro así como la energía y ganas con las que nos íbamos de picos pardos aquellas míticas tardes que recordaba al inicio al volver del metro.
PD. Cuelgo el texto hoy domingo por la noche tras los problemas en la conexión de la madrugada de ayer.
11.5.08
Lluvia interior de madrugada

10.5.08
Breve relato felino

2.5.08
Del metro en plena temporalidad

25.4.08
De los colores

20.4.08
Aires de vuelta
6.4.08
Despedida en el sueño de un mediodía

28.3.08
Del destino

21.3.08
Noche de luna llena

16.3.08
Domingo revolucionario radical

10.3.08
Mujer, fuente de vida eterna

1.3.08
Fuimos, somos, seremos...

He observado unas fotos hace un rato de cuando era bien pequeño, esos mismos años en los que comenzaba a dar las primeras patadas futbolísticas en el Bosco. En clase teníamos una cantera de lujo (algunos) de aquella mítica generación del 88 que siempre fuimos y seremos: coincidí en clase esos primeros tiempos con Xavi, Rubén, Iñaki, Jaume, Tae-Yang, Oriol, entre los destacados. Ahora intento verme reflejado en los niños que entrenamos Eric y yo mismo, críos del año 1999 con mucha ilusión, ganas y una energía que encomienda. Porque la más tierna juventud es una fuente de vida brutal, una corriente pura, inocente e ingenua de vitalidad asombrosa.
Debo decir que nunca me habían gustado especialmente las criaturas, y no sé si el hecho de ser hijo único haya jugado en esa dirección, pero más bien me he mostrado siempre indiferente y alejado de lo más pequeños en estos años que ya uno tiene una edad. Sin embargo, el hecho de unir a estos niños con una de mis pasiones de siempre como el fútbol va haciendo que adquiera seguramente nuevas visiones y hasta capacidades. De todo se aprende, y a veces ciertamente cuesta, puesto que son bastante pequeños y la frontera entre entrenar a fútbol, educarlos y actuar de psicológo infantil muchas veces es muy estrecha, demasiado.
Contemplando entonces esas mismas instantáneas me había trasladado a otro tiempo, y viendo alguno de esos rostros me venían en mente recuerdos, algo de nostalgia sana. Pero no volvería a vivirlo por el hecho de que he hecho muy poco en la vida, pero lo poco que he hecho ha sido a base de bastante esfuerzo, y sería sacrificado volver a repetirlo. Recordaba los momentos esperando a entrar para comer mientras estábamos en una fila sentados en el suelo del patio de abajo, donde ahora está párvulos. Y los días que había pescado; como lo odiaba que hasta alguna que otra vez había sido capaz de guardarme la merluza en cuestión envuelta en la servilleta y bien metida en el bolsillo de la bata para tirarla luego por el lavabo. La famosa bata...
Los partidos entre clases en el patio, como nos picábamos... y eso hasta bien grandes claro. Lo cierto es que en el colegio se pasan los años más decisivos de tu formación, educación, y el entorno condiciona mucho y juega un rol esencial. Yo era aquél chico tímido de tez morena y bajito que me fui convirtiendo en no se sabe qué, pero en algo al fin y al cabo, aquél niño que lloró el primer día de clase y que acabó sacando matrícula de honor en bachillerato. No es algo de lo que me guste presumir aunque tengo una chulería innata que a veces surge de no sé dónde. La humildad que mis padres me infundaron desde bien chico es algo que debo implantar e irradiar allí donde vayan mis pasos.
Recuerdos, recuerdos...
De aquí a 8 días se celebran elecciones generales. Tengo mis preferencias, ya lo saben ustedes, así que si tenemos un futuro gobierno aireado de barbas, nación española, demagogia barata, discurso para el pueblo ignorante, intereses clasistas, tradicionalistas y católicos, centrismo de capa de derechas y una falsa imagen de libertad, pues pediría volver a ser ese niño que ciertamente fui, para desde mi inocencia e incomprensión sana y natural no tener que abrir los ojos a la realidad.
O bien pase lo que pase seguiré peleado con el mundo falso y avaricioso que me rodea y seguiré construyendo vías de libertad y esperanza, caminos y refugios para almas y corazones que deciden parar para preguntarse. ¿Quién soy? ¿Dónde voy? Para nada de pequeño yo imaginaba que iba a estar estudiando ADE por poner un ejemplo; de hecho quería ser granjero con mi primo Isaac. No hubiera imaginado que cada semana guardaría unos minutos para descansar y ponerme a escribir en esta bendita república, pero quizás todo empezó cuando mi tía que me cuidaba me compraba para hacer sopas de letras y me enseñaba revistas por las cuales yo mostraba mucho interés: ¿Y esta letra tita? - La "p". ¿Y esta otra tita? - La "g"...
23.2.08
De la resaca

17.2.08
Transeúnte solitario

Así ocurrió el miércoles tras el seminario de Estadística. Las once de la mañana y un sol primaveral saludaban sin complejos, y decidí ir a dar una vuelta sin compañía por el paseo Marítimo, recorriendo las playas a mi paso. Entonces me paraba a mirar el horizonte, tan a lo lejos y a la vez tan próximo. La distancia se empequeñecía a la vez que la brisa mediana golpeaba mi tez, no tan morena como antaño pero pulcra y en ebullición introspectiva. Mis latidos marcaban al compás de las olas; siendo el ruido del mar, ese fragor eterno, algo que siempre agradeceré.
Conmigo mismo, reflexionando, quizás demasiado. Turistas apresurados, viejos jugando al dominó con malas pulgas y rabiando como un servidor cuando pierde practicando alguna actividad deportiva, gente aprovechando la mañana para correr por la arena y el mismo paseo, deportistas haciendo ejercicios físicos, muchos transeúntes solitarios como yo, que me recordaron los Pájaros de Barro de Manolo García: Por si el tiempo me arrastra a playas desiertas, hoy rechazo la bajeza del abandono y la pena. Ni una página en blanco más. Siento el asombro de un transeúnte solitario..., miembros de unidades familiares desestructuradas que buscaban refugio en ciertos rincones de una gran ciudad, escondiéndose de su dura realidad y algunos que habían optado por desayunar con la vista al mar.
Cuando llegué al barrio de pescadores subí por comte Joan de Borbó para luego dirigirme a Marquès d'Argentera y enfilar hacia el parque de la Ciutadella. Había tenido tiempo conmigo mismo y lo que antes contemplaba era el reflejo de algunos episodios en mi vida, el horizonte temporal que marcaba el peso de las palabras, de las acciones. No quiero arrepentirme de nada y creo que a todos nos llegará nuestra hora, y que en la propia Naturaleza existe una justicia divina que acaba santificando las personas bondadosas y buenas y denostando los que hacen de la maldad y la codicia un desenfreno diario. Cambiamos. Soy el primero en asumirlo, pero el tiempo nos acaba poniendo en nuestro lugar. Quería estar conmigo mismo y por eso mis pasos me guiaron por donde fui. Tras meses repletos de contrastes aunque no sé qué rumbo está siguiendo de verdad mi camino, sé los rumbos y las direcciones que no está tomando, y que jamás quiero emprender.
Terminé recorriendo el parque de punta a punta y pasé por sitios que en otro contexto fueron especiales, quizás mágicos entonces. Ya no olían más que al recuerdo, a vivencias pasadas. Me tomé un respiro para fijarme desde la distancia en el Desconsol de Llimona, enfrente del Parlament. Salí para girar por Wellington y retornar a la universidad, aunque no tenía clases de nuevo hasta las dos y media. Llegué con la impresión de que me había servido de mucho. A veces los viajes con más compañía son los que uno hace consigo mismo.
El sol brillaba y calentaba, todo era más bello a mi alrededor y respiré hondamente con delirios de humildad, ansiando un futuro mejor y confiando en que las decisiones actuales prometieran unos rendimientos reales y prósperos a todos los plazos. Pero más que pensar en el futuro quería, quiero vivir día a día y seguir aprendiendo con todos y de todo, reírme más de mi persona que del resto y no dejando escapar la oportunidad de subirme a atracciones atractivas.
Hace un año estaba sumido en un letargo increíble, eclipsado por una lesión en el tendón de Aquiles de la pierna izquierda que puso en peligro la continuación de una de mis pasiones como el fútbol y que me dejó en el dique seco tres meses. Estaba en un invernadero sin incubar nada de ideas, alejado de todo. Un año después soy aquél con muchos de los mismos miedos, pero con más experiencia y saber hacer.
No importa que sea tarde cuando amanezcas sino despertar al fin y al cabo. Salir de la madriguera, ir a por alimento y repartir entre todos. Las palabras se las puede llevar la misma brisa que me acompañaba el miércoles, pero las ideas y las buenas intenciones ahí quedarán. Si a todo ello le añadimos algo fundamental como el ser pragmáticos, entonces la receta suena estupendamente.
El silencio ahora entona un himno nocturno y el tiempo reanuda su marcha.
Nota del autor:
Gracias a los que entráis a leer este blog. Lo agradezco mucho. Sois como he dicho siempre el motor por el que muevo toda la maquinaria pesada. Lo que también pediría es que si me escribís comentarios, aunque sean anónimos que los firméis al final o al principio, como queráis, para que pueda saber quienes sóis. La semana pasada alguien que supongo que me conoce lo hizo pero no adivino quién es.
Buenas noches
8.2.08
Viaje al alma
1.2.08
Eternidad
